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Isabel Allende dice que se siente "a la deriva" tras la muerte de Carmen Balcells
Martes, Septiembre 22, 2015 - 07:16

En una carta pública, la exitosa escritora chilena -representada por la reconocida agente literaria recientemente fallecida- subraya que "nadie puede llenar el vacío que ella deja".

Cuando la exitosa escritora chilena Isabel Allende conoce a la agente literaria española Carmen Balcells la primera se siente un poco intimidada.

La representante de escritores ya goza de la fama que la mantuvo siempre en primera línea y hacía muy poco se había convertido en la única en aceptar la lectura del manuscrito de "La casa de los espíritus".

Una vez leído, "con un golpe de su varilla mágica logró publicarlo", cuenta la narradora en una misiva abierta que escribió en homenaje a la muerte de Balcells y que hizo conocida este martes.

Para estimularla, le ofreció una cena en Barcelona con intelectuales y amigos. Cuando la agente literaria tomó la palabra para brindar, se cortó la electricidad y todo quedó a oscuras. Medio broma y medio en serio ella inmediatamente lo atribuyó a los espíritus del libro, que se habían presentado a celebrar también.

"No era un chiste, estoy segura. Esa Carmen, que se preciaba de su sentido práctico y de ser una negociante implacable, creía en espíritus, karma, signos zodiacales y otros misterios; se sentía cómoda en el realismo mágico, tal vez por eso nos entendíamos tan bien", enfatiza Allende.
 
La escritora destaca que Balcells "me acogió bajo su ala hace treinta y cuatro años, cuando yo era una desconocida en el fin del mundo, con un atado de páginas bajo el brazo. Le debo mi carrera; fue la madrina de cada palabra que he escrito".  

Allende la llamaba sin complejos "madraza", aunque la española le aclaraba que no era su madre ni su amiga, "soy tu agente", le recordaba en catalán, para que no sonara tan ofensivo.

La exitosa narradora latinoamericana recuerda que en el mundo de las editoriales Balecells tenía reputación de dura, pero en privado era de corazón blando y lloraba al menor pretexto. "Carmen bañada en lágrimas", decía de ella García Márquez.

"Fue mi consejera y confidente, compartí con ella las penas y alegrías más grandes, duelos, amores contrariados, divorcios, triunfos y temores. 'Pobrecita mía, pobrecita mía', me decía sollozando cuando mi hija agonizaba. Llegaba al hospital de Madrid como un huracán, arrastrando una bufanda de seda, con su sopa levantamuertos, su famoso cocido salpicado de longanizas y garbanzos, en un recipiente de plástico. Así la recuerdo, como la amiga incondicional  y no como la agente astuta que defendía los contratos de sus autores con un cuchillo entre los dientes", escribe Allende.

Para la autora de reconocidas novelas como "Eva Luna" y "El amante japonés" la muerte de Balcells cierra una época, ya que no existe alguien que pueda ocupar ese vacío que deja en el universo literario y en el corazón de quienes la conocieron.

"El cariño de cientos de nosotros, sus autores, acompaña ahora a su hijo Luis Miguel y a quienes trabajaban con ella en la agencia. Nos hará una tremenda falta, especialmente a mí, que sin ella me siento a la deriva", comenta.
 

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