Beijing. Cada vez parece menos probable que China tome medidas sobre su moneda antes de la reunión que celebrarán el próximo fin de semana los líderes del Grupo de los 20, una posibilidad que amenaza con reanudar un venenoso ciclo de crecientes críticas de legisladores estadounidenses y respuestas defensivas de Beijing.

En días recientes, funcionarios chinos han repelido enérgicamente los llamados internacionales para que el país relaje su moneda altamente controlada e intentan descartar cualquier discusión al respecto cuando el presidente Hu Jintao se reúna con su homólogo estadounidense Barack Obama y líderes de otras grandes economías en la cumbre que se realizará en Toronto.

En una sesión con periodistas el viernes en Beijing sobre las posiciones de China para la próxima reunión del G-20, el vice ministro del Exterior, Cui Tiankai, dijo que el yuan "es la moneda de China y ese no es un tema que deba discutir la comunidad internacional".

La cambiante dinámica de la política monetaria de China, que hasta hace poco los economistas creían que estaba lista para un cambio, han sido impulsadas principalmente por la crisis de deuda europea.

Ante la turbulencia en los mercados financieros y la posibilidad de un menor crecimiento mundial, los líderes chinos han expresado reiteradamente su preocupación por los problemas en Europa. Su cautela bien podría significar que el período de gracia que intentó crear la administración de Obama para China pasará sin pena ni gloria.

El gobierno de China ha mantenido la tasa del yuan frente al dólar fija en alrededor de 6,83 desde mediados de 2008, cuando se agudizaba la recesión global.

Críticos extranjeros afirman que la moneda está subvalorada, lo que encarece artificialmente los bienes chinos y, en consecuencia, da a los exportadores chinos una ventaja injusta. Pero la reciente caída del euro frente al dólar significa que su valor ha subido un 15% este año en relación con la moneda de Europa, el mayor socio comercial de China.

Aún es posible que China tome alguna medida respecto al yuan cerca de la fecha de la cumbre de Toronto -y Beijing tiene un incentivo para actuar de forma imprevista para frustrar a los especuladores.

Funcionarios han dicho que con el tiempo pretenden volver a la política previa a la crisis de manejar el tipo de cambio contra una cesta de monedas, una práctica que dio como resultado un alza del 21% frente al dólar entre 2005 y mediados de 2008.

La cumbre del G-20 se convirtió en un plazo extraoficial para que China haga frente a las críticas internacionales a su política monetaria después que Timothy Geithner postergara a principio de abril la publicación de un informe del Tesoro sobre el tipo de cambio.

El plan en ese entonces, dicen funcionarios estadounidenses, era crear una ventana cuando China pudiera cambiar su política sin que pareciera que lo estaba haciendo por las presiones externas. Funcionarios estadounidenses creen que sería políticamente imposible que los líderes chinos hagan un cambio si ello hace creer que están satisfaciendo las demandas de extranjeros.