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El Salvador: rafting para los amantes de la velocidad
Viernes, Mayo 19, 2017 - 09:30

Recorrer unos rápidos y practicar el rafting se puede hacer en América Central.

En esta ocasión traemos un recorrido en El Salvador, este país cuenta con ríos caudalosos (Lempa, Sumpul, Guajoyo y Paz) que permiten practicar este deporte extremo incluso en verano.

El rafting es un deporte de exposición acuática extrema en el que varias personas descienden en una embarcación (balsa) sin motor por un río con corrientes fuertes.

La práctica del rafting se realiza en diferentes niveles de dificultad, en donde se pone a prueba el estado físico de quienes lo practican, sobre todo para aquellos amantes de la adrenalina.

Para hacer los recorridos se clasifican por intensidad de la corriente, y van desde un nivel 1-3 para novatos (niños y adultos mayores), nivel 3-5 para intermedios y la categoría 6-7 para expertos, quienes se exigen emociones mucho más fuertes.

Según Roberto Carlos Santos, administrador del parque acuático Apuzunga, todo deporte acuático implica riesgos, aunque para controlarlos de mejor manera se brindan las recomendaciones necesarias para evitar y enfrentar percances en el agua, y se ofrecen cascos, flotadores y un remo que les servirá en todo el trayecto para controlar los rápidos en la balsa.

El recorrido que ofrece es de 12 kilómetros, inicia desde el parque acuático, ubicado en Metapán, Santa Ana, y dura alrededor de dos horas y media, para finalizar en Masahuat donde se une el río Lempa con el río Guajoyo.

Una de las recomendaciones es que al entrar a los rápidos se debe de mantener el equilibrio remando según las indicaciones de los guías, para disfrutar de una experiencia única que lo dejará exhausto de la emoción; si al final del trayecto lo desea, puede nadar unos cuantos metros, donde observará la variedad de vegetación acuática flotante que se extiende hasta llegar al río Lempa. Para la práctica de este deporte se necesita de un guía instructor, equipo de protección que los brinda el parque.

Autores

El Economista.net