Londres. Los mercados mundiales entraron en 2018 con especulaciones de que la expansión económica global más sincronizada en una década estaba a punto de sobrecalentarse, pero desde entonces, el crecimiento ha sido decepcionante.

Si bien los titulares han estado dominados por ataques de misiles y amenazas de una guerra comercial global, se trata de una imprevista pérdida de impulso económico, particularmente en Europa, que ha asustado a los inversores que minimizaron los riesgos políticos por años y siguieron firmemente enfocados en el fuerte crecimiento económico y el aumento de las ganancias corporativas.

La reciente escalada de los precios del petróleo, que agrega inflación al panorama económico, podría ser una carga adicional sobre unos mercados que evalúan si está en marcha una desaceleración, o si el primer trimestre fue solamente un bache antes de que se reanude el auge.

“Por primera vez en 18 meses, los mercados ya no tienen el escudo protector del impulso del crecimiento”, dijo Luca Paolini, presidente de estrategia de Pictet Asset Management, quien hasta ahora considera que los datos económicos flojos son una turbulencia pasajera.

La mayoría aún cree que si bien el crecimiento ha balbuceado, en lugar de rugir, en el inicio de 2018, una poderosa expansión continúa de todos modos. También se podría culpar a los ajustes estacionales después de un largo y severo invierno del hemisferio norte, unos festivos adelantados de Pascua y el Año Nuevo Chino.

“No hay suficiente evidencia para decir que este es el comienzo o el final, pero si uno mira los fundamentos, hay un deterioro en relación al año pasado, no hay dudas de eso”.

Los grandes pronosticadores siguen ampliamente optimistas. El Fondo Monetario Internacional predice una expansión robusta de 3,9% para 2018 y el próximo año, aunque también advirtió la semana pasada sobre los riesgos de las tensiones comerciales o la disminución del impacto de los recortes de impuestos de Estados Unidos.

Los datos de esta semana mostraron que la confianza de negocios de la zona euro empeoró aún más en abril, al tiempo que las autoridades alemanas han rebajado las previsiones de crecimiento luego de que la confianza empresarial cayera a su mínimo en más de un año.

Para los datos del producto interno bruto estadounidense del primer trimestre que se conocerán el viernes, el último sondeo de Reuters anticipa una expansión de 2,2%, contra una proyección de 2,6% hecha en marzo.

Aumentando las preocupaciones de los inversores, algunas compañías han lanzado advertencias, como el fabricante de equipos pesados Caterpillar Inc., que el martes dijo que sus ganancias del primer trimestre, que superaron las previsiones, probablemente serían la marca más alta del año.

Richard Turnill, presidente de estrategia global de BlackRock, dijo a sus clientes que las acciones continuarían desempeñándose bien pero predijo retornos menores y una mayor volatilidad que en 2017, en parte debido a que hay “menos espacio para que el crecimiento exceda las expectativas”.

Razones para ser cautos. Pero, ¿dónde son evidentes las preocupaciones sobre el crecimiento, aparte de los índices de gerentes de compras alicaídos de Europa?

Quizás algo muy ilustrativo son las curvas de rendimientos de los bonos de los países occidentales, la brecha entre las tasas de interés de corto y largo plazo, que inexorablemente se han reducido todo el año - un indicador bastante confiable de creciente pesimismo.

Parte del aplanamiento de la curva se ha revertido ligeramente después del salto del precio del crudo, que incrementó los temores de inflación y elevó los retornos de largo plazo. Pero el diferencial entre los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 2 y 10 años sigue casi 30 puntos básicos debajo del máximo visto este año.

“No creo que la curva nos esté diciendo algo diferente de otros indicadores”, dijo Paolini, de Pictet. “Está diciendo que en el próximo par de años, hay motivos para ser cautos”.

Luego están los índices que estiman cuánto pesimismo u optimismo están descontados en los mercados, en base a la frecuencia con la que los datos exceden o quedan debajo de los pronósticos, y en cuánto. Quizá el más observado es el Indice de Sorpresa Económica de Citi, que se ha desplomado a territorio negativo tras marcar máximos de siete años y medio a fines de 2017.

Aparte, están las acciones. Luego de una racha histórica de 15 meses de ganancias, las acciones mundiales están un 7% debajo de sus máximos de enero.

Las acciones estadounidenses de los llamados sectores defensivos como telecomunicaciones y servicios públicos han tenido un modesto comportamiento superior a las cíclicas, como las tecnológicas, desde mediados de marzo, dijeron la semana pasada los analistas de Morgan Stanley.

De nuevo en sintonía. Pero, ¿qué pasa si los mercados están entendiendo mal?

La mayoría aún cree que si bien el crecimiento ha balbuceado, en lugar de rugir, en el inicio de 2018, una poderosa expansión continúa de todos modos. También se podría culpar a los ajustes estacionales después de un largo y severo invierno del hemisferio norte, unos festivos adelantados de Pascua y el Año Nuevo Chino.

Barclays, por ejemplo, cree que el crecimiento estadounidense perdió algo de ímpetu en el primer trimestre y recortó sus proyecciones. Pero ve una “estacionalidad residual” como un factor que también jugó un papel.

Aún por más que la Oficina de Análisis Económico del gobierno estadounidense ajustó su metodología para dar cuenta de factores estacionales, todavía pueden causar un débil crecimiento reportado en el primer trimestre de cada año y una actividad pujante más adelante, dijo Barclays.

Finalmente, algunos como Sebastian Raedler de Deutsche Bank no ven a los indicadores, niveles de mercado y pronósticos económicos como fuera de lugar. En cambio, los índices de gerentes de compras fueron excesivamente optimistas desde fines de 2017, especialmente en la zona euro, sostuvo.

“Los PMI y el crecimiento del PIB se mueven muy estrechamente juntos, pero de pronto se abrió esta brecha entre un PIB a una tasa de 2,5% y los PMI implicando un crecimiento de 4%”, dijo Raedler.

En su opinión, el crecimiento sigue firme pero el ritmo del cambio de la expansión es lo que luce menos cierto.

“Si lo que importa es la tasa de cambio, entonces eso comenzó a darse vuelta (...) y hemos visto el impacto en los mercados de acciones y bonos”, afirmó.