Seúl. El Grupo de las 20 economías líderes buscaba este jueves alcanzar un acuerdo sustancial sobre medidas que apunten a reconstruir la economía global, cuando parecía surgir una nueva crisis en Irlanda, que llevó a los diferenciales de rendimiento de sus bonos a nuevos máximos.

Pese a la confianza del presidente estadounidense, Barack Obama, en que los líderes del G-20 reunidos en Seúl acordarán medidas que apunten a un crecimiento económico global más sostenido y balanceado, arreciaban las ventas de bonos de los países más débiles de la zona euro en los mercados.

En la cumbre del G-20, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, dijo que la Unión Europea contaba con las herramientas para ayudar a Irlanda, pero no comprometió un curso de acción específico para tranquilizar a los inversionistas.

"Lo que es importante saber es que tenemos todos los instrumentos esenciales en la Unión Europea y la zona euro para actuar de ser necesario, pero no voy a hacer ninguna especulación", afirmó a periodistas.

Este foro era considerado la instancia en que los países ricos que se vieron afectados por la reciente crisis financiera global podrían diseñar un nuevo orden mundial que incluya a las potencias emergentes como India y China.

Pese a esto, se espera que el encuentro del G-20 no alcance acuerdos sustanciales, ya que los líderes globales preferirían evitar enfrentamientos con sus pares.

"El problema real es cómo coordinar nuestras políticas. No creo que se deba pedir demasiado (...) ya que este tipo de coordinación nunca se ha intentado en el pasado", dijo a Reuters el principal negociador indio en el G-20, Montek Singh Ahluwalia.

Luchando por recuperar el sentido de unidad alcanzado en plena crisis económica global hace dos años, el grupo de las 20 economías líderes espera que el encuentro alivie las tensiones sobre los tipos de cambio generadas por los desequilibrios entre los países exportadores y superavitarios y los endeudados importadores.

Pero tras bambalinas, los negociadores se enfrentaban por el lenguaje del comunicado que se publicará este viernes tras el término del encuentro. Esta versión final podría no ir mucho más allá de lo acordado por los ministros de Finanzas del grupo el mes pasado.

Uno de los principales puntos de conflicto antes del inicio de la cumbre fue la decisión de la semana pasada de la Reserva Federal estadounidense de comprar bonos del Tesoro por US$600.000 millones  para reactivar a la economía.

El ex presidente de la FED Alan Greenspan pareció poner el dedo en la llaga al señalar que con esto, Estados Unidos estaba debilitando deliberadamente al dólar.

La respuesta del secretario de Tesoro, Timothy Geithner, no se hizo esperar. "Estados Unidos nunca hará eso", dijo Geithner a CNBC en una entrevista. "Nunca buscaremos debilitar nuestra moneda como herramienta para obtener una ventaja competitiva o para hacer crecer la economía", agregó.

Sin embargo, Rusia sostuvo que estaba "especialmente preocupada por los intentos de algunos países de tomar decisiones unilaterales para debilitar sus monedas".

Tras un encuentro con el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, Obama dijo estar confiado en que los líderes apoyarían un plan para promover el crecimiento equilibrado, basado en un acuerdo alcanzado durante la cumbre del G-20 en Pittsburgh durante el 2009.

"No creo que esta sea una propuesta polémica", afirmó.

Un borrador del comunicado final obtenido por Reuters mostró que los líderes respaldarían la idea de un "marco indicativo" para la reducción de los desajustes de cuenta corriente.

Sin embargo, aún estaban indecisos en si esto estaría basado en indicadores "medibles" o en algo "cuantitativo y cualitativo".

Una idea planteada por Geithner en las últimas semanas era establecer metas numéricas para los desajustes comerciales, pero fue desechada en las negociaciones.

Según el borrador, los miembros del G-20 acordarían también "evitar las devaluaciones competitivas" de sus divisas, pero estaban debatiendo la inclusión de las palabras "subvaluación competitiva", una referencia a la visión de Estados Unidos sobre la política cambiaria china.