Montevideo. Días pasados el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, señaló que la política fiscal es “la más política de todas la políticas económicas”.

A diferencia de otros asuntos “más técnicos” como la política de endeudamiento o la política monetaria para controlar la inflación, el gasto estatal y los impuestos ocupan un espacio importante del debate cotidiano y por ende, de las decisiones de los gobernantes.

Un informe reciente publicado por la Dirección General Impositiva, que abarca desde 1997 hasta 2009, revela que en el último año del período analizado, la presión tributaria alcanzó su valor máximo, equivalente a 31,9% del Producto Bruto Interno (PBI), impulsada en gran medida por el incremento de los aportes a la seguridad social.

Como dato novedoso, el informe incorpora a los tributos municipales y las contribuciones a la seguridad social en la consideración, además de los impuestos cobrados por ese organismo. Esos 13 años fueron acompañados de etapas de crecimiento, crisis, recesión y recuperación de la economía, aunque la participación de los ingresos del Estado en la economía se mostró una relativa estabilidad, con una tendencia de crecimiento sostenida.

En el período comprendido entre 1997 y 2009 tomaron el timón de la economía tres gobiernos diferentes: dos administraciones coloradas, las de Julio Sanguinetti y Jorge Batlle, y el primer gobierno frenteamplista, de Tabaré Vázquez.

Hasta 2004 el peso del Estado sobre el contribuyente se mantuvo por debajo de 30% del PBI local, pero desde 2005 y hasta 2009 –Reforma Tributaria mediante– la presión fiscal superó ese nivel.

En los 13 años que van entre 1997 y 2009, la presión tributaria mostró una moderada expansión –con altibajos intermedios–, hasta finalizar 3,6 puntos porcentuales más arriba entre extremos.

Entre 1997 y 2003, la proporción de las cargas públicas en el Producto Bruto Interno (PBI) exhibió una fuerte estabilidad al fluctuar entre 28,2% y 28,8%. A partir de entonces, el guarismo comenzó a subir un punto porcentual por año, en números redondos, hasta alcanzar a 31,2% en 2006.

En 2007, año que entró en vigencia la reforma tributaria, se observó una caída de casi un punto porcentual y el guarismo se mantuvo hasta 2008.
Sin embargo, al año siguiente la presión tributaria volvió a crecer, esta vez 1,6 puntos porcentuales hasta situarse en el máximo valor del período. 

Las contribuciones sociales explicaron el fuerte incremento, con una variación positiva de 1,7 puntos porcentuales que las situó en 11% del PBI, impulsadas principalmente por los aportes al Banco de Previsión Social (BPS) y la Caja de Jubilaciones Bancaria.

El fuerte aumento que mostraron las contribuciones a la seguridad social ese año se debió “al proceso creciente de formalización del empleo y las empresas”, explicó Gustavo González, coordinador de la Asesoría Económica de la DGI.

En el largo plazo, las contribuciones sociales pesaron menos en el crecimiento de la presión tributaria, al elevarse 1,2 puntos porcentuales entre 1997 y 2009. En ese período, el aumento del peso de los ingresos del BPS (0,58 punto porcentuales) crecieron menos que los aportes recibidos por las Administradoras del Fondo de Ahorro Previsional (AFAP).

Pero el mayor factor de incidencia del aumento de la presión tributaria de los últimos años fueron los impuestos, que expandieron 3,1 puntos porcentuales su participación en la economía uruguaya. La carga tributaria de la DGI representó 21,5% del PBI en 2009. Entre esos tributos, aquellos de aplicación directa fueron los que mayor incidencia mostraron en el período de estudio, con 1,9 puntos porcentuales de suba en su participación en la economía, pero aún mantienen un peso menor (8,2% del PBI). Las rentas a las empresas, en primer lugar, y a las personas fueron las fuentes cuyos aportes crecieron más.

En tanto, los gravámenes indirectos evidenciaron un aumento en la carga a los contribuyentes de 1,3 puntos porcentuales y se ubicaron en 13,2% del PBI.

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) en 2009 representó 10,2% de la actividad económica tras crecer 2,6 puntos porcentuales en 12 años, mientras que los tributos selectivos, como el Impuesto Específico Interno (Imesi) o el aplicado a la enajenación de bienes agropecuarios, contrajeron 1,3 puntos porcentuales su participación en el período, con un aporte equivalente a 2,1% del PBI a las arcas del Estado.

Por otra parte, en el lapso considerado las cargas sobre la propiedad perdieron importancia con relación a otros ingresos del sector público. En 1997, los impuestos a la propiedad representaron 3,3% del PBI de ese año, para caer luego hasta el 2,7% en el último año considerado.