Caracas. Elorza, conocida como la “capital folclórica de Venezuela”, es una urbe ubicada en el estado suroccidental de Apure, a orillas del río Arauca, en la región llanera del país caribeño. Este lunes, como cada 19 de marzo, sus fiestas patronales fueron inauguradas con la procesión en honor a San José.

A lo largo de esta semana, lugareños y forasteros le rendirán tributo en la iglesia y en las calles, en la ciudad y sus alrededores, comiendo y bebiendo, asistiendo a conciertos de música tradicional, comprando artesanía de fabricación local, apostando en las peleas de gallos, contemplando las faenas de los coleadores de toros y las infaltables competencias de natación, canotaje y tiro con arco. El dinero no dejará de fluir pese a la gravedad de la crisis financiera nacional.

El dirigente chavista Solfredis Solórzano, alcalde del municipio Rómulo Gallegos, se las arregló para que ni la hiperinflación prevalente ni la escasez de bolívares en efectivo les aguaran la celebración a sus paisanos: días antes de las festividades se supo que el Gobierno municipal había creado una moneda paralela, bautizándola “el elorza”.

Billetes con un valor nominal de 50.000 y 100.000 elorzas podrán ser canjeados por bolívares, informó la prensa estadal. En entrevista con el medio digital runrún.es, el presidente de la Comisión de Finanzas del Parlamento venezolano, el antichavista José Guerra, denunció que, si la moción de Solórzano queda impune, su ejemplo puede dar pie a la emisión de otras monedas sin ningún tipo de respaldo.

“Eso es un delito. Nadie puede emitir monedas salvo el Banco Central de Venezuela”, agregó el diputado opositor antes de subrayar que la propia entidad propiciaba iniciativas desesperadas como la del elorza al rehusarse a imprimir “la cantidad de billetes que requiere la economía nacional”.

Hay antecedentes: en 2017, presuntamente inspirada por la idea de las “comunas socialistas” promovida por el difunto presidente Hugo Chávez (1999-2013), una asociación civil denominada Fuerza Patriótica Alexis Vive (FPAV) fundó un banco y acuñó una moneda para facilitar el trueque de productos y servicios en la Comuna El Panal 2021, ubicada en la parroquia caraqueña 23 de Enero. El nombre del banco: “BanPanal”. El de la moneda: “el panal”.

“En lo que respecta a Venezuela, mientras más monedas paralelas surjan, más se desdibujará el bolívar como moneda nacional oficial. Lo preocupante es que los asesores de Maduro parecen saber muy poco sobre políticas monetarias". Pedro Morazán.

El panal y el elorza. El propósito del colectivo chavista FPAV es similar al de Solórzano con el elorza: responder a la acelerada devaluación del bolívar y a la dificultad para conseguir billetes en Venezuela con la creación de un sistema monetario autónomo y de cobertura limitada.

En principio, el panal es aceptado en las diez hectáreas de la barriada homónima, habitada por 13.000 personas. Hasta diciembre de 2017 habían sido impresos 62.000 facsímiles, no se había determinado cuál sería el monto máximo acumulable por persona y había tres denominaciones disponibles: de 10 panales, de 5 panales y de 1 panal, entonces equivalente a 5.000 bolívares (poco más de un dólar, al cambio oficial). Sus artífices parecen tener planes de expandir este proyecto.

Según una corresponsal de la agencia de noticias EFE en Caracas, el colectivo FPAV ambiciona introducir fracciones de centavos, adquirir destrezas en la minería de criptomonedas, hacer viables las transacciones digitales en el vecindario y fomentar la implementación de este modelo monetario en los estados Lara (centroccidente), Carabobo (centro) y Sucre (oriente).

Aunque la misma fuente señala que el panal fue precedido por monedas comunales usadas en los estados Yaracuy (centro) y Trujillo (occidente), de ellas se cuenta poco en la prensa venezolana. Pero, ¿cómo han sido acogidos el panal y el elorza? El sitio web elestimulo.com asegura que el panal ha tenido dificultades para ser aceptado en el barrio 23 de Enero.

“Sus denominaciones no se ajustan a los precios en bolívares, muchos comercios no los aceptan y son pocos los artículos que se pueden comprar con ellos”, comentaba Felipe Rotjes en un reportaje publicado a finales de febrero. Hoy, un mes más tarde, el mismo medio digital advierte que el elorza es objeto de controversia en los llanos de Apure.

Eduardo Galindo, un periodista de ese estado citado por elestimulo.com, asevera que algunos comerciantes han rechazado el elorza porque “la alcaldía cobrará una comisión del 5% por la compra de estos vales”. El economista Pedro Morazán analizó de cerca este tipo de problemas cuando viajó a Argentina en 2002, “al calor del desplome del esquema monetario del expresidente Carlos Saúl Menem (1989-1999)”.

 

El patacón argentino. Un año antes, el entonces gobernador de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, había autorizado la entrada en circulación del “patacón” en esa provincia. Con esa serie de bonos de emergencia que actuaban como una suerte de moneda paralela se pretendía atenuar los efectos de la severa crisis financiera nacional.

“Todavía tengo en casa un ejemplar del patacón argentino”, dice Morazán, experto en problemas de desarrollo y pobreza del Instituto Südwind, un think tank con sede en Bonn que promueve la justicia social y ecológica desde una perspectiva económica. “La inflación aumentó tanto que el banco central perdió el control sobre el valor del peso argentino y éste dejó de cumplir su función primordial: servir como medio de pago”, explica.

“Frente a estrecheces similares, varias comunidades han optado por crear monedas paralelas para que la circulación de bienes y el intercambio de mercancía no se detenga en sus confines. Sus desventajas son que no cumplen con otras funciones importantes, como la de permitir la asunción de deudas, y que la cotización de esas monedas locales varía demasiado con cada nueva transacción; después de todo, su valor no es fijado ni por el banco central de sus respectivos países ni por el mercado financiero internacional. Además, las distintas regiones de un país no están aisladas; sus circuitos económicos están interconectados: la moneda paralela de una región relativamente rica siempre terminará imponiéndose frente a las de sus vecinos pobres”, acota Morazán. 

“De ahí que éstas sólo puedan ser soluciones coyunturales. El patacón circuló unos meses y, luego, el banco central de Argentina tomó medidas que lo hicieron innecesario”, agrega el especialista del Instituto Südwind.

“En lo que respecta a Venezuela, mientras más monedas paralelas surjan en su territorio, más se desdibujará el bolívar como moneda nacional oficial. Lo preocupante es que los asesores del régimen de Nicolás Maduro parecen saber muy poco sobre políticas monetarias y, en consecuencia, lo que logran es acentuar el caos ya existente. Ese caos podría ser controlado mediante la creación de una nueva moneda, pero al decir eso no me estoy refiriendo al petro; esa criptomoneda está condenada a morir pronto”, augura Morazán.

 

El petro. “Las criptomonedas funcionan con base en la confianza que sus usuarios depositan en ellas y, con la reputación que se han ganado sus funcionarios, el Gobierno de Maduro no despierta confianza alguna”, enfatiza el economista del Instituto Südwind.

Este lunes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que les prohíbe a sus conciudadanos y a las empresas de su país consumar transacciones con el petro, la criptomoneda que el Estado venezolano puso a la venta el pasado 20 de enero para compensar tanto la caída de sus ingresos petroleros como su dificultad para emitir deuda nueva y refinanciarse a través de las instituciones estadounidenses por las sanciones que le impuso Washington.

“El acto de invertir en el petro debe ser visto como un respaldo directo a esta dictadura”, declaró un alto representante de la Casa Blanca, aludiendo al establishment chavista en Caracas.

Por si fuera poco, la moneda de un vecino de Venezuela empieza a desplazar al bolívar en la economía de una de sus provincias fronterizas: ya en enero de 2018, el diario El Colombiano reseñaba que el peso colombiano era preferido por los habitantes de San Cristóbal, capital del estado suroccidental de Táchira, por su solidez como divisa en comparación con el bolívar.

El economista Alejandro Márquez Velázquez, de la Universidad Libre de Berlín, atribuye este y otros fenómenos llamativos a la escasez de bolívares tangibles en las calles venezolanas.

La desaparición de los billetes no sólo trae consigo la aparición de monedas paralelas como el panal y el elorza, arguye Márquez Velázquez, sino que está obligando a muchos agentes económicos a incurrir en prácticas tan inusuales como riesgosas para sus bolsillos.

“Por ejemplo, para no dejar de ganar dinero, muchos taxistas les ofrecen sus servicios a personas aun sabiendo que estas no llevan efectivo consigo; al final del viaje, los taxistas les entregan una hoja de papel donde están anotados sus datos bancarios y les piden a sus clientes que se comprometan a pagarles mediante una transferencia electrónica. Yo nunca pensé que eso fuera posible en Venezuela, donde la gente tiende a ser muy desconfiada, y con sobrada razón”, cuenta el investigador de Berlín.

Su anécdota deja entrever las dramáticas secuelas de las distorsiones de la economía venezolana.