Más allá de los “cuellos de botella” que identificó un grupo de empresarios del sector alimentación, metalúrgico y plástico por la ausencia de técnicos no universitarios, el deterioro de los hábitos de trabajo y las dificultades para exportar sus productos, un trabajo académico advierte por la falta de capacidad que tienen estas industrias para detectar sus problemas y necesidades de innovación.

El estudio “Capacidades, Necesidades y Oportunidades de la Industria Uruguaya e Innovación (sectores alimentario, metalúrgico y plástico)” que presentarán mañana la Cámara de Industrias (CIU), la Dirección Nacional de Industrias y la Universidad de la República (Udelar) –al que accedió El Observador–, sostiene que la dedicación de recursos “a la identificación de problemas no sólo es importante para la sobrevivencia de la empresa sino que también es una fuente de desafíos como punto de partida para la innovación”.

Del total de 81 entrevistas que realizó el estudio, el 41% de las empresas dijo que soluciona los problemas cuando aparecen, en tanto, otro 16% no dio una respuesta al respecto. El 27% cuenta con métodos específicos para detectar problemas, mientras que el resto se reparte entre aquellos que los anticipan pero no mencionan un método, o los que lo hacen pero no tienen mecanismos de resolución.

La mayoría de las industrias de estos tres sectores señaló que tienes “más restricciones” en la implementación (desarrollo) de las innovaciones que en la fase de búsqueda y selección de oportunidades. La debilidad mayor que enfrentan las empresas es la resolución de sus problemas “tecno-productivos”. Esta área abarca desde la infraestructura edilicia, la reorganización de la planta, automatización de alguna fase productiva y el atraso tecnológico en general, entre otras.

Personal. La falta de mano de obra calificada es uno de los “cuellos de botella” identificados por las industrias de los alimentos, plástico y metalúrgicas. En promedio, entre 2007 y 2010 el personal ocupado por estas empresas aumentó en 54% de los casos, mientras que apenas cayó en 22%, pese al auge que registró la economía. Las empresas pequeñas fueron quienes redujeron en mayor proporción (42%) su número de empleados.

Dentro del sector plástico, se confirmó una alta proporción de empresas sin ingenieros debido a que no existen en el país cerreras universitarias en esta materia y tampoco formación técnica.

Las áreas donde los empresarios encontraron más carencias fueron mecánica, electricidad, administración, mantenimiento, electrónica, técnico en alimento y/o lechería, tornería, control de calidad, soldadura, carpintería, seguridad industrial o médica, construcción, hidráulica, dibujo entre otras.

Como consecuencia de la escasez de estos técnicos, la empresas se ven en la necesidad de tercerizar parte de sus actividades. En efecto, el 78% de las firmas entrevistas complementan sus capacidades internas con la tercerización de servicios técnicos y/o profesionales. El 81% de las empresas pequeñas tiene capacidad “muy limitada” para contar con técnicos o profesionales. En tanto, sólo 29% de las grandes empresas no tiene recursos formados para atender ingeniería y diseño industrial.

Por otro lado, otra de las debilidades son las “carencias en hábitos de trabajo”, principalmente en los operarios. La falta de constancia, responsabilidad, compromiso, interés, presentismo y condiciones mínimas de higiene son parte de las elementos que elevaron los empleadores.