El proceso de desdolarización de la deuda pública que encaró con éxito el gobierno durante los últimos 10 años no fue acompañado por un comportamiento similar en el sector privado.

El crédito, y en especial los ahorros de los uruguayos, siguen teniendo un componente muy fuerte en moneda extranjera. En el año 1999 prácticamente no había emisión de deuda ni préstamo asumido por el Estado uruguayo en moneda local.

Del total del financiamiento adquirido por el gobierno central, 93,5% estaba nominado en moneda extranjera.

A través de una política activa de emisiones en el mercado doméstico y de reforzamiento de la imagen de la moneda uruguaya entre las instituciones locales e internacionales como refugio de valor, las autoridades lograron el hito de reducir el peso de la deuda en moneda extranjera a 49,9% del total, un mínimo a nivel histórico. A pesar de que el beneficio de una deuda en moneda local no solo aplica para el gobierno sino también para el sector privado, los números no muestran que la iniciativa oficial haya calado entre empresas y hogares.

Ni siquiera el principal impulsor de esta desdolarización de las finanzas públicas escapa a esta realidad. La declaración jurada de este año del vicepresidente Danilo Astori muestra una creciente dolarización de sus ahorros bancarios, desde 51% en 2012 a un 92% actual.

La situación del primer ministro de Economía de las administraciones frenteamplistas y una de las principales mentes detrás del plan de desdolarización de las finanzas públicas, ilustra el comportamiento del sector privado en su conjunto. A nivel del crédito bancario, la dolarización se mantuvo estancada en niveles cercanos al actual 54,2% desde 2009.Si bien desde 2004 mantenía una tendencia a la baja –desde un registro de hasta 74,8%–, los niveles actuales todavía se encuentran por encima del nivel de dolarización de 45,4% al cierre de 1999.

En el caso de los depósitos de los uruguayos, hay un comportamiento similar, aunque con algunos matices. Buena parte de los ahorros en las arcas de las instituciones locales se encuentran nominados en moneda extranjera. Del total de los depósitos al cierre de marzo, 71,5% fueron colocados en dólares.

Sin embargo, existe una tendencia de largo plazo muy lenta a la desaceleración. De hecho, a fines de 1999, los depósitos en moneda extranjera alcanzaban 80,2% del total de las colocaciones.Aun así, ese ritmo de desdolarización no se corresponde con lo que debería esperarse en una economía que tuvo un fuerte proceso de apreciación de su moneda, que penalizó con dureza las colocaciones en dólares. Habiendo instrumentos como la unidad indexada, que permitían cubrir por completo el riesgo inflacionario, los uruguayos decidieron seguir corriendo el riesgo cambiario.

El razonamiento detrás de la desdolarización de la deuda del Estado se sostiene en una idea intuitiva: si los ingresos del Estado están atados a la moneda local y las obligaciones del pago de deuda están en moneda extranjera, cualquier evento imprevisto que haga subir el tipo de cambio puede terminar obligando al gobierno a inclumplir los pagos. La historia uruguaya –y de la región– es rica en episodios en los cuales un shock externo negativo hizo disparar el precio del billete verde en la plaza local conduciendo a un enorme problema de liquidez. En definitiva, una deuda en moneda local ahorra a la administración pública el riesgo cambiario, y si bien tiene un costo más alto, constituye un potente seguro en épocas de incertidumbre.El mismo razonamiento aplica a los hogares y aquellas empresas cuya ecuación de costos e ingresos no está del todo atada al mercado internacional.

La dolarización del crédito vigente del sector privado representa un riesgo similar al que asume el gobierno cuando se financia en una moneda distinta a aquella en la cual genera sus ingresos. En el caso de los depósitos, el razonamiento es el inverso. Una caída del dólar lleva a un deterioro del poder de compra de los ahorros en moneda extranjera debido a que el gasto de los uruguayos está atado –en su mayor parte– a los vaivenes de la moneda local y no de la divisa estadounidense. Al mismo tiempo, una economía dolarizada lleva a una pérdida de capacidad de las autoridades, y en particular del Banco Central, para influir sobre las decisiones de los agentes económicos y evitar tanto un escenario recesivo como uno de sobrecalentamiento e inflación en ascenso. La dolarización es un problema, por lo tanto, que no solo afecta al sector público.