Lo que estos años tienen en común es que varios economistas los señalaron como posibles fechas para que la economía, que por ahora camina a tropezones rumbo a la recuperación, diera lugar a un mercado más robusto con una tasa de desempleo que, aunque no en niveles tan bajos como los anteriores a la recesión, fuera sustancialmente inferior a la franja del 9% o poco más de lo que EE.UU. registra actualmente.

Pero lo que esas fechas también tienen en común es que esto no tendrá lugar en un futuro inmediato. La atmósfera de incertidumbre, según los especialistas, tiene posible consecuencias a largo plazo para empleadores y empleados, en la medida en que ambos intentan ajustarse a la "nueva normalidad". Para los empleadores, que evitan contratar a causa de las incógnitas tributarias, de la demanda del consumidor y de los costes en salud, esto significa perder una posible generación de trabajadores preparados que, si no fuera por todo eso, serían contratados. De ese modo, un número elevado de trabajadores entra a formar parte de la lista del paro durante meses o años bajo la amenaza de quedarse desempleado de forma permanente, porque no tendrán las habilidades necesarias para su contratación cuando el mercado vuelva a contratar.

"Cuando Europa pasó por dos grandes recesiones, en los años 70 y 80, aquellos que habían perdido el empleo estaban un año o más desempleados. Los periodos prolongados de desempleo llevaban a las personas a perder la esperanza y la conexión con el mercado de trabajo. Con el regreso del crecimiento, esas personas no estaban preparadas para retomar sus funciones, por eso acababan quedándose fuera del ciclo de recuperación de la economía", explica Justin Wolfers, profesor de Política empresarial y Pública de Wharton. "Ése nunca fue el problema en EE.UU., porque aquí los periodos de desempleo siempre han sido cortos. Nadie estaba desempleado más de tres meses cuando era despedido. El problema ahora es que más de la mitad de los desempleados están sin colocación desde hace seis meses o más".

Las esperanzas de una recuperación económica acelerada en EE.UU, recibieron un duro revés recientemente con la divulgación de que la economía americana había creado sólo 39.000 empleos en noviembre. La tasa de desempleo dio un ligero salto llegando a un 9,8% (se esperaba que permaneciera estable en 9,6% gracias a la creación de 150.000 nuevos empleos). El hecho es que buena parte de lo que se dice sobre la perspectiva de empleo en el país gira en torno a cifras: ¿cómo va a bajar la tasa y, si bajase, en qué nivel se situará?
Es normal que haya un cierto porcentaje de desempleo a medida que los trabajadores cambian el rumbo de su vida profesional. En un momento dado, diversos factores se combinan y tienen como resultado una tasa de "pleno empleo". Para ello concurren cambios demográficos, en la industria y por parte del gobierno. "La Fed tiene lo que se llama una doble función, que le hace responsable de la estabilidad de los precios [...] y de mantener la economía en régimen de pleno empleo o de maximización del empleo tanto como sea posible", observa Mark Thoma, profesor de Economía de la Universidad de Oregón. "Para eso, es preciso elevar las tasas de interés o bajarlas, pero es necesario tener alguna idea de lo que es pleno empleo".

Thoma dice, por ejemplo, que parte de los problemas inflacionarios de los años 70 tuvieron lugar cuando la Fed estableció como meta el "pleno empleo" sin tomar en cuenta el movimiento natural de la empleabilidad desencadenada por los baby boomers y por muchas otras personas que entraban por primera vez en el mercado. "Creo que la tasa de desempleo será, de forma natural, más elevada durante algunos años. Si la Fed comete el mismo error, eso podrá generar un riesgo de inflación en cualquier momento. Pero creo que aprendieron bastante con la experiencia de los años 70 y es poco probable que cometan el mismo error de nuevo. Lo que me preocupa de verdad es la otra cara de la moneda: la posibilidad de que no fijen una meta lo suficientemente baja".

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¿Desempleo friccional, estructural o cíclico?. Además del desempleo natural o friccional, la tasa de desempleo es regida también por la naturaleza cíclica de los periodos de altas y bajas en la economía y por cambios estructurales que tienen lugar cuando grupos de trabajadores o determinados conjuntos de habilidades se vuelven obsoletos debido a cambios tecnológicos o a la evolución de industrias específicas. Aunque la mayoría de los economistas crea que el nivel actual de desempleo esté siendo alimentado por la repercusión continua de los efectos de la recesión, hay también quien cree que se trata de fuerzas estructurales en acción, entre ellas el alejamiento continuo de una economía basada en la fabricación junto con el estallido de las burbujas del sector de la vivienda y de la industria de servicios financieros.

De acuerdo con la última previsión de la Asociación Nacional de Economía de Negocios (NABE), entidad de los profesionales de economía, habrá avances modestos inferiores a 150.000 nuevos empleos mensuales hasta el final del último semestre de 2011. Sumados a la tasa de desempleo del 9,2% prevista para finales de año, la perspectiva es que "el mercado de trabajo tenga la recuperación más insignificante registrada en un periodo post-recesión", señala el informe. La información del documento se basa en la opinión de 51 economistas, que también disminuyeron sus estimaciones de tasa natural de desempleo de largo plazo hasta un 5,8%, medio punto porcentual por encima del valor de 2007. "Parece haber tres factores principales contrarios a la recuperación más rápida de la economía", observa Lynn Reaser, ex-presidente de NABE y economista jefe de la Universidad Nazarena Point Loma, de San Diego. "En primer lugar, las empresas consiguieron aumentar su productividad con la fuerza de trabajo de que disponían. En segundo lugar, la recuperación ha sido accidentada, inestable y volátil [...] y no existe aún la certeza de que se trate de una recuperación sostenible, tampoco se sabe cuál sería su fuerza. En tercer lugar, parece no haber mucha seguridad en relación a las políticas adoptadas por el Gobierno: las empresas no saben cómo quedará la cuestión fiscal, de cuánto será el aumento del coste de la salud y en qué tipo de costes tendrán que incurrir".

Thoma, de la Universidad de Oregón, dice que el Gobierno podría intentar suavizar los desafíos del desempleo estructural concediendo incentivos a las empresas que se dispusieran a hacer contrataciones en áreas que necesiten trabajadores capaces, pero ociosos, o creando programas que ayuden al trabajador a mudarse a regiones donde haya empleo. Él subraya, sin embargo, que es difícil convencer a las empresas o los trabajadores de que tomen esa decisión si no hubiera una experiencia anterior de éxito. "Pasamos por eso aquí, en Oregón, con el fin de la industria maderera. Durante mucho tiempo, las personas de las pequeñas ciudades que sobrevivían gracias a la industria de la madera rechazaron trasladarse a otro lugar, y aunque muchas hayan encontrado un medio de sobrevivir, otras acabaron situándose al margen de la fuerza de trabajo. Fue necesario una generación para que las cosas cambiaran o para que los padres dijeran a los hijos que no había trabajo en la ciudad, que ellos tendrían que hacer otra cosa", dijo Thoma. "Las ejecuciones de hipotecas y los problemas del sector inmobiliario contribuyen a la falta de movilidad. El Gobierno podría hacer alguna cosa para ayudar, quien sabe si conceder créditos fiscales a las empresas para intentar reubicarlas, pero no se puede impedir que reaccionen con escepticismo".

Mudarse a donde haya empleo, o estén los trabajadores puede redundar en un ejercicio de futilidad, dice Wolfers, ya que los desafíos actuales de la economía van más allá de una simple atención a la demanda. "Si el problema se debiera a la existencia de sectores realmente calientes y otros fríos, y si muchos empleadores de los sectores calientes estuvieran contratando [...] habría trabajadores recibiendo toneladas de ofertas de empleo", dice él. "La recesión actual ha sido inusitada, inclusive en ese sentido, porque no hay sectores calientes. El desempleo aumentó en prácticamente todas las ocupaciones y en casi todas las industrias".

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De acuerdo con Wolfers, ese mercado de trabajo anémico es consecuencia, en gran medida, de una demanda agregada escasa: el consumidor no está comprando, por lo tanto las empresas no están produciendo. "Las personas sólo van a producir más cosas si pueden vender más", dice. "La manera tradicional de estimular ese comportamiento consiste en reducir las tasas de interés a cero. Una alternativa o complemento a eso consistiría en que el Gobierno comprara cosas simplemente porque eso crea más demanda añadida".
Pero las tasas de interés ya están en el nivel más bajo al que podrían llegar, añade Wolfers, y el éxito alcanzado en el transcurso de eso fue, a lo sumo, el aumento modesto del deseo de productos americanos en otros países, que es otra forma de aumentar la demanda agregada. El gobierno Obama intentó hacer funcionar la economía por medio de un estímulo federal de US$ 800.000 millones aprobado en 2009. En octubre, un informe de la Reserva Federal de San Francisco constató que el gasto estimulado creó, o salvó, cerca de dos millones de empleos a principios de 2010. Pero la mayor parte de esos empleos tuvo una vida corta; de acuerdo con el informe, el impacto del estímulo sobre el empleo había caído hasta cero a finales de agosto.

El alcance de otras acciones del Gobierno fue puesto en duda por las conquistas obtenidas por los republicanos en las elecciones a mitad de mandato. El apoyo de ambos partidos a otro paquete de estímulo es poco probable. El presidente Obama llego a un acuerdo con los líderes republicanos y acordó ampliar los recortes de impuestos de la era Bush para los estratos de renta más elevada y también para la clase media. El paquete, sin embargo, que también ampliaba los beneficios del seguro de desempleo y recortaba impuestos de la Seguridad Social, fue incierto durante un periodo de tiempo. Los demócratas protestaban diciendo que era demasiado generoso con los ricos. "La recesión era mayor que el estímulo", observa Matthew Bidwell, profesor de Gestión de Wharton. "El estímulo era grande, pero la recesión también lo era [...] Todas las evidencias muestran que ese tipo de recesión, en que hay crisis financiera y estallido de burbujas, tarda más en pasar, porque es necesario un cierto tiempo para que las personas paguen sus deudas y comiencen a gastar de nuevo".
A medida que la economía va ganando velocidad, la generación de nuevos empleos puede ocurrir en otros lugares, y no sólo en EE.UU. De acuerdo con el presidente de NABE, Richard L.

Wobbekind, rector asociado de la Escuela de Negocios Leeds de la Universidad de Colorado, muchas empresas de tamaño grande y medio que quieren crecer están explorando el potencial de economías emergentes, como India y China. "Las grandes multinacionales de EE.UU, están creciendo a través de la contratación de personas en otras partes del mundo. En los años 50, 60 y hasta los años 80, las empresas contrataban en EE.UU.", dice él. "Por eso resulta muy difícil comparar la recesión actual con las del pasado y, francamente, convierte a la recuperación actual en un desafío extremadamente difícil. Las personas quieren que yo diga exactamente donde va a haber empleo. No tengo respuesta a esa pregunta".

Faltan gerentes y sobra quienes apaguen incendios. Mientras tanto, incluso las empresas con dinero para gastar están dirigiendo sus fondos a costes únicos, típicos, por ejemplo, del segmento de infraestructuras. "Contratar un trabajador es una gran inversión de capital", dice Shearer, de NABE. "No es una inversión de seis meses, por eso los recortes temporales de impuestos no son particularmente eficaces. Las empresas encaran la contratación de un trabajador como una inversión a largo plazo: usted tiene que entrenarlo e integrarlo a su fuerza de trabajo. Se trata, por lo tanto, de un coste sustancial".
Como solución a corto plazo, las empresas pueden optar por la contratación a tiempo parcial o subcontratación de trabajadores que, en vista de la incertidumbre de la economía, "permita a los empleadores aumentar la producción sin correr el riesgo de atarse a una persona demasiado cara en caso de que la demanda disminuya", dice Bidwell. Una fuerza de trabajo estática puede tener algunas ventajas para el empleador, añade el profesor, porque la rotación es cara. Aunque puede suceder que una empresa se quede con una parte de gente insatisfecha, que en otra situación se habría ido aunque, también puede contar con alguien muy competente que, en otras circunstancias, se habría visto atraído por otra compañía.


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Con el tiempo, sin embargo, la falta de inyección regular de sangre tiene un precio. "Si la empresa no contrata gente nueva un determinado año, se considera que cuatro años después no habrá gente que pueda ocupar el escalafón superior", observa Bidwell. "La empresa descubre entonces que hay grandes lagunas en su personal. Eso es algo que toda compañía tiene que gestionar. Quien cometió el error de vetar toda contratación podrá descubrir, tres años después, que faltan profesionales imprescindibles en la gerencia".
Los empleadores pueden darse al lujo de imponer muchas exigencias a la hora de contratar en un mercado en que poca gente está contratando. El trabajador que se siente simplemente agradecido por tener un empleo en general no le importa asumir otras responsabilidades, o hacer horas extras. Existe, sin embargo, el riesgo de que las empresas "no perciban cuánto están estresadas las personas", dice Dana Kaminstein, coach de ejecutivos e investigadora del centro de Educación Ejecutiva de Wharton. "Hay, probablemente, mucho trabajo que no se está haciendo. Tal vez sea trabajo a largo plazo, que no va a aparecer inmediatamente, pero que comenzará a notarse en uno o dos años cuando algo deje de funcionar o cuando no haya tiempo para pensar o formular estrategias sobre lo que necesita suceder después, porque las personas están muy ocupadas apagando incendios [...] sólo para conseguir llegar al final del día".

Para los especialistas, los trabajadores sin empleo ciertamente estarán en una situación más difícil los próximos años. Muchos tendrán que pasar por un nuevo entrenamiento o hacer un curso universitario para conseguir empleo. De acuerdo con las últimas cifras del Departamento de Trabajo, el número de desempleados hace 27 semanas o más representa el 41,9%, o 6,3 millones de un total de 15,1 millones de desempleados en EE.UU. Nuevos datos del Departamento de Trabajo divulgados por The New York Times muestran que las personas desempleadas menos de cinco semanas tenían tres veces más oportunidades de encontrar empleo al mes siguiente que quien estaba desempleado desde hace más de un año.

Algunos economistas, entre ellos Reaser, de NABE, dicen que las múltiples ampliaciones de los beneficios concedidos a los desempleados acabaron exacerbando los efectos negativos del desempleo sobre los trabajadores. La ampliación de los beneficios comienza a expirar este mes, a no ser que el Congreso tome alguna medida. Reaser dice que despertarse e ir al trabajo cada día introduce un cierto grado de disciplina en la persona que se pierde, junto con sus habilidades, si se queda sin empleo durante un periodo muy largo de tiempo. "Es verdad que si los beneficios no se extendieran de nuevo mucha gente se vería perjudicada financieramente; al mismo tiempo, sin embargo, funcionaría como un estímulo a las personas para que aceptaran posiciones de salario menor que les están ofreciendo", dice ella. "Trabajar ayuda, porque permite a las personas recuperar la disciplina de trabajo y conservar la experiencia obtenida. Como mucha gente perdió el empleo, eso ha dejado de ser un estigma. Pero se vuelve un problema cuando la persona se ve obligada a poner en el currículo que no trabaja desde hace dos años".

Wolfers, que fue uno de los 33 economistas que suscribieron una carta en nombre del Instituto de Política Económica dirigida al presidente Obama y a los líderes del Congreso pidiéndoles que extiendan urgentemente los beneficios del desempleo, dice que los subsidios salariales son una de las formas de mantener al trabajador desempleado en contacto con el mercado. No es necesario crear incentivos para que los trabajadores busquen entrenamiento adicional, dice él, porque "el desempleo ya es un incentivo enorme para hacerlo".
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Las empresas tal vez crean que el desempleado que vuelve a la fuerza de trabajo, inclusive aquellos que continuaron empleados durante la crisis, tendrá una perspectiva diferente de la que tenía en el pasado, observa Stewart D. Friedman, profesor de Gestión de Wharton. Sin embargo, en un mercado en que hay poco empleo, "aumenta la presión sobre el empleado para que él perciba la necesidad de ser más emprendedor y cambie su manera de pensar sobre la empleabilidad, llevándolo a sentirse menos unido a una determinada empresa. Aumenta el interés por el desarrollo de las habilidades y por la ampliación del network, haciendo que el individuo amplíe su capital social debido a la inseguridad en relación al empleo".

El clima de incertidumbre hará que el trabajador se muestre constantemente atento al mercado de trabajo. En suma, él siempre estará buscando una nueva posición, aunque no esté dispuesto a cambiar, porque la próxima ronda de despidos puede estar a la vuelta de la esquina. "Las personas ya no tienen el mismo sentimiento de lealtad en relación a una empresa específica como en el pasado", dice Friedman. "Son muy pocos los estudiantes de las escuelas de negocios, por ejemplo, que piensan en pasar la vida en una misma empresa. Eso ya no existe, al menos que la empresa sea suya. Hay un interés mucho mayor hoy en comenzar algo que usted pueda controlar después".