El financiamiento bancario a las familias siguió creciendo durante el primer trimestre del año, pero lo hizo a su menor tasa desde mediados de 2009, cuando la crisis internacional y su efecto en la economía local afectó las expectativas de los consumidores uruguayos y redujo fuertemente su voluntad de contraer endeudamiento.

Según los datos procesados por la Unidad de Análisis Económico de El Observador a partir de información del Banco Central (BCU), el crédito vigente otorgado por las instituciones bancarias a las familias uruguayas creció a una tasa de 5,8% interanual durante el primer trimestre de este año, medida en unidades indexadas (UI).

La evaluación en moneda local permite tener una mejor perspectiva de la evolución del crédito en un sector donde mayoritariamente el endeudamiento se contrae en pesos y no en dólares, como en el caso de los préstamos a las empresas. De hecho, solo 4,5% de los créditos contraídos por las familias a través del sistema bancario se encuentra nominado en moneda extranjera y ese porcentaje ha tendido a descender durante los últimos años.

Al mismo tiempo, al evaluar la evolución del crédito en una moneda indexada, descuenta la inflación en el saldo de crédito vigente y evalúa su evolución en términos de poder de compra. De ese modo, se puede afirmar que el crecimiento actual del crédito a las familias es el más lento en términos reales desde que en el tercer trimestre de 2009, el financiamiento al sector registró una caída de 8,9%.

La desaceleración del crédito a los hogares no es un fenómeno que se inició en el primer cuarto de 2013, sino que ya acumula un año entero de desaceleración. Al cierre de 2012 el crédito crecía a una tasa de 6,9% en UI, mientras que en el primer trimestre de ese año alcanzó un pico de crecimiento de 13% interanual.

Un crecimiento importante. Aunque más lenta, la expansión actual del crédito a las familias todavía se encuentra por encima del crecimiento del salario de los uruguayos, que en los 12 meses finalizados en marzo registró un crecimiento de 3% en términos reales. Eso implica que, a pesar de que los hogares se muestran más precavidos a la hora de tomar nuevo financiamiento, todavía el crédito vigente de las familias con los bancos locales sigue reduciéndose si se mide en cantidad de salarios medios necesarios para saldarlo.

Sin embargo, el perfil del crédito concedido por los bancos a las familias ha cambiado considerablemente en los últimos tiempos. Seis años atrás, el financiamiento para la adquisición de inmuebles por parte de los bancos locales representaba solo 21,4% del crédito vigente a la familia. Con el desarrollo del sector hipotecario, tanto en la banca estatal –a través de la reestructura del Banco Hipotecario y su reingreso al mercado–, como en la banca privada, el crédito hipotecario alcanzó en los últimos 12 meses un pico de participación en el total del crédito de 41,3%.

Esto es, del equivalente a US$ 4.939 millones que los bancos mantienen en créditos vigentes a las familias, US$ 2.038 millones corresponden a créditos hipotecarios. En términos reales y medido en moneda local, ese monto se triplicó en los últimos cinco años, mientras que los préstamos al consumo –que a marzo representaban 57,8% del total de financiamiento concedido a las familias–, no llegaron a duplicarse durante el mismo período.

Cambio en la composición. Es importante señalar que en el último trimestre hubo un cambio importante en la relación entre el crédito hipotecario y el financiamiento al consumo a nivel de la banca privada.

Mientras que el financiamiento a la compra de inmuebles creció en US$243 millones, los créditos vigentes al consumo cayeron en US$ 187 millones respecto al trimestre anterior. Se trata de una variación muy significativa en términos porcentuales e implicaría que el crédito al consumo cayó 10% en términos interanuales en la banca privada, mientras que el financiamiento hipotecario aumentó 77% en UI, en términos interanuales.

La magnitud de esas variaciones exige cautela en el análisis. La variación similar en términos absolutos entre una y otra categoría podría indicar una modificación contable que si bien no afecta el saldo del crédito otorgado a las familias, distorsiona el análisis por categoría individual.