Después de 11 años de expansión ininterrumida, el mayor período en la historia del país, la economía uruguaya sigue creciendo.Sin embargo, ese camino se hace más tortuoso, en la medida en que los principales motores de la actividad comienzan a mostrar un menor dinamismo. Las perspectivas son menos auspiciosas que en los años pasados, pero los analistas todavía descartan una caída en el mediano plazo.

Desde el año 2004, la economía uruguaya creció a una tasa media anual de 5,7%. Ese ritmo de expansión más que duplica la performance histórica del país. Eso se debe, en cierta medida, a que los últimos años tuvieron una serie de características que los distinguió del Siglo pasado y los distinguirá además de los años que vendrán.

Hoy la economía uruguaya asiste a varios cambios de tendencia vinculados tanto con el mercado externo como local, que explican por qué la economía uruguaya atraviesa una etapa de transición hacia un estadio de crecimiento menos dinámico en el mediano plazo, donde las decisiones políticas que se tomen tendrán un mayor impacto en las posibilidades de sostener el crecimiento.

Motor externo

La coyuntura externa cambió. No está exento de cierta paradoja el hecho de que la economía uruguaya haya tenido su mejor racha de crecimiento en momentos en los cuales las principales economías del mundo enfrentaban su peor crisis de la historia reciente.

Mientras que las economías de EEUU y Europa se contraían, o recuperaban apenas un anémico crecimiento, la actividad en Uruguay seguía avanzando a zancadas. Eso se debe a que otros socios comerciales del país, que tenían una relevancia para Uruguay más importante incluso que las economías desarrolladas, permanecían creciendo a tasas muy altas.

Como resultado de un largo proceso de apertura, China se convirtió en el motor de los países emergentes. El pasaje de cientos de millones de chinos desde la mera subsistencia y el autocultivo a una economía de mercado, hizo disparar la demanda y los precios de los alimentos. La carne y los granos, principales productos de exportación del país, fueron beneficiados por ese salto de nivel. De la mano de China, otros países emergentes relevantes para Uruguay, como Brasil y Argentina, también lograron crecer a tasas altas y compensar con creces la crisis de los países desarrollados. De ese modo, el impulso se vio redoblado para la economía local.

Las ventas de semillas y oleaginosos –soja, en su mayoría– se multiplicaron por 14 en los últimos ocho años, medidas en dólares corrientes, mientras que las ventas de cerales aumentaron casi en cinco veces. En tanto, las colocaciones de carne en el exterior se más que duplicaron en el mismo período.

Eso se dio tanto por un aumento de las cantidades transadas como por un incremento de los precios de colocación. Entre 2005 y el año móvil finalizado en abril, el índice de volumen exportado del Banco Central muestra un crecimiento para los productos primarios de 332%, lo que implica que las cantidades vendidas se multiplicaron más que por cuatro.

Según el Índice de Precios de Commodities Relevantes de El Observador (IPCR-EO), los productos de origen primario –y de bajo nivel de industrialización– que representan la mitad de la canasta exportadora del país, más que duplicaron sus precios en el mercado internacional entre 2001 y 2012, con un incremento de 156%.

Sin embargo, de cara a los próximos años, los analistas entienden que los factores que llevaron a este fuerte impulso desde el mercado externo no operarán con la misma fuerza e incluso algunos de ellos podrían llegar a revertirse.

La caída en el precio de las materias primas ya comenzó a procesarse desde el año pasado, con una caída de 7,4% del IPCR-EO respecto al año anterior, y un retroceso adicional de 3,5% en los primeros cuatro meses de 2014.

Si al índice de precios que elabora la Unidad de Análisis Económico de El Observador se le aplican los valores proyectados por el Banco Mundial de cada una de las materias primas individuales que lo componen, muestra que el deterioro del último año se corresponde a un cambio de tendencia. Se espere que, en términos reales, los precios bajen al menos hasta 2020, pero tiendan a estabilizarse en valores cercanos a los de 2009, cuando el nivel de precios ya se consideraba muy favorable para el país. Si bien no es un escenario catastrófico, implica que los precios dejarán de actuar como motor de la economía.

Por el lado de las cantidades, el panorama no es muy distinto. Si bien China sigue creciendo a tasas auspiciosas, el resto de los emergentes enfrentan serios desafíos para la expansión económica. Con la economía estancada en tasas muy bajas de crecimiento, a la espera de medidas concretas que expandan su capacidad productiva, Brasil pelea por crecer 1% este año. En tanto, Argentina enfrenta una inicipiente recesión económica, con la dificultad adicional de una nueva cesación de pagos amenazando a la vuelta de la esquina, debido al fallo de la Corte de Nueva York a favor de los fondos de inversión con títulos sin pagar desde 2001.

Motor doméstico

El motor doméstico de la economía uruguaya tuvo también un papel protagónico en el crecimiento de los últimos años. En el año 2003, a la salida de la crisis económica más intensa de la historia del país, el país tenía una tasa de desocupación de 15,3% de la población activa y un ratio de pobreza de 39,4%.

Ese nivel de desempleo implicaba un importante contingente de uruguayos, muchos de ellos con un alto nivel de calificación y productividad, desplazados del mercado laboral. La recuperación económica llevó a que nuevos capitales ingresaran en la plaza doméstica, alentados incluso por bajas tasas de interés en el mercado externo, como respuesta de los países desarrollados para alentar la recuperación de sus economías. La combinación entre nuevos capitales y mano de obra ociosa eran la combinación perfecta para acelerar el crecimiento económico y la recuperación.

Pero no solo había más trabajadores en el mercado sino además, los uruguayos que ya contaban con un empleo asistieron a un rápido proceso de recuperación salarial. El poder de compra de los uruguayos pasó desde su menor nivel en 20 años en lo peor de la crisis, a alcanzar a comienzos de 2014 su mayor nivel desde el año 1976.

El mayor nivel de ocupación y los salarios en aumento, junto con los programas sociales impulsados por las últimas dos administraciones, consiguieron sacar de la pobreza a un promedio de 103.000 por año desde 2005.

Esto implica que casi un millón de uruguayos que carecían de ingresos para satisfacer mínimamente sus necesidades básicas, pasaron a obtener recursos suficientes para tomar decisiones de consumo postergadas durante la época de crisis. Luego de la recuperación del ingreso vino el restablecimiento de la confianza y junto con ella, el crédito se revitalizó. Los uruguayos volvían a acceder al financiamiento y a proyectarse en un escenario de capacidad adquisitiva creciente.

El volumen de bienes y servicios adquiridos por los uruguayos en los últimos ocho años registró un crecimiento de 68%, por encima del aumento de 59% de la actividad económica en su conjunto.

Sin embargo, esos motores domésticos del crecimiento ya no van a impulsar la economía con la misma fuerza. Con un desempleo en 6,6% en el trimestre móvil a mayo, es difícil pensar que la incorporación de mano de obra siga contribuyendo a expandir la actividad. En particular, teniendo en cuenta las capacidades del núcleo de la actual población desempleada, de bajo nivel educativo y escasa productividad.

Al mismo tiempo, con niveles de pobreza de 11,5% de la población, la incorporación de un mayor número de uruguayos al mercado de consumo dejará de ser un motor del mercado doméstico. El crédito, por su parte, muestra una clara tendencia a la desaceleración, reduciendo también su contribución al crecimiento del gasto de las familias.

Las perspectivas externas de un menor dinamismo de las economías emergentes, un retroceso de los precios de exportación y un incremento de las tasas de interés internacionales en el mediano plazo, reducen la fuerza del motor externo para el crecimiento uruguayo. Al mismo tiempo, los cuellos de botella que suponen las carencias de personal calificado y el déficit de infraestructura, restan fuerza al mercado interno como impulsor del crecimiento. De ahora en más, las políticas enfocadas en fortalecer la productividad y la competitividad, como la agregación de valor en las distintas cadenas productivas, serán claves para avivar el crecimiento y evitar que la desaceleración de la economía uruguaya se convierta en retroceso.