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La logoterapia, una guía para personas que sufren de un vacío existencial
Jueves, Agosto 21, 2014 - 18:20

Por medio de la capacidad humana de reconocer, adoptar y vivir valores existenciales, se busca acompañar al individuo en el proceso de recobrar la estabilidad que perdida.

"El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida", escribió el psiquiatra y psicoterapeuta austriaco Víktor Frankl (1905-1977), quien desarrolló la escuela psicoterapéutica de la logoterapia.

La logoterapia se basa en la teoría de la motivación existencial de la persona. Por medio de la capacidad humana de reconocer, adoptar y vivir valores existenciales, el logoterapeuta acompaña al individuo que está en crisis en el proceso de recobrar la estabilidad que ha perdido y luego le ayuda a descubrir sus capacidades específicas.

La logoterapia es la tercera escuela vienesa de psicoterapia —después del psicoanálisis de Freud y la segunda escuela adleriana—, en la que se combina la antropología y la filosofía, y lleva al hombre a hacerse responsable de su vida, a pesar de las circunstancias que le afligen, ya sea por causas económicas, afectivas o por pérdida de un ser querido.

Se recomienda para quienes tienen problemas relacionados con vacío existencial, ansiedad, angustia, depresión, trastornos alimenticios, síndrome postaborto, pérdida de seres queridos y modificación de actitud, explica la doctora Rita Polo de Ponciano, especialista en Psicología Clínica, Psicología Emergencista y Logoterapia.

Cuando se pierde el sentido de la vida se sufre de un vacío existencial y, entre los síntomas se encuentran aburrimiento, apatía, frustración, angustia, depresión o desesperación, añade.

La logoterapia orienta a tener un sentido del momento —una meta diaria—, un sentido de vida —con la meta diaria en mente se tendrá un objetivo para vivir—, y un suprasentido —salir de sí mismo e ir a los demás en amor y servicio—.

Abordaje

La logoterapia consiste en tratar las situaciones existenciales del paciente desde un abordaje terapéutico humanista y único.

La culpa mata al hombre y ese sentimiento se vuelve una patología que lo neurotiza y lo lleva, incluso, a querer quitarse la vida.

"En la logoterapia se le enseña a pensar, a despertar y a que la vida siempre vale la pena vivirla. Incluso si la persona está presa, tiene la libertad de elegir cómo estar en la prisión. El hombre no debe dejar de ser libre por la circunstancia y puede elegir cómo salir de ella y cómo vivirla", expone la psicoterapeuta y especialista en logoterapia María de Mollinedo, directora del Instituto de Ciencias de la Familia.

"También se busca el autodistanciamiento del paciente de su propio conflicto, para que pueda tener nuevas perspectivas", dice De Ponciano.

"Hay que preguntarse para qué estoy en la vida, para qué sirvo y cómo trasciendo al salir al encuentro de los demás en mi trabajo o en mi formación, pero sin sentido egocéntrico. El paciente descubre que en él están las respuestas. Siempre hay alguien con quien trascender, porque siempre hay necesidades. La mejor manera es darme como persona, y no limosnas", dice la psicóloga.

"Una persona que lustra zapatos o hace tortillas es feliz porque hace su trabajo con actitud y con sentido al donarse con lo que hace hacia los demás", ejemplifica De Mollinedo.

Para todos

La logoterapia se puede aplicar con niños desde los 4 años y con adultos de todas edades, afirma De Ponciano.

"La persona es capaz de ser feliz por ella misma, la felicidad es una tarea personal y una decisión propia. El paciente encuentra tareas de sentido en los valores de creación, de experiencia y de actitud. El saber quién se es, qué se desea realizar y aceptarse a sí mismo da autoconfianza y seguridad. Si descubre quién es y hacia dónde va, será una persona plena, con salud mental y feliz", puntualiza De Ponciano.

De Mollinedo recomienda la lectura del libro de Víktor Frankl —sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial— El hombre en busca de sentido, en el que explica que en la práctica aquellos que tienen un porqué de vivir superan un cómo.

Autores

Prensa Libre