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La novela negra se afianza en latinoamérica y estrecha sus vínculos con la realidad
Lunes, Agosto 10, 2015 - 09:00

Además del BAN!, otros dos festivales de realización inminente - el Azabache y Córdoba Mata- apuntalan en la Argentina el fenómeno de la novela negra.

Permeable a la fusión con otros registros como el fantasy, la crónica y la literatura zombi, la novela negra se afianza como un fenómeno literario que desafía la tradición para alcanzar el verosímil en una sociedad donde el policía o el detective -paradigmas del género- son figuras infrecuentes o desacreditadas, según coinciden varios de los escritores que participaron en el festival argentino BAN! (Buenos Aires Negra).

"La ficción criminal es bastante más que misterios, crímenes y catástrofes. Puede decirnos mucho sobre quiénes somos como sociedad, como pueblo", apunta el escritor Ernesto Mallo, artífice del festival de novela negra que ofreció en el Centro Cultural San Martín una grilla con más de 60 actividades que invitan a reflexionar sobre la criminalidad real y sus ví­­nculos con la literatura y el arte.

Algunos de los escritores invitados a participar del BAN! dialogaron con Télam acerca de la visibilidad que en los últimos años ha alcanzado el género policial -y en especial la novela negra, esa suerte de variante evolucionada del policial clásico-, impulsado por el maridaje con otros formatos, su habilidad para funcionar como catalizador de las tensiones sociales y el plus otorgado por algunas ficciones exitosas del campo audiovisual, como las series "True detective" o "The killing".

"La novela negra argentina tiene una gran tradición que reconoce sus raí­ces en 'El matadero', de Esteban Echeverrí­a. ¿Qué otra cosa que una novela negra es el asesinato del joven unitario? Ni Borges escapó al encanto del género, aunque lo hizo de manera paródica y marcando que estaba condenado a desaparecer por el agotamiento de sus artificios", destaca el escritor Horacio Convertini a Télam.

Para el autor de "El refuerzo" y "Los que están afuera", que acaba de publicar "New Pompey" (Del Nuevo Extremo), la novela negra local "es muy vital, porque escapa al mandato del clásico formato norteamericano del detective o el investigador, y aborda temáticas cada vez más heterodoxas".

"Me pregunto si alguna vez no fue un género consolidado y popular. Claro que entonces se tomaba como un género menor, aunque nadie dirí­a que Ross MacDonalds o Jonathan Blake o Jim Thompson o Graham Greene son escritores menores. Sin embargo, se consumí­a lo que llegaba de Europa o de Estados Unidos. Hasta que el boom del género explotó en la región y hoy puede decirse que Latinoamérica es una de las grandes productoras de literatura negra", analiza por su parte la uruguaya Mercedes Rosende.

Para el escritor Guillermo Orsi, "como todo fenómeno editorial se vuelve a veces más autorreferencial que explosivo: se edita más, es cierto, y han surgido editores voluntariosos, muy entusiastas pero que, como ha sucedido siempre, deben lidiar con un mercado en el que la concentración, los grandes grupos -que son pocos pero concentran muchos sellos- imponen su ley del más fuerte, sobre todo a través de la distribución y el acceso a los medios".

El cubano Leonardo Padura, referente del género y último ganador del Premio Princesa de Asturias, ha trabajado en algunos de sus textos sobre la hipótesis de que el policial hispanoamericano desplaza "al viejo modelo genérico asentado sobre la existencia de un enigma" y se abre a lí­­neas como el espionaje, el narcotráfico, lo conspirativo, la violencia cotidiana, la corrupción.

¿Es el policial moderno una de las formas más apropiadas para retratar la sintomatologí­­a de esta época? "El policial latinoamericano bebió mucha más agua de la fuente del policial negro estadounidense que surgió luego de la crisis del crack de Wall Street de 1929", indica Alejandro Soifer, autor de "Rituales de sangre" y próximo a publicar su continuación, "Rituales de lágrimas".

"Esos tiempos tumultuosos de crisis, desempleo y desesperación, todas situaciones que en Latinoamérica hemos sabido vivir en alguna oportunidad, son terreno propicio para el despliegue y crecimiento de este género policial donde no importa tanto quién cometió el crimen sino la forma en que lo cometió, sus motivaciones (siempre asociadas con el dinero malhabido), y su negrura en general como expresión acabada de sociedades en decadencia", explica.

En esa línea razona también Orsi, autor de obras como "Nadie ama a un policía" y "Ciudad santa"-, convencido de que la expansión del género está asociada al incremento de las tasas de criminalidad, al avance del narcotráfico y a la gestación de nuevas variables delictivas en el entramado social: "La novela negra serí­a el 'género natural'para contar lo que sucede en nuestra región -indica-. La violencia polí­tica de los 70 superó todo lo que podrí­a imaginar el más afiebrado de los autores negro-criminales".

"Las heridas de ese tiempo empezaron a cicatrizar con los juicios a los represores, pero la memoria está en carne viva entre quienes sobrevivimos a esa época. Elaborar esa memoria, transformarla en materia literaria, es parte de un desafí­o que se complementa hoy con la marginalidad, el narcotráfico, el auge de un delito salvaje, ajeno a todo código, sabiamente explotado por las clases dominantes para trabajar el miedo como herramienta de control social", expone.

Por otra parte, Soifer plantea que la producción argentina debió sortear ciertas dificultades para alcanzar el verosí­mil en una sociedad donde la pesquisa está asociada a la mano de obra desocupada post-dictadura: aquí el policial ha optado por vías alternativas a la tradición del género, en el que el paradigma por excelencia es el policí­­a reputado y reconocido socialmente.

"Los escritores argentinos nos encontramos con una dificultad extra: la policí­a no tiene buena fama. Más bien lo contrario. Tampoco tenemos una institución social en el detective privado, esto prácticamente no existe. Por eso, el policial argentino se escribe muchas veces con periodistas como protagonistas o en contra de la institución policial corrupta. Es una dificultad extra a la que debemos enfrentarnos los escritores de este género", explica.

"Aunque existen novelas de autores argentinos en las que los protagonistas son detectives o policí­as, la necesidad de construir un verosí­mil y la ausencia en la realidad argentina de detectives a lo Marlowe o de inspectores eficaces y honestos a lo Maigret, nos lleva a buscar otros caminos", reafirma Convertini.

 

Además del BAN!, otros dos festivales de realización inminente - el Azabache y Córdoba Mata- apuntalan en la Argentina el fenómeno de la novela negra, que junto a colecciones como Negro Absoluto y Extremo Negro dejan entrever las líneas argumentales que encaminan la renovación, como la tendencia a desmarcarse de los viejos arquetipos y la permeabilidad a la fusión con otros formatos.

"Creo que el noir está cambiando, ha comenzado a entrecruzarse con el fantasy o el gótico o con la crónica. De ese mestizaje saldrá diferente y, quizás, fortalecido. O desaparezca. De todas formas la idea de cada escritor es contar una historia, y probablemente lo demás -el género, la forma, el estilo- sea lo de menos", alega la uruguaya Rosende, autora de "La muerte tendrá tus ojos".

"Casi dirí­a que hoy se puede encontrar más realidad en una novela negra que en el propio periodismo, y pongamos el ejemplo de México y el narcotráfico: aquello que la prensa no se anima a referir, todo lo relativo al poder, la corrupción, la ilegalidad, está plasmado en la obra de Elmer Mendoza", postula la escritora.

Martín Sancia, autor de la interesante "Hotaru" -que vincula montoneros y geishas en una trama sin respiro- disiente con la idea de que el policial deba su éxito a su capacidad para imbricarse con la agenda social: "No leo novelas negras esperando que me retraten o me expliquen lo que pasa afuera. Creo que, para quitarle el estigma de ser un mero entretenimiento, o una simple distracción, se le ha otorgado una función que yo no creo que la novela negra necesite cumplir", subraya.

"Puede retratar los problemas de esta época y de este país, sí, eso es innegable, pero del mismo modo o con la misma efectividad que pueden hacerlo las novelas de otros colores, o la revista Barcelona, o el ciclo televisivo 'Peter Capusotto y sus videos'.

Eso es lo que a mí me parece, pero seguramente estoy equivocado, porque la equivocación es mi única constancia", plantea.

"El tema es qué va a pasar cuando eso termine. Qué va a pasar con la novela negra cuando el boom se vuelque otro género. ¿Van a dejar de existir esas colecciones que hoy celebramos? ¿Van a dejar de existir los festivales? ¿Se va a volver hablar, como tantas veces, de la muerte del género? Creo que la novela negra puede sobrevivir, incluso, a la falta de lectores. Como lo ha hecho en otras épocas. Porque de algo estoy seguro: la novela negra no es una moda. No tiene nada que ver con eso", concluye Sancia.

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Télam / Lifestyle