Montevideo. La estructura de la deuda uruguaya cambió. No solo los vencimientos o la moneda en la cual está nominada, sino también los inversores que la poseen. De deuda orientada al mercado externo, las obligaciones del Estado uruguayo se convirtieron paulatinamente en deuda en poder del mercado local.

Históricamente, la mayor parte de la deuda emitida por el Estado uruguayo circulaba en el mercado global: en la bolsa de Nueva York , en Europa o en Japón.

Pero la política implementada por el gobierno a partir de junio del año pasado dio un vuelco a esa situación. Las autoridades apostaron por tomar fondos desde el mercado doméstico con los bancos privados y las AFAP como sus principales demandantes.

Al cierre del primer semestre de este año, los títulos emitidos en la plaza local alcanzaron por primera vez un volumen mayor que los papeles colocados en el mercado internacional.

Durante los últimos doce meses, la deuda pública en la plaza doméstica creció 42,2% hasta los US$11.666 millones, mientras que la emisión en el mercado global aumentó 12,3%, hasta US$10.577 millones.

En menos de cuatro años, la deuda emitida en Uruguay duplicó su volumen, mientras que a las colocaciones internacionales les demoró cerca de seis años alcanzar ese nivel de expansión.

Las emisiones que explicaron el mayor protagonismo de la plaza local fueron las de notas de tesorería en unidades indexadas (UI) y las de letras de regulación monetaria en pesos.

Del crecimiento total del último año, 40% se explicó por la emisión de nuevas notas de tesorería, que pasaron de representar 16,8% del total de la deuda a 21,7%.

La emisión de esos títulos por parte del Ejecutivo buscaron sustituir al Banco Central (BCU) en la esterilización de la política cambiaria, que mediante la compra de dólares, buscaba mitigar la baja en el tipo de cambio.

Sin embargo, no solo desde el ministerio de Economía se emitió deuda, sino también se siguió haciendo –y de manera más pronunciada– desde la autoridad monetaria. Las letras de regulación pasaron de representar 19,4% del total a 21,2% del circulante, con un incremento de 38,3%.

La sustitución de deuda externa por deuda interna permitió desdolarizar las obligaciones del Estado, una de las principales vulnerabilidades que detectan los inversores internacionales y las calificadoras de riesgo en Uruguay.

Durante el año móvil finalizado en marzo, las obligaciones nominadas en dólares pasaron de representar 69,8% del total de la deuda uruguaya del sector no financiero –excluye al Banco Central– a 59,4%.

Los pasivos en moneda local –en pesos y en UI– pasaron de representar 24,3% del total a 35,7%, durante el mismo período.

De ese modo, el país redujo sus vulnerabilidades. Poseer deuda en moneda extranjera obliga al gobierno a convertir sus ingresos –obtenidos en pesos– a dólares, lo que lo obliga a depender del valor del tipo de cambio.

Una suba en el precio del billete verde obliga a las autoridades a utilizar un mayor porcentaje de sus recursos para honrar sus compromisos con los acreedores. La deuda en pesos, en cambio, permite al país estar al cubierto de variaciones bruscas en el tipo de cambio.