Sala de Inversión. Por lo general las empresas y quienes participan en el mercado accionario toman ciertos resguardos para blindar sus intereses. Y dentro de la amplia gama de derivados, están los Credit Default Swap (CDS).

Estos son un contrato en el que un agente económico paga periódicamente (spread) a una contraparte, a cambio de un desembolso contingente que le efectuará si ocurre algún contratiempo con la deuda emitida por una entidad de referencia, durante el período establecido.

Esto suele usarse para protegerse de un posible default de una empresa o un país, pero también existe una variante que se utiliza para cubrirse de un recorte en la calificación crediticia o una posible reestructuración que realice una firma.

El spread es el importe anual que el comprador pagará (usualmente en forma trimestral) al vendedor durante la duración del contrato y se expresa como porcentaje del valor nominal del instrumento financiero en cuestión.

Si dos CDS tienen el mismo vencimiento, se considera más probable que entre en default aquel que tiene un mayor spread. Éste es tomado como una proxy muy certera del riesgo crediticio.

Estos instrumentos pueden estar vinculados tanto a un solo activo, generalmente llamado de referencia, como a una canasta de varios o a una entidad de referencia. El desembolso del dinero, en caso de cesación de pagos, se realiza según se pactó previamente entre las dos partes.

Alguna vez George Soros llamó a eliminar los CDS argumentando que tienen el potencial de destruir compañías y de poner en riesgo el sistema bancario. Esto se debe a que es un mercado que se maneja over-the-counter, está poco regulado y tiene un elevado riesgo de la contraparte porque, al igual que los forwards, no se transan en una determinada Bolsa sino que están hechos a medida de las instituciones, aunque se está analizando cambiar la metodología.

Es que son conceptualmente pólizas de seguro, aunque también cumplen con la definición de derivados financieros ya que su valor depende de otro instrumento. Por eso se los definió con el término swap (una permuta o intercambio), porque son no regulados.

Las diferencias con los seguros son que el comprador no tiene que ser dueño de la deuda a la que hace referencia, que el vendedor no necesariamente debe ser una entidad regulada ni está obligado a contar con ningún tipo de reservas para pagar.

En los EE.UU., estos contratos están sujetos a la regla de mark-to-market, lo que le otorga volatilidad adicional al estado de resultados y a la hoja de balance que no está presente en un contrato tradicional.

Los CDS permiten transferir la exposición del riesgo crediticio de un agente a otro. Sus principales compradores son los fondos de cobertura (hedge funds), los administradores de fondos, los bancos centrales, los reguladores, las calificadoras y las compañías de seguros.

Los bancos pueden usarlos para deshacerse del riesgo corporativo o soberano sin tener que transar los activos reales. Pero cualquier mercado de derivados tarde o temprano se convierte en un gran casino y esto es así porque siempre existe una de las dos partes que desea sacárselo de encima y, del otro lado, otra dispuesta a asumirlo con fines especulativos.

En caso que se produzca un incumplimiento, hay dos opciones: el comprador entrega al vendedor los bonos y éste le paga el valor entero (“liquidación física”) o le abona la pérdida del valor de los títulos (“liquidación por diferencias”).

Por ejemplo, si los CDS de un país o una empresa es de 500 puntos básicos, se deben pagar 500.000 dólares anuales sobre 10 millones de deuda para asegurarse de que suceda un posible default.

Estos productos financieros se convirtieron en instrumentos tan complejos que ni siquiera aquellos que los crearon tienen conocimiento de lo que implican y de los riesgos que presentan.

Su mayor problema es que pueden ser adquiridos por personas que no son tenedoras de la deuda a la que se está protegiendo, lo que llevó a que el monto negociado llegara a ser diez veces mayor que el de las deudas reales y superaran el valor de las acciones de la Bolsa de los EE.UU.

Debido a la especulación y a su uso como derivado, han logrado multiplicar las pérdidas que podría suponer el impago de un crédito en la economía real ya que se ha llegado al punto de emitir varias pólizas para cubrirse contra el mismo suceso.

Esto equivaldría a suscribir muchos seguros de un auto con varias aseguradoras apostando a que se lo roben. Si eso estuviera permitido, se estaría fomentando el problema del azar moral (moral hazard), en el que una persona adoptaría conductas inapropiadas sabiendo que está protegido, lo que elevaría las primas de todo el sistema y produciría fuertes ineficiencias si ocurriera algún accidente.

Por eso, el gobierno de los EE.UU. está tratando de estandarizar los CDS para que puedan ser negociados en un mercado específico (como los futuros), controlarlos y regularlos. Un tema que aún se debate para su mayor regulación es si un elevado spread es una consecuencia de este mercado o un síntoma eficiente de la salud de una entidad o de un grupo de activos.

Bear Stearns ha dado lugar a enormes ganancias de aquellos que apostaron a su caída y su venta a JPMorgan. Las dos son verdades, ya que se podría decir de las calificadoras de riesgo, pero la diferencia entre un mecanismo y el otro es que estos instrumentos suelen tomarse como un indicador adelantado cuyo precio es fijado por las partes, mucho más eficiente que el rating de una de estas agencias, que ha quedado demostrado que corren detrás de los hechos.