Los principales bancos centrales del mundo sesionarán esta semana para estudiar si aprueban nuevas medidas para salvar la vacilante recuperación económica global. Las sesiones de la Reserva Federal estadounidense (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Japón (BoJ) y el Banco de Inglaterra (BoE) probablemente dejarán en evidencia la división que existe entre los bancos y las superpotencias financieras mundiales en torno a las medidas de estímulo monetario.

Las reuniones de los bancos forman parte también de los preparativos de cara a la cumbre de la próxima semana de las 20 mayores economías industrializadas y emergentes del mundo (G20) en Seúl, donde se espera que el estado de la economía global y las tensiones en los mercados de divisas dominen la agenda.

Sin embargo, la presión se centrará probablemente en el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, y el consejo de gobernación del banco duramente antiinflacionario, que se espera vuelva a romper filas con las autoridades monetarias en Washington y Tokio. Mientras la Fed y posiblemente el Banco de Japón podrían implementar esta semana medidas adicionales distintas de los tipos de interés para impulsar el crecimiento económico, el BCE parece más inclinado a seguir la táctica opuesta.

"Las últimas palabras y acciones del BCE sugieren que en un momento en que otros bancos centrales se están preparando para incrementar el apoyo de sus políticas monetarias, él lo está reduciendo", considera Jennifer McKeown, economista de alto rango del grupo de investigación Capital Economics.

Ello en parte subraya el ánimo económico ligeramente positivo que se ha mantenido en Europa, frente al sentido de desazón si no profundo pesimismo que domina en Estados Unidos y Japón. El indicador del ánimo económico de la Comisión Europea para la eurozona (los 16 países del euro) publicado la semana pasado alcanzó un récord en casi tres años este mes.

El euro ha vuelto a ganar terreno frente al dólar ante las especulaciones de que el BCE se mantendrá firme pese a los intentos de la Fed de continuar liberalizando la política monetaria de la mayor economía del mundo anunciando una nueva ronda de medidas conocidas como medidas de alivio cuantitativo (QE). "La Fed sigue creyendo que el crecimiento no basta y con la inflación en caída hacia el territorio de la deflación una nueva ronda de QE parece segura a partir del miércoles", considera el economista del banco ING James Knightley.

Los analistas creen que el banco central japonés adelantó su sesión de la próxima semana al jueves y viernes de ésta para estar preparado para seguir con rapidez cualquier nuevo cambio político por parte de la Fed en Washington. Mientras, por el momento, la baja presión inflaccionista y el sano rendimiento económico dan al BCE espacio para mantener invariables sus tasas de interés. Por ello se espera que el consejo de gobernación con sede en Fráncfort deje sin cambios el próximo jueves su tasa de interés en el bajo histórico del 1%, que mantuvo durante 19 meses consecutivos.

Un dólar débil podría suponer una buena noticia para los exportadores estadounidenses, apuntalando la demanda extranjera de bienes norteamericanos y la tasa de crecimiento del país. Pero el riesgo de un nuevo aumento del euro podría suponer un revés para la economía de la eurozona.

Los analistas apuntan a un crecimiento más lento en los próximos meses ante una tasa de crecimiento global reducida y los movimientos de los gobiernos para lanzar duros programas de austeridad fiscal. Otra tarea complicada que afrontan Trichet y el BCE son los signos de una profunda división económica en la unión monetaria, ante la solidez apuntada por algunos países, como Alemania y Francia, frente a las bajas cifras de otros.

Por su parte, se espera que el comité de política monetaria del Banco de Inglaterra anuncie el jueves que deja invariable su tasa de interés en el bajo histórico del 0,50 por ciento, así como su programa de QE de 200.000 millones de libras (unos 320.800 millones de dólares). Muchos analistas creen que el banco esperará hasta febrero antes de lanzar un segundo programa QE, después de la publicación de cifras que muestra una expansión económica mayor del previsto 0,8 por ciento durante el tercer trimestre.