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El CEO: lo que aprende dentro y fuera del aula
Martes, Diciembre 18, 2012 - 11:14

Tanto dentro como fuera de la academia, el CEO aprende lecciones invaluables. Sepa qué piensan reconocidos líderes empresariales de la necesidad de una experiencia educativa universitaria, en esta cuarta y última entrega de artículos acerca de los pensamientos, preocupaciones y accionar de los CEOs de hoy.

Alrededor de 1853, el joven John Davison Rockefeller asistía en Cleveland, EE.UU., a un curso de contabilidad de sólo diez semanas de duración. Fue el mismo hombre que luego se convirtiera en magnate petrolero, uno de los iconos del sueño americano que dibuja al hombre de negocios de origen humilde que logra escalar los escaños de la riqueza y el poder hasta la cima. 

Cuando se hizo rico, Rockefeller no sólo se volvió dadivoso y filántropo con diversas causas, sino que se tomó muy en serio el tema de la educación superior, fundando él mismo dos universidades, la de Chicago y la Rockefeller University. Si algo demuestra esto, es que uno de los más reconocidos multimillonarios, dueño, líder y manager, concedió alta importancia al acceso a instituciones de educación superior académica.

Por mucho que pueda resultar revelador tal anécdota, continúa vivo el debate de cuán necesario puede ser para un manager y emprendedor el paso por la universidad. Aunque muchos defienden que una formación de excelencia brinda herramientas y habilidades que resultan muy útiles a ejecutivos y líderes, no son pocos los que aseguran que mucho pesa la intuición del negociante, su sentido común, su compromiso, su pasión para llevar adelante el proyecto, su carisma nato y su don de gentes.

Por eso mismo AméricaEconomía decidió finalizar esta serie de artículos dedicados a reseñar cómo piensan y qué les preocupa a los líderes y CEOs actuales, con la interrogación de cuánto ellos creen que les ayudó el paso por algún programa de educación superior, y cuánto del aprendizaje vivido hasta hoy ha ocurrido dentro y fuera del aula de clase.

En general, las respuestas se emparejaron alrededor de dos puntos de vista esenciales, si bien el valor del aprendizaje en la práctica es unánimemente reconocido, también es consenso el hecho de que los ejecutivos y líderes empresariales muestran cada vez más nivel educativo y su trabajo es más profesionalizado.

El ecuatoriano Fernando Moncayo, cofundador de Asiam y Sinox, y representante de su país en el World Entrepreneurship Forum, cuenta su propia experiencia que resume su punto de vista: “estudiar un programa de especialización en UC Berkeley cambió mi vida, me permitió generar una red de contactos y ver al mundo como aldea global. Recientemente terminé un Executive MBA en el IDE Business School. Creo que es el orden de formación que un empresario o emprendedor global debe seguir, primero desarrollar bien su red de contacto, luego adquirir experiencia laboral amplia, y sólo después realizar un programa de maestría”.

Con una línea muy parecida de pensamiento, Juan Manuel Collado, cofundador y director del Grupo Tapebicua, principal empresa en el sector foresto-industrial de Argentina, afirma que “emprender es ante todo una actitud de vida, por lo cual es mucho más conveniente contar primero con la práctica y luego en todo caso acudir a la academia”.

Por su parte, Andrés Meirovich, gerente general de Génesis Consulting & Capital en Chile, sin quitarle peso a la universidad, concuerda con Moncayo en el valor que pueden llegar a tener las redes profesionales, “más que los contenidos que uno puede aprender en un programa, lo más destacable es la posibilidad de conocer mucha gente con distinto background”.

De esperarse, Fabeka Lebron, rectora de Barna Business School en República Dominicana, reflexionó sobre las grandes ventajas que emanan de contar con una experiencia universitaria. “La experiencia fuera del aula es ciertamente valiosísima. Sin embargo, la participación en programas de educación superior hace cambiar, hace ver que no hay decisiones ni buenas ni malas. Al intercambiar con otros pares se aprende que no se puede perder de vista el objetivo, pero que igual de importante es el proceso y el ser humano”.

Otra perspectiva es la de Roberto Salas, de la chilena Masisa, comenta que a su parecer, “aunque la preparación académica es fundamental, más importante es mantenerse actualizado y sobre todo desarrollar capacidades blandas de liderazgo. La gerencia sobre todo es práctica, por eso el aprendizaje más importante se gana en la aplicación en terreno”.

Richard Pilnik, EVP y presidente de Quintiles Global Commercial Solutions, se suscribe desde EE.UU. al punto de vista de Salas, diciendo que “si bien la experiencia educativa es valorable, la aplicación práctica siempre deja más que sólo estar sentado en un aula de clases”.

Sin embargo, Martha Elena Galindo ilustra cómo en su caso el paso por un programa de postgrado fue vital para su desarrollo como profesional y su éxito como líder. Esta empresaria radicada en EE.UU. realizó una maestría en comunicación con énfasis organizacional en Michigan, lo cual le dio “una gran perspectiva para entender el proceso corporativo estadounidense. Las herramientas disponibles hoy son otro mundo, pero los principios son casi los mismos”.

Por último, el suizo André Schneider, presidente y CEO de The Sidéco Group of Companies, ofrece una mirada que se aparta del resto, y profundiza en una educación que el profesional aprende fuera del aula, y la enseña la familia.“La educación del hogar es muy importante. La educación en la escuela o la universidad es sólo un comienzo para el análisis y cultivar el pensamiento. Una carencia que hoy noto en América del Norte y del Sur, lo mismo que en Asia y África, es una educación multicultural y multilingual”.

Autores

Jennifer P.Roig