-¿Qué les preocupa más del país?

-Preocupa que en el largo plazo, si Guatemala no aumenta su ritmo de crecimiento, muy difícilmente va a poder revertir el retraso que tiene en infraestructura y otras materias como salud y educación. El tema es que su producto interno bruto (PIB) es relativamente bajo comparado con otros países.

Otro aspecto que nos inquieta es la inseguridad, que en los últimos años se ha desplazado de la parte sur de México hacia Centroamérica.

Reducir la misma sigue siendo un reto importante porque la inseguridad disuade la llegada adicional de inversión extranjera, debido a que daña el clima de negocios.

-En lo que va del año, ¿se están cumpliendo las expectativas?

-Vemos un crecimiento del PIB de entre 3,4% y 3,5% que se había proyectando para este año. Si observamos los datos actualizados para abril o mayo, confirmamos una tendencia general superior al 3%. En general, observamos un buen desempeño de la economía.

-¿Cuáles son los retos?

-En materia fiscal, el reto, como lo hemos dicho año tras año, son los ingresos, pues la tasa impositiva es de las más bajas de Latinoamérica.

Esta no es una labor fácil, pues aumentar los impuestos también significa sacar recursos del sector privado para llevarlos al público, lo que también tiene un efecto inmediato o de corto plazo sobre la economía como se observa en todas las reformas fiscales.

Por ejemplo, en México la reforma fiscal aumentó la recaudación en 7%, pero a cambio la economía sufrió una desaceleración.

-¿En dónde se sitúa la calificación de riesgo país?

-Ponderando la estabilidad fiscal y macroeconómica, más un ritmo de crecimiento lento con ingresos que siguen siendo bajos, más inseguridad, la expectativa es que la calificación se mantenga estable.

No estamos viendo presiones importantes internas como podrían ser las fiscales o externas de balanza de pagos y eso nos hace ver una perspectiva estable —BB (+)—.

-¿Deben buscarse consensos para subir la recaudación?

-Debería de haber un acuerdo para llegar a una reforma. Si bien en el corto plazo este tipo de reformas tiene afectados directos, tiene que haber un acuerdo de largo plazo y con mayor visión de futuro para saber cuáles son los problemas estructurales del país y buscar que estos se reviertan ahora que aún existe estabilidad.

La polarización en el Congreso ha dificultado alcanzar acuerdos y llevar a cabo reformas importantes, sobre todo en recaudación, que es el talón de Aquiles de Guatemala.

Esperamos que en los siguientes años se mantenga dicha estabilidad, pero podría llegar el momento en que haya más presiones sobre el gasto, debido al tema del desarrollo social y de infraestructura.

Si esto no va de la mano con un desarrollo consistente, lo que va a pasar, más tarde o temprano, es que se observará mayor presión fiscal y probablemente incrementos en el endeudamiento.