Pese a que el control de cambios que impera en Venezuela desde 2003 sigue firme e impide el libre flujo de dólares en el país, funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro han denunciado que la fuga de capitales continúa. En los últimos diez años, los ilícitos cambiarios han superado la cifra de los US$20.000 millones, según el diputado oficialista Ricardo Sanguino, presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (Congreso). La entidad administradora de los petrodólares cambió de nombre este año: pasó de Cadivi a Cencoex y, al parecer, el problema de fondo es el fracaso de la restricción cambiaria.

Entretanto, los controles arrecian. Hay menos dólares para pagar deudas, importar comida, medicinas, para viajeros y estudiantes venezolanos en el extranjero y para el envío de remesas. Desde principios de febrero, Maduro ordenó la suspensión del envío de dinero desde Venezuela a Colombia, con la promesa de idear un sistema alterno, justo y equitativo en poco tiempo.

Desde entonces han pasado ocho meses sin operaciones cambiarias entre las dos naciones. “Esto se ha convertido en un drama social. Hay gente en Colombia que dependía de lo que salía de acá. El Gobierno dice que hubo irregularidades en las solicitudes de remesas”, le dijo a El Espectador Carlos Angulo Miret, presidente de la casa de cambio Angulo-López. Este barranquillero, asentado en Caracas desde 1977, ha sido testigo de los controles que han activado los gobiernos de turno. “Este ha sido muy particular. Los requisitos que se pedían hace once años eran básicos: cualquier persona con estadía legal en Venezuela podía mandar divisas a su país de origen: turistas, transeúntes, estudiantes, residentes y los nacionalizados”.

Ahora se fijó un envío de US$300 por persona, a un tipo de cambio subsidiado por el Estado. Podían recibir la plata los padres, hijos, hermanos, cuñados, concuñados, concubinos, esposos. El control partió de unas tasas de cambio oficial y paralela muy cercanas: de 4,30 bolívares por dólar a no más de 6 bolívares por dólar.

“El tema de las remesas comenzó a hacerse rentable para muchos cuando la brecha entre los tipos de cambio comenzó a ensancharse de tal forma que comprar dólares a 6,30 o 10 bolívares en esta nación y convertirlos a pesos colombianos era un gran negocio. Otros convertían los pesos en dólares”.

“Detectamos que muchos mandaban dinero a seis familiares y presumíamos que eso era irregular. Varios documentos parecían fraudulentos o eran producto de arreglos de, por ejemplo, concubinatos entre venezolanos y colombianos. Todo se informaba a las autoridades. No sabemos por qué los venezolanos no hicieron correctivos a tiempo”, explicó Angulo.

En la actualidad hay cuatro tipos de cambio. El de bolívares a 6,30 para importaciones de alimentos y medicinas, 11,70 para viajeros, estudiantes y remesas, 50 para sectores no prioritarios, y el llamado dólar negro, que hasta el viernes pasado era de 97 bolívares por cada divisa estadounidense. Una brecha de más de 1.200% entre la tasa más baja y ésta, la que marca la economía local.

El empresario dijo que antes de 2003 el promedio por persona de los envíos era de US$120 al mes. “La gente mandaba lo que podía: US$20, US$30, US$50 oro en polvo en mi país. El peso tenía muy poco valor y la inflación era alta”. Antes del cierre de las remesas a los colombianos, el tope de dinero por solicitante bajó de US$300 a US$166. Y sólo podrían recibirlos tres familiares directos. La merma fue de 900 a 500 dólares cada mes.

Según las cifras oficiales de la Asociación Venezolana de Casas de Cambio para 2013, 175.000 personas estaban activas en el envío de remesas al exterior. Fueron US$800 millones los que salieron. El 90% fue a Colombia y el resto a Perú, Ecuador, República Dominicana y, en menor cuantía, China.

En ocho meses de corte, funcionarios de los gobiernos del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y del venezolano se han reunido para buscar alternativas. Pero aún no se ve una solución. El excanciller de Venezuela Elías Jaua dijo que una alternativa era transferir los bolívares a pesos, “para evitar todo el círculo vicioso en el cual las remesas de dólares se cambian a bolívares en la frontera y luego sirven al contrabando, que luego convierten en dólares con los cuales fortalecen el mercado paralelo”.

Para la internacionalista Beatriz de Majo, “los colombianos tienen el mismo derecho de los nacionales de otros países a enviar sus remesas sin más dilación. Ya ha pasado el tiempo suficiente para corregir fallas e investigar los posibles ilícitos”.

De Majo explicó que “si en 2013 las exportaciones de Colombia a Venezuela representaron un ingreso de US$2.200 millones y las remesas alcanzaron casi US$600 millones, sin hacer ningún esfuerzo Colombia está recibiendo más de una cuarta parte del valor de sus exportaciones en remesas. ¿Por qué renunciar a ellas si representan un ingreso inercial?”.

Estimó que el presidente Santos “tiene otras prioridades y no está comprometido con buscar una salida viable que beneficie a miles de familias que dependen de remesas. A veces se emiten algunas declaraciones muy tímidas en temas tan álgidos como éste y como el del cierre de la frontera binacional. Creo que se están sacrificando muchas cosas por el proceso de paz que se desarrolla en Cuba, aun cuando Venezuela ya no es un actor fundamental en esas negociaciones”.

Testimonios de colombianos. Aura Bermúdez, de 34 años, nativa de Ocaña (Norte de Santander), lleva 15 años viviendo en Venezuela y le enviaba dinero a su hijo, Jason, de 16. Frente a las puertas del Consulado de Colombia en Caracas le dijo a este diario que “hace dos años mandé a mi único hijo con mi mamá y mi abuela, porque en Caracas estaba en malos pasos y me lo podían matar. Buena parte de mi sueldo iba para mi hijo, quien no estudia y a veces trabaja cargando mercancía para unos almacenes. Si no hay arreglo, creo que me regreso a Ocaña. Espero que Santos cumpla y regresen las remesas”. José Antonio Pereda, albañil de 43 años, mandaba hasta US$600 por mes, pero “ahora, sin remesas y con el dólar paralelo tan alto, no puedo hacer mucho. De vez en cuando paso algo por mercado negro”.