Brasilia.  El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo este miércoles que hará lo que sea necesario para asegurar una transición tranquila para su sucesora y también para impedir que la moneda local, el real, se valorice demasiado.

Dilma Rousseff, ex jefa de gabinete de Lula, fue elegida el domingo por una amplia mayoría en la segunda vuelta presidencial y comenzará su mandato el 1 de enero.

Acompañado por Rousseff, Lula afirmó que asistirá a la reunión de los jefes de Estado de las 20 principales economías en Corea del Sur la próxima semana, listo "para pelear" en medio de una guerra cambiaria entre China y Estados Unidos.

"Nos aseguraremos de tomar todas las medidas necesarias para no permitir que nuestra moneda se aprecie de más", afirmó.

El real se cotiza cerca de sus niveles máximos en dos años, renovando las demandas de exportadores que piden nuevas acciones del Gobierno.

Rousseff, quien viajará con Lula a la reunión del G-20, hizo eco de esas palabras y llamó a los países a trabajar juntos para prevenir que aumente la disputa cambiaria.

"En una situación como ésta, las soluciones individuales no funcionan", manifestó Rousseff.

Lula dejó claro que usará los dos meses que le quedan de mandato para allanar el camino a su sucesora, quien nunca antes ha ocupado un cargo de elección popular.

El mandatario afirmó que tomará una decisión ante un contrato por la compra de aviones de combate de entre US$4.000 y 6.000 millones y sobre la nominación de un juez de la Corte Suprema la próxima semana.

Medidas presupuestarias. Los gastos preelectorales presionaron las cuentas públicas este año,  y medios locales informaron este martes que Lula está preparando medidas de austeridad que apuntan a asegurar un comienzo más tranquilo para Rousseff, incluyendo un aumento menor de salarios para funcionarios públicos y recortes presupuestarios.

Pero Lula descartó planes sobre medidas impopulares antes del fin de su mandato el 31 de diciembre, lo que sugiere que cualquier medida fiscal en las próximas semanas podría ser gradual y no austera.

"No hay medidas impopulares hacia adelante. No hay necesidad de ellas y ni Dilma ni yo queremos que eso suceda", manifestó.

Luego de reiterar su compromiso con políticas de mercado en los últimos días, Rousseff pareció actuar más para complacer a los simpatizantes tradicionales de su partido, refiriéndose a movimientos sindicales y campesinos.

La presidenta electa dijo que hay bastante tierra como para continuar distribuyéndola a campesinos pobres y que estaba estudiando formas de elevar los salarios mínimos el próximo año.

"Estamos evaluando (...) si es posible realizar ese ajuste", dijo Rousseff a la prensa después de que Lula abandonó una improvisada conferencia de prensa para darle el lugar central.

El mandatario también dijo que sólo Rousseff decidirá quién estará en su Gobierno, en un esfuerzo por bajar el perfil a expectativas de que él juegue un rol central en el Gobierno de su protegida política.

Rousseff designó a un equipo de transición, pero se tomará unos días de descanso hasta el lunes, tras una larga campaña electoral.

La funcionaria pública de carrera negó informes de medios respecto a que su socio de coalición, el centrista Partido del Movimiento Democrático brasileño (PMDB), esté molesto por haber sido excluido del equipo de transición.

"Ellos están participando en la transición como lo hicieron en la campaña", afirmó la presidenta electa, quien tratará de impedir una lucha de poder entre aliados durante la formación de su gabinete.