El Observador de Uruguay. En los próximos diez años, Venezuela deberá pagar cerca de US$91.000 millones por concepto de deuda pública externa; un golpe duro para un país que cayó en default parcial en 2017, según las agencias calificadoras de riesgo. Solo en 2018, el pago deberá ser de US$8.400 millones, de los cuales US$5.500 millones son de bonos República en deuda soberana y US$2.900 millones de bonos de Pdvsa.

Las agencias calificadores señalaron a Venezuela en default fundamentalmente por el retraso en relación a las deudas en el pasado noviembre, pero ya se da como un hecho que en 2018 el gobierno directamente no podrá pagar.

Se cortó la soga. El gobierno venezolano honró sus obligaciones contractuales con el exterior incluso en sus peores momentos, como el año 2002 con el paro petrolero nacional, hasta que en 2017 se le agotaron los recursos.

"Desde hace tres años el gobierno viene tirando de la soga: liquidando activos externos netos, es decir, consumiendo las reservas internacionales y los activos del Banco Central de Venezuela (BCV). Ya no hay suficientes dólares para pagar la deuda externa en 2018", aseguró a El Observador Leonardo Buniak, economista y analista petrolero venezolano.

El experto se refiere a que el gobierno ha hecho operaciones de swap de oro, ha adquirido préstamos de China y Rusia y desarrollado otras estrategias para inyectar dólares al país. Esas medidas se adoptaron a partir de la crisis petrolera del 2014, por la caída de los precios del petróleo, para dar servicio a la deuda pública externa.

El déficit fiscal para el año 2018 estará en el orden de los US$7.000 millones, esto es 20 puntos del PIB venezolano. En este momento, el grueso de los ingresos de Venezuela (la liquidez del país) proviene casi exclusivamente de las exportaciones petroleras a EE.UU., las que han ido cayendo en el último año, mientras aumentan las tensiones políticas entre ambos gobiernos.

También Venezuela recortó de una forma vertiginosa las importaciones de productos (incluyendo alimentos y medicinas) y restringió al máximo la liquidación de divisas para el sector privado de la economía, pero esas estrategias no están resultando suficientes para pagar las deudas.

Manejo fiscal tras default. Si bien el mandatario Nicolás Maduro ha manifestado supuestos avances en la renegociación de sus deudas, no ha logrado realmente que los acreedores la acepten. "Gran parte de los acreedores son personas físicas y jurídicas bajo la jurisdicción de EE.UU. y cualquier decisión que tomen debe tener en cuenta al gobierno de Donald Trump", observó Buniak.

A su entender, el gobierno intentará separar el tema de la deuda pública de Pdvsa (la principal petrolera nacional que sostiene al país) de la deuda pública de la República. "Es posible que Maduro se acoja al principio de inmunidad soberana que establece que los Estados no pueden ser embargados", especuló.

El argumento de esta alternativa es que el gobierno tratará de honrar las obligaciones contractuales de Pdvsa para evitar el embargo de sus activos o producción, mientras se acoge a la inmunidad y trata de convencer a los acreedores de negociar la reestructuración de la deuda de la República. En ese escenario, las intenciones de pago no serían sobre los US$ 8.400 millones, sino solo la parte de la deuda de Pdvsa.

"Venezuela entrará nuevamente en default en 2018", dijo Buniak. Más allá de que el gobierno venezolano acordó la reestructuración del 2% de su deuda total con China y Rusia, esos países han dado señales que no harán más desembolsos para ayudarlo en 2018.

La deuda de Venezuela con el gobierno de Vladimir Putin asciende a US$8.000 millones. Por otra parte, cerca de 420 mil barriles de las exportaciones petroleras venezolanas se efectúan como pago a China. En este caso, la deuda es de US$28.000 millones.

De esa forma, los compromisos con Rusia y China se han convertido en un gran peso en el ala para Venezuela.

Ingresos versus gastos. El déficit fiscal para el año 2018 estará en el orden de los US$7.000 millones, esto es 20 puntos del PIB venezolano. En este momento, el grueso de los ingresos de Venezuela (la liquidez del país) proviene casi exclusivamente de las exportaciones petroleras a EE.UU., las que han ido cayendo en el último año, mientras aumentan las tensiones políticas entre ambos gobiernos. De casi 1 millón de barriles diarios, las exportaciones venezolanas a ese destino han bajado a unos 600 mil.

El gobierno de Maduro optó por la monetización del déficit fiscal a través de emisión inorgánica de dinero del BCV, es decir, dinero emitido sin respaldo, lo que hace difícil sostener el sistema económico.

Suba del petróleo no alcanza. La suba del precio del petróleo (este martes el Brent cotizaba a US$ 66,6 por barril, su mayor valor en dos años y medio), le sirvió muy poco a Venezuela. Generalmente, para todos los países del mundo, esa recuperación les ha significado ingresos adicionales, y si bien se calcula que, en el caso de Venezuela, por cada dólar que aumenta el precio del petróleo le significa US$ 500 millones de ingresos adicionales, esto no se nota porque su producción de crudo no es suficiente.

"El problema de Venezuela no es el precio del petróleo, sino sus volúmenes de producción. Si la producción de Pdvsa no hubiera caído, a los precios actuales del petróleo el gobierno hubiera podido financiar el servicio de la deuda pública de 2018", calculó Buniak. La producción petrolera venezolana estaba en 2,1 millones de barriles diarios en octubre de 2016, y en el mismo mes de 2017 bajó a 1,8 millones de barriles diarios.

El petro y sus obstáculos. El presidente Maduro ha anunciado el lanzamiento del petro, una divisa virtual, y como tal, su valor de mercado depende de que terceros la acepten como moneda de pago. En tal sentido, es difícil que el petro sea aceptado, al ser propuesto por un régimen que controla un Estado que atraviesa una de las más profundas crisis de su historia.

La iniciativa surge como alternativa para "superar el bloqueo financiero impuesto por el gobierno de EEUU", según declaró Maduro, lo que ha despertado comentarios de que es una propuesta poco realista.

"El petro aún no ha nacido y la gente ya sabe que, una vez más, se trata de una retórica política para intentar mover las expectativas de los agentes económicos de que las cosas van a marchar mejor, lo que nadie cree", concluyó Buniak.

Datos macro poco alentadores. La deuda externa venezolana está en el orden de los US$150.000 millones. El PIB ha caído 34% en los últimos cuatro años. Se calcula que el Banco Central de Venezuela (BCV) tiene menos de US$10.000 millones en reservas. La inflación al cierre de 2017 es de 2.000% y para 2018 se calcula que llegará a 7.000%, según la firma Ecoanalítica. Para poder acceder a la canasta básica alimentaria actualmente se necesitan 26,5 salarios mínimos.