Pasar al contenido principal

ES / EN

En Chile: ¿las mujeres prefieren jefes hombres?
Jueves, Octubre 30, 2014 - 09:49

Si bien a nivel regional la representación femenina en puestos de poder no es de las peores del mundo, en Chile las estadísticas sí revelan una brecha muy superior. Conozca los detalles de la presencia femenina en mandos medios y altos y qué opinan los expertos.

Hace poco fueron anunciadas las más recientes predicciones del World Economic Forum (WEF), las cuales sugieren que la paridad económica entre hombres y mujeres en el lugar de trabajo no se alcanzará hasta fines de siglo. Independientemente de la exactitud de tal conclusión, que de hecho ya rebaten especialistas a través de distintos medios, lo cierto es que la situación de las mujeres en el universo laboral aún dista de ser la ideal.

El otro gran debate acerca de la brecha entre hombres y mujeres tiene que ver con su presencia en los puestos de dirección. Y sobre esto las noticias tampoco son alentadoras. Gallup recién publicó los resultados de su encuesta anual sobre trabajo y educación. Sobre una muestra de población seleccionada dentro de los EE.UU., los analistas notaron que los hombres aún son preferidos en cargos de jefaturas por una abundante parte de los trabajadores que llegó a 66%. El detalle interesante es que más mujeres (39%) que hombres (26%) dijeron preferir ser comandadas por un jefe antes que por una jefa. Según señala el reporte de 2014, durante los 60 años en que se ha conducido el estudio, nunca las mujeres han expresado preferir a otras mujeres en puestos de autoridad.

El detalle interesante es que más mujeres (39%) que hombres (26%) dijeron preferir ser comandadas por un jefe antes que por una jefa

Sin dudas, no son buenas noticias para quienes apuestan por los beneficios de contar con mujeres en posiciones de liderazgo, precisamente en un país donde no existe legislación que disponga la licencia de maternidad pagada y donde hoy por hoy se debate sobre un igual salario para el mismo trabajo. ¿Pero hasta qué punto los resultados obtenidos en EE.UU. se parecen a la realidad en países de América Latina, por ejemplo en Chile? ¿Cómo se perciben las relaciones de poder entre géneros a lo interno de nuestras oficinas?

¿Cuestión de género o estilo?

En América Latina, donde las mujeres han logrado ocupar la presidencia de sus países, los casos de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, Laura Chinchilla o Bachelet son aún meramente testimoniales. En realidad, según datos publicados por el Consejo de las Américas, las mujeres no ocupan roles de senior management en 40% de los negocios en Latinoamérica. Si bien estos no son los peores resultados a nivel regional, están lejos de ser los deseables.

De hecho, analistas de Randstad -consultora multinacional de Recursos Humanos- hallaron que Chile muestra los “peores índices de inserción de mujeres en puestos de alta responsabilidad; fenómeno que ubica al país andino en una de las peores posiciones a nivel mundial, ya que sólo 20% de las grandes empresas cuenta con mujeres en sus directorios”.

En este sentido, Murilo Arruda, director manager de DNA Human Capital, firma especializada a la localización y reclutamiento de talento empresarial, aporta más datos al indicar que en el sector privado chileno, “tanto en empresas nacionales como multinacionales, existen 25% de mujeres y 75% de hombres en puestos de mando medio y superior”.

Sin embargo, al margen de las cifras, cuando el enfoque se centra en el individuo, “no existiría una preferencia marcada de las trabajadoras chilenas en tener una jefatura masculina; lo que podemos percibir es que más que el género, se busca un estilo de liderazgo basado en la cercanía, confianza, entrega de directrices clara y que genere un impacto e influencia que permita cumplir los objetivos de manera clara”, dice María Soledad Mosquera, asociada senior de Insigni en Grupo Mandomedio, compañía consultora que también ofrece servicios de capacitación ejecutiva.

 Se busca un estilo de liderazgo basado en la cercanía, confianza, entrega de directrices clara y que genere un impacto e influencia que permita cumplir los objetivos de manera clara

Mientras tanto, la mirada de Angélica Osorio, psicóloga organizacional y subgerente de Recursos Humanos en Banco Penta, se inclina hacia la idea de que sí existe un sesgo fuerte que beneficia la figura masculina en puestos de dirección. “En mi cargo, me topo con varios estudios, conferencias y talleres donde se aborda esta realidad y se concluye lo mismo: siguen existiendo dificultades para que las mujeres asuman el liderazgo”.

Osorio llama la atención sobre varios aspectos que causan esa disparidad, entre los que sobresalen la dificultad de compatibilizar familia y trabajo, dado que el rol de la mujer en la familia es muy activo en comparación con el hombre; la tendencia de rivalidad que existe entre mujeres; y el hecho de que en Chile se ha legislado para que la mujer pueda salir de licencia prenatal y postnatal, “lo cual genera ausencia prolongada en los cargos de liderazgo, que afecta la continuidad en los procesos”.

Al parecer, influye un componente cultural, relacionado con la manera más rígida que las mujeres suelen juzgar a otras mujeres. Osorio y Mosquera concuerdan al señalar que muchas veces se percibe que la gestión de las mujeres puede verse afectada porque “son más emocionales y menos objetivas”. Mientras, los hombres cuentan con un voto de confianza mayor en tanto el hombre en puestos de mando se percibe como “más pragmático, más enfocado en los resultados, con una gestión de personas más fría”, advierte Arruda.

Al parecer, influye un componente cultural, relacionado con la manera más rígida que las mujeres suelen juzgar a otras mujeres

Con todo, el elemento de familiaridad también ejerce influencia. Precisamente porque abundan más los jefes hombres, las mujeres trabajadoras se adaptan a sus estilos. Además, Arruda explica que “tiene que ver con la empatía de la persona, independientemente del género: dado que hay mayoría de jefes hombres, las mujeres prefieren lo conocido”. En esta misma línea, las relaciones interpersonales que se establecen no dejan de ser relevantes, si la mujer ya conoce y se maneja bien en la oficina con un jefe hombre, ¿por qué habría de cambiar?

Como respuesta a esta pregunta, Mosquera sugiere que sí podrían existir razones para cambiar esta perspectiva, “las mujeres podrían preferir jefes mujeres antes que hombres, basándose en la cercanía y confianza que genera ser del mismo género; además de que las mujeres son generalmente más estructuradas y ordenadas en el trabajo”.

¿Cómo transformar el futuro?

Las estadísticas demuestran que en Chile, a pesar de que más de la mitad de la población está compuesta por mujeres (51,37%) la representación femenina en el Congreso es de apenas 15,83%. Sobre esto, la revista Paula denunciaba el pasado año que esas cifras situaban al país por muy por debajo del promedio mundial en cuanto a representación política femenina. La reacción a las circunstancias actuales apunta casi por unanimidad a la necesidad de revertir la tendencia, y aumentar la presencia de mujeres en puestos de decisión e influencia tanto en el sector público como en el privado.

Pedro Lacerda, CEO de Randstad, declaraba que en parte la intención del estudio conducido por la firma es suscitar “una discusión que incluya todas las aristas respecto a esta temática, como analizar por qué las empresas no incluyen mujeres en cargos ejecutivos, y por qué a ellas tampoco les está resultando atractivo dedicarse a este rol”.

Justamente para incrementar el nivel de conocimiento, y sobre esto cambiar las percepciones de los trabajadores, tanto hombres como mujeres, Mosquera sugiere que para disminuir las brechas “se recomienda realizar coaching para que tanto mujeres como hombres desarrollen habilidades de liderazgo para dirigir equipos de alto rendimiento, y sembrar lazos de confianza entre los trabajadores y las jefaturas”.

Por su parte, Osorio admite que el desafío para cambiar las mentalidades es grande, especialmente a nivel individual en el caso de la mujer líder: “ejercer un liderazgo efectivo por encima de las barreras socioculturales, sin perder ninguno de nuestros roles”. La subgerente de Banco Penta agrega que “ser una gran líder no significa deteriorar la imagen del hombre jefe, dado que no depende del género sino del sentido de responsabilidad, integridad, carácter, confianza, justicia y honestidad con que se actúe”.

A nivel corporativo y social, la gerente general de Sodexo Janet Awad ha declarado en otras ocasiones que “la equidad de género en puestos de liderazgo se dará en la medida que las empresas entiendan las barreras corporativas, culturales y personales que las mujeres debemos enfrentar. Es necesario construir entornos de trabajo flexibles, programas que fomenten la autoconfianza, autonomía y mentoring. Además, nosotras también debemos tomar conciencia de la importancia de las redes de contactos. Éstas crean oportunidades de mayor exposición profesional y elevan el perfil de las mujeres líderes y son esenciales para ayudarnos a identificar modelos de conducta”.

Autores

Jennifer P.Roig