Puerto Príncipe. Camiones llenos de tropas de Naciones Unidas, empuñando rifles automáticos de asalto, patrullaban las calles de la capital haitiana en ruinas un día después del terremoto de enero, aparentemente ajenos a la miseria alrededor suyo.

Los pedidos de ayuda a gritos de gente que hurgaba en busca de sobrevivientes en edificios colapsados se eran ahogados por el rugido de los motores, mientras las tropas se abrían camino por Puerto Príncipe sin parar a sumarse a esfuerzos de rescate, y mucho menos a dirigirlos.

Las tropas de la ONU se apiñaban a la sombra de sus vehículos techados, una imagen común desde que fueron desplegadas en el 2004.

Había unos 9.000 tropas de paz de la ONU apostadas en Haití cuando el sismo golpeó el 12 de enero y fueron la "primera respuesta" lógica al desastre en este empobrecido país caribeño, cuyo gobierno central notablemente débil se vio sobrepasado por la escala de la tragedia.

Inicialmente, sin embargo, ninguno de los miembros de las tropas de paz parecieron estar involucrados directamente con la ayuda humanitaria de lo que los expertos en emergencias médicas describen como las críticas primeras 72 horas después de devastadores terremotos.

Su respuesta al horroroso sufrimiento estuvo limitada al manejo de la seguridad y a buscar saqueadores después de que el sismo de 7 grados arrasara con gran parte de la capital y se llevara lo que el presidente haitiano René Preval dice que podrían ser tantas como 300.000 vidas.

Hubo saqueos en la ciudad, pero resultaban insignificantes comparados con la gravedad de la crisis humanitaria.

Pacientes horriblemente heridos desbordaban los hospitales sobreexigidos, forzando al personal médico a decidir a qué pacientes atender y cuáles ya estaban demasiado heridos como para tratar de salvar.

"Los doctores hacían de Dios," dijo Tyler Marshall, un veterano ex corresponsal de Los Angeles Times que trabajó con un grupo de ayuda internacional que colaboró en una ciudad de tiendas levantada en el punto máximo del desastre, en los terrenos del Hospital de la Universidad de Puerto Príncipe.

En el sismo murieron veintenas de miembros del personal de la ONU, incluyendo a Hedi Annabi, el director de la misión del organismo en el país.

Eso ayuda a explicar lo que muchos han criticado como un inicio extremadamente lento de las operaciones de ayuda después de uno de los peores desastres naturales de la historia.

Pero en los días y semanas subsiguiente a menudo pareció que en Haití se ignoraban las lecciones de otros desastres, ya que los temores a saqueos o disturbios ensombrecían las preocupaciones de llevar la ayuda a destino rápidamente.

El máximo funcionario de ayuda humanitaria de la ONU, John Holmes, está entre quienes han reprendido a las agencias de ayuda, incluyendo a Naciones Unidas, por hacer demasiado poco por ayudar a Haití.

"No podemos (...) esperar la próxima emergencia para que se aprendan estas lecciones", escribió Holmes en un correo electrónico confidencial publicado en el sitio Web de la publicación Foreign Policy.

"Hay una necesidad urgente de aumentar significativamente la capacidad en el llano, mejorar la coordinación, el planeamiento estratégico y el suministro de ayuda," dijo Holmes.

Edmond Mulet, director interino de la misión de la ONU, reconoció en una entrevista que el organismo tuvo un papel humanitario limitado en los primeros días después del terremoto dado que sus operaciones quedaron efectivamente descabezadas.

"Criminales y vandidos". Mulet adquirió notoriedad por ejercer la mano dura durante su período anterior como jefe de la misión de la ONU cuando lideró a las tropas de "cascos azules" mayormente brasileños en una exitosa ofensiva contra las pandillas armadas de Haití.

Y no ha escondido haber hecho malabarismos con la aplicación de la ley y las necesidades encontradas de las operaciones de ayuda, en su intento por rastrear a los más de 3.000 internos que se aprovecharon del terremoto para escapar de la prisión.

"También estamos aquí para dar seguridad", dijo el hombre cuando se le preguntó por qué las tropas de la ONU no buscaron a personas atrapadas en los escombros de la capital en ruinas.

"Aún debo patrullar, aún debo ir tras todos estos criminales y bandidos que se escaparon de la penitenciaria nacional, los líderes de las pandillas, los criminales, los asesinos. No puedo realmente distraerme de eso", dijo Mulet.

La misión humanitaria incrementó su nivel de actividad después de que se desplegaran tropas estadounidenses en grandes cantidades y pusieran en funcionamiento una cadena de suministro para llevar alimento y medicinas a las zonas desesperadamente necesitadas de ayuda.

Pero seguirá habiendo embotellamientos y retrasos, que involucrarán a menudo la distribución de alimentos de la ONU, por una inadecuada organización, falta de suministros y deficiencias en el control de multitudes.

Desafortunadamente, las tropas de la ONU en Haití con los años se han ganado una reputación de tenacidad y abuso más que por aliviar el sufrimiento en el país más pobre de América.

"La única vez que vi a uno de estos soldados de la ONU bajar de un salto de la parte trasera de un camión fue para golpear a alguien o para dispararle", dijo un miembro de la división aeronaval de Estados Unidos, mientras controlaba la seguridad durante una reciente entrega de ayuda.

"Estos tipos nos han dado a todos los que llevamos uniforme una mala reputación", dijo el oficial, pidiendo no ser identificado.

La derruida infraestructura de Haití y sus pobres conexiones en materia de transporte hicieron que fuera difícil llevar la ayuda y sostener su circulación, pero eso casi no hizo que la situación fuese diferente de la de otros desastres recientes alrededor del globo.

"Las personas más pobres y más vulnerables tienden a vivir en las regiones más seriamente golpeadas por los desastres naturales," dijo Solomon Kuah, un médico radicado en Nueva York que pasó cuatro semanas en Puerto Príncipe después del sismo.

No existen aproximaciones confiables del número de sobrevivientes que muriÛ por heridas producto de los suministros mØdicos inadecuados.

Pero Henriette Chamouillet, la representante de la OrganizaciÛn Mundial de la Salud en HaitÌ, dijo que todo, desde la escasez de personal a la burocracia y la falta de listas del material enviado, demoraron la entrega de contenedores llenos de medicamentos desde el aeropuerto de Puerto PrÌncipe a los doctores en los hospitales.

Puerto PrÌncipe se encuentra solamente a 1.100 kilómetros de la costa de Miami, que es hogar de una gran comunidad haitiana-estadounidense, y pareciÛ absurdo que tan pocos de los soldados llevados allÌ a toda prisa hablaran francØs o fuesen acompañados por traductores.

Una imagen fuerte de las caÛticas distribuciones de alimentos llegÛ cuando helicÛpteros estadounidenses descargaron cajas de alimentos listos para comer en los sitios de distribuciÛn de la capital.

Muchos haitianos las abrieron sólo para tirarlas con desagrado porque los aparentemente inútiles paquetes de polvo no incluÌan instrucciones en francØs o creole explicando que debÌan ser mezclados con agua como parte de su preparaciÛn.