Miami. Cuando el terremoto del 12 de enero golpeó a Haití y destruyó su capital, la artista haitiana-estadounidense Maeva Renayd compró tiendas, barras energéticas y antibióticos y luego los envió por aire al devastado país en un vuelo charter.

El estudiante de ingeniería expatriado Wally Mercidieu se dispuso reunir 300 cajas de ropa, alimento, jabón y suministros médicos donados a través de una campaña de volantes en las calles de Orlando, Florida, para ayudar a los que quedaron sin hogar a raíz del desastre.

"Cuando me enteré del terremoto, me volví loco, tenía que hacer algo", dijo Mercidieu, de 34 años.

Con el correr de los años, aproximadamente uno de cada ocho haitianos se ha instalado fuera de esta caótica y empobrecida nación caribeña, buscando mejores oportunidades o escapando de la represión y la violencia. Muchos viven en Florida, Nueva York, Canadá, Francia y en naciones caribeñas vecinas.

Desde el catastrófico sismo que causó la muerte de hasta 300.000 personas y dejó a más de un millón sin hogar, los haitianos que viven en el extranjero se han volcado vigorosamente al esfuerzo de recuperación internacional.

A las 24 horas del terremoto de magnitud 7, organizadores de la comunidad del sur de Florida -donde viven unos 200.000 haitianos- habían hallado un depósito para recolectar suministros de ayuda, además de espacio donado a bordo de barcos y aeronaves para asegurar su entrega.

Los esfuerzos inmediatos se concentraron en ayudar a los desesperados expatriados a ubicar a sus familias en Haití, y en recaudar ayuda de emergencia para las víctimas aturdidas en las calles derruidas de la capital, Puerto Príncipe, donde muchos expatriados tienen parientes.

"Cuando fui a Haití, mi familia me dijo que yo era la primera persona en venir a ayudarlos", dijo Reynaud, de 27 años, quien llegó a la capital con tiendas, bolsas de dormir y una valija llena de barras de cereales.

"Si no hubiese ido, ¿qué habría pasado? Todavía estarían bajo sábanas en cajas de cartón", sostuvo Reynaud.

Objetivo reconstrucción. Los haitianos que viven en el extranjero constituyen un poderoso bloque económico, el cual cada año envía remesas por US$1.800 millones a la nación caribeña, la más pobre del hemisferio occidental- y donde la mayoría de las personas vive con menos de US$2 día.

El mes pasado, el Gobierno de Estados Unidos dio Estatus de Protección Temporal a cientos de miles de haitianos que estaban en el país cuando ocurrió el terremoto de enero, permitiéndoles quedarse y trabajar en suelo estadounidense.

En el pasado, el Gobierno de Haití no siempre ha recibido de brazos abiertos la participación en los asuntos del país por parte de expatriados, a quienes se les prohíbe tener doble nacionalidad y votar en el país caribeño.

Pero muchos expatriados dicen tener esperanzas de tener un rol importante en la larga reconstrucción de su país cuando crisis la inmediata sea controlada.

"Es esencial que nosotros, la diáspora haitiana, organicemos la movilización y la estrategia en conjunto con la comunidad internacional, los Gobiernos estadounidense y haitiano para ayudar a promover la renovación de Haití", dijo Karen Andre, una abogada que co-preside el Destacamento de Ayuda para Haití en Miami.

"Queremos asociarnos con todos los diversos actores y ayudar a dar voz a las personas en terreno para ayudar a reconstruir un Haití sustentable", indicó.

Aunque la mayoría de los esfuerzos están concentrados en la recuperación inmediata tras el sismo, los líderes comunitarios dicen que los expatriados podrían beneficiar a Haití a largo plazo al compartir sus habilidades adquiridas en una vida transcurrida en el extranjero.

"Haití tiene una gran diáspora en Occidente la cual también tiene recursos en términos de conocimiento, de destrezas y monetarios", dijo Jean-Robert Lafortune, director de Haitian American Grass-roots Coalition Inc en Miami, quien espera algún día regresar y usar sus habilidades aprendidas en el extranjero para montar una escuela al sur de Haití.

"Yo lo llamo un cambio de juego para Haití. Tenemos que aprovechar el momento como una oportunidad para construir una nación mejor y mucho más amigable", expresó.