Montevideo. Los precios al consumo suben a su mayor ritmo interanual en casi 10 años. Así lo dejó en claro el relevamiento de precios al consumo realizado en febrero por el Instituto Nacional de Estadística, que muestra que la canasta de consumo promedio de los hogares uruguayos se encareció 9,82% en los últimos 12 meses.

Un conjunto de factores coyunturales y otros de naturaleza más permanente explican por qué el costo de vida aceleró su incremento en los primeros meses del año, peligrando volver a los dos dígitos:

1) Productos de huerta: Los excesos de lluvias durante los primeros dos meses del año llevaron a una fuerte suba en el precio de los productos de huerta. Si bien no tienen un peso muy marcado en la canasta de consumo, la magnitud del aumento –las hortalizas subieron 26,2% desde enero– amplifica el impacto. Ese efecto se verá diluido una vez que la importación de productos y el restablecimiento de las condiciones productivas lleven a una normalización de los precios al público.

2) Un dólar más alto: La suba del dólar en los últimos meses afecta los precios de los productos importados y de aquellos que si bien se producen en el país, compiten y toman sus precios en el exterior. En los 12 meses a febrero, el dólar subió 17% y eso llevó a que los bienes y servicios transables –que se comercializan con el exterior– pasaran de aumentar su precio a una tasa interanual de 4,2% en julio del año pasado a 8,4% este año.

Todos estos aspectos constituyen un piso para la inflación, sobre el cual un agravamiento de los factores externos y un escenario negativo desde el punto de vista climático dispara intensamente los precios volátiles.

3) Ajustes de tarifas: Los ajustes tarifarios de los primeros dos meses del año también contribuyeron a acelerar la inflación. Suba en el precio de los combustibles, en la tarifa de UTE y OSE, entre otros aumentos administrados, llevaron a que los servicios públicos pasaran de cumplir un papel amortiguador en el alza de precios, a contribuir a acelerarla. Un déficit fiscal elevado, del orden de 2,1% del PIB, llevó al gobierno a inclinarse por recomponer las finanzas públicas antes que moderar la inflación por el lado de las tarifas. Todavía queda por ver el efecto que tendrán la suba en el precio del boleto, el aumento de la leche en el registro de marzo.

4) Ajustes salariales: Los ajustes salariales también juegan un papel importante. Si bien, el salario real de los trabajadores uruguayos desaceleró fuertemente su crecimiento en los últimos meses, reduciendo las presiones de demanda sobre el nivel de precios, la dinámica de los ajustes pegó con fuerza en los primeros meses del año. En particular, algunos sectores pasaron de ajustar semestralmente sus salarios a un ajuste anual, empujando a las empresas a un mayor traslado a precios del aumento de costos. En algunos casos, como en el servicio doméstico, el impacto sobre la canasta de consumo es inmediato. Mientras que durante los dos primeros meses de 2013 el servicio doméstico se encareció 3%, este año la suba fue de 10,6%. Si bien el efecto sobre la inflación de ese desfasaje se verá diluido en la segunda mitad del año, cuando se compare un 2014 con ajuste anual, con un 2013 con dos ajustes semestrales, tendrá un efecto significativo en la primera mitad del año.

5) Factores estructurales: Una cuestión es analizar los factores que explican el salto de la inflación, de niveles cercanos a 9% a casi 10%. Otra muy distinta es explicar por qué la inflación estaba de por sí en esos niveles elevados y muy por encima del rango objetivo que empezará a regir en julio, de entre 3% y 7%. De hecho, 5,5 puntos porcentuales de la inflación de 9,8% se deben a presiones domésticas, producto de un incremento salarial en sectores no transables, por encima de la productividad del trabajo, alimentadas por un mercado laboral en niveles cercanos al pleno empleo y una serie de imperfecciones en el mercado local que facilitan el traslado a precios de un aumento de costos, pero permiten a los empresarios no ser tan diligentes cuando ese aumento se modera.

Todo esto constituye un piso para la inflación sobre el cual un agravamiento de los factores externos y un escenario negativo desde el punto de vista climático, que dispare los precios volátiles, hace que fácilmente la inflación alcance los niveles actuales.

Al mismo tiempo, en un escenario en el cual las expectativas de los agentes calificados no convergen al rango objetivo de las autoridades sino que muestran un panorama de largo plazo con una inflación superior a 8%, los formadores de precios no tienen incentivos para moderar los aumentos.