Estudiar una carrera universitaria en Uruguay no solo no asegura una rentabilidad significativamente más alta que haber terminado únicamente la educación secundaria, sino tampoco una mayor inserción en el mercado de trabajo.

Esos factores tienen como correlato en la población uruguaya una pérdida de incentivos a la hora de completar estudios más allá del mínimo que asegura el ingreso al mercado laboral en condiciones de rentabilidad adecuada. De hecho, a partir de la generación nacida en 1960, los años de educación se estancan en niveles prematuros a nivel mundial.

Así lo demuestra una investigación realizada por los economistas Claudio Sapelli, profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Daniel Bukstein, de la Universidad ORT. El estudio, titulado “El estancamiento de la inversión en capital humano en Uruguay: un análisis de cohortes”, será presentado a mediados de agosto en las XXVI Jornadas anuales de Economía, organizadas por el Banco Central (BCU).

“En el estudio de la inversión en capital humano, el resultado más importante que encontramos es el estancamiento en el crecimiento del nivel educativo promedio de las cohortes más jóvenes, medido por los años de educación”, señalan los autores.

Esto es, conforme las generaciones avanzan, de más viejos a más jóvenes, no se percibe un aumento de los años de estudio, la población más joven no tiene la tendencia a adquirir una mayor formación que los más viejos. El promedio de 11 años aprobados se mantiene estable en los integrantes de cada generación, un nivel que “ni siquiera corresponde a haber completado la enseñanza secundaria”.

En el más largo plazo, sin embargo, existe una leve tendencia a una mayor educación. Desde la generación nacida en 1917 hasta los nacidos en 1980, se puede apreciar un aumento de 0,1 año de educación por cada generación. Pero esa progresión se deshace conforme se avanza en edades, a tal punto que entre las generaciones de 1974 y 1980 no existe una variación en los años de educación.

El primer factor que encuentran como determinante de este fenómeno es el vinculado a la demanda laboral. “Las oportunidades de empleo para todos los niveles educativos, pero particularmente para aquellos con educación terciaria, habrían disminuido en las cohortes nacidas más recientemente”, explican los expertos. El mercado laboral posee dificultades relativas para absorber a la mano de obra más joven. Sin embargo, la escasez de demanda es aún mayor entre los jóvenes de mayor nivel educativo.

“Esta reducción en la demanda de empleo para las generaciones más jóvenes, puede explicar el estancamiento en la inversión en capital humano”, según los expertos.

Rentabilidad. Entre los grupos de población más jóvenes, la diferencia en términos económicos entre posponer el ingreso al mercado laboral para cursar estudios terciarios y conseguir un empleo luego de terminar secundaria, no es significativa.

Según el estudio realizado por los economistas Sapelli y Bukstein, a diferencia de otros países, “los retornos para enseñanza terciaria no son superiores a los de la enseñanza media”.

La generación nacida en 1973 registró una tasa de retorno de 16% por haber terminado únicamente la educación secundaria, y una tasa de 22% por prolongar su educación y completar un título terciario. En Chile, sin embargo, el retorno de la educación media es de 17% –similar a Uruguay– pero en el caso de la formación terciaria, la tasa asciende a 47% para esa generación específica. La misma diferencia se percibe entre las distintas generaciones, con algunas excepciones puntuales.

“En términos relativos, por haber obtenido el grado universitario en Chile se obtienen retornos que duplican a los obtenidos en Uruguay”, señalan los autores. Aún así, “si miráramos los retornos a la enseñanza terciaria como números absolutos, podríamos decir que retornos superiores al 20%, como los que se obtienen en el caso de enseñanza terciaria, resultan atractivos para cualquier proyecto de inversión a menos que se esté analizando una inversión sumamente riesgosa”.

Pero existe otro incentivo perverso, según los expertos. En el caso de la educación secundaria, detectan un piso en los ingresos que asegura un mínimo retorno a los trabajadores que optan por no continuar su formación. En cambio, la dispersión de los sueldos es mayor en el caso de los universitarios, lo que hace a un mayor riesgo de cursar una carrera terciaria.