¿Somos felices los latinoamericanos? En algunos casos sí, en otros no tanto.

Una cosa es estar saltando de felicidad y otra sentirse feliz con cómo a uno le va en la vida. Y la gente común y corriente conoce la diferencia, dicen los autores del World Happiness Report, para explicar por qué se meten en un trabajo tan complicado como ranquear a 156 países del mundo sobre el tema. Tal vez ello explique lo paradójico de algunos resultados.

Es así como México aparece como una nación más feliz que Luxemburgo y Bélgica; Chile más que Francia y Taiwán; y El Salvador más que Japón e Italia.

Donde el tema no es muy opinable es en lo más alto y más bajo de la tabla. Arriba brillan Suiza, Islandia y Dinamarca, en tanto que abajo sufren Siria, Burundi y Togo.

El informe de 172 páginas en que se debate cómo y para qué sirve medir la felicidad de las naciones intenta mostrar cuánto influyen en la felicidad vivir en un país más o menos corrupto y las formas sociales de la generosidad. Más allá de la polémica, una cosa es segura: somos felices haciendo rankings.

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