Pekín. La lucha contra la inflación es una prioridad para China y el gobierno debe prevenir las amenazas a la estabilidad social que surgen por el rápido aumento de los precios y la presión por elevar el valor del yuan, dijo este domingo el primer ministro Wen Jiabao.

Los comentarios de Wen de cara a una sesión parlamentaria de China el 5 de marzo mostraron la sensibilidad entre los líderes del Partido Comunista ante la reacción pública por el aumento en el precio de las viviendas y los alimentos.

Aquella susceptibilidad fue agudizada por el nerviosismo ante la caída de algunos gobernantes autoritarios en Medio Oriente.

En declaraciones a un foro online, Wen se mantuvo alejado de la crisis en Medio Oriente, e insistió en que su verdadero temor está basado en las presiones económicas, especialmente la preocupación por la inflación, el desempleo y la corrupción.

"Los rápidos aumentos de los precios han afectado al público e incluso a la estabilidad social", dijo Wen. "El partido y el gobierno siempre han tenido como prioridad mantener los precios a un nivel generalmente estable", añadió.

Wen agregó que China tiene "abundantes" reservas de divisas extranjeras para mantener bajo control la inflación, pero no dijo cuánto de esas reservas usaría el gobierno para ese fin.

El primer ministro indicó que mantener la estabilidad social era crucial para la política monetaria del país y que era necesario contar con un enfoque cauteloso para incrementar el valor del yuan.

China ajustaría su política monetaria "de una forma gradual y prudente, paso a paso, a fin de que nuestros negocios se puedan adaptar y se mantenga en general la estabilidad social", aseveró.

Foco en consumo doméstico. Los empleos de millones de inmigrantes rurales están en juego, dijo Wen, rechazado las críticas de otros países, en especial de Estados Unidos, que han instado a Pekín a elevar de forma más acelerada el valor de su moneda para hacer que sus exportaciones sean más costosas.

"Si el yuan tuviera una apreciación importante, eso generaría muchos cierres de empresas y haría que muchas exportaciones cambiaran a otros países, y muchos de nuestros trabajadores perderían sus empleos", señaló.

China tiene alrededor de 242 millones de residentes rurales y cerca de 153 millones son inmigrantes que trabajan fuera de sus ciudades natales, incluyendo decenas de millones con empleos en las zonas exportadores, donde se fabrican productos baratos para el resto del mundo.

"Pensemos en eso. ¿Si los negocios quiebran, los trabajadores quedarán sin empleo y los inmigrantes irán a casa, y entonces cómo haremos para expandir el consumo doméstico?", afirmó, refiriéndose a las críticas contra su gobierno.

La inflación de China fue menor a la prevista en enero en un 4,9%, pero la presión sobre los precios sigue siendo lo bastante fuerte como para requerir más medidas.

China elevó las tasas de interés el 8 de febrero, su tercera alza desde que Pekín inició el ciclo de apretón monetario a comienzos de octubre. Anunció la más reciente alza el 25 de diciembre.

Pekín también ha impuesto medidas para bajar los precios de las propiedades que se han mantenido elevados. Los líderes del país, conscientes de la molestia pública por la imposibilidad de conseguir casas a un precio asequible, han dicho que no tolerarán inflación y especulación en el sector inmobiliario.