Lo prometió en la campaña e insistió con la idea durante toda su gestión: con la reforma energética el precio del combustible bajaría su precio en México. Enrique Peña Nieto, su presidente, aseguró que el fin del monopolio estatal en el negocio del petróleo y la liberalización de precios acabarían con los ya habituales "gasolinazos”. Pero arrancó 2017 y sucedió exactamente lo contrario.

Un aumento de entre el 14 y el 20% –el mayor en 20 años– en el precio de la gasolina motivó reacciones populares que todavía laten a lo largo y ancho del país. Saqueos, bloqueos en las rutas, marchas y enfrentamientos. Ya hay muertos y miles de detenidos. Y eso que todavía no asumió Donald Trump.

Promulgada en diciembre de 2013, la reforma energética es uno de los proyectos estratégicos de Peña Nieto. Por un lado, implica que la emblemática estatal Petróleos de México (Pemex) abandone el monopolio de la explotación en el país.  Es en sí misma una decisión controvertida, dado que la propia Pemex nació en 1938, producto de la decisión del por entonces presidente Lázaro Cárdenas - padre del actual Partido Revolucionario Institucional del presidente Peña Nieto – de nacionalizar el petróleo. 

Por otro lado, la ley implica la llegada de otras empresas al paisaje mexicano, la liberación paulatina de los derechos de importación y el retiro de los subsidios. Así, mientras hasta 2016 los mexicanos se habían acostumbrado a los regulares aumentos desde los tiempos de Felipe Calderón (2006-2012), hoy existen 90 zonas con tarifas diferenciadas y una gran incertidumbre.

En la reciente COP22 de Marrakech, el presidente Peña Nieto se mostró orgulloso de su plan de quita de subsidios y lo explicó como una medida pro-medio ambiente. Sin embargo, la Coordinadora General del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe, Sandra Guzmán, asegura que la reforma energética "es en beneficio de las empresas que tendrán oportunidad de generar ganancias a su favor”.

Lo cierto es que el aumento de los precios de la gasolina tiene un impacto poderoso en el bolsillo de los ciudadanos. De hecho, según un reporte de la agencia Bloomberg los mexicanos son de los segundos en el mundo que mayor porcentaje de su sueldo (3,5%) gastan en gasolina.

Además, el golpe será también indirecto, ya que el aumento de los combustibles impactará inevitablemente sobre todo el resto de las mercancías.

Subsidios. En la década del ‘90, el gobierno inició su política de subsidios al petróleo. La gran paradoja mexicana es que su empresa bandera Pemex -una de las principales de América Latina- exportaba petróleo, pero importaba gasolinas dado que las refinerías en el país no daban abasto.

De hecho, en 2016 fue el segundo importador mundial de gasolinas, sólo detrás de Estados Unidos y por encima de países como Singapur, Corea del Sur u Holanda.

Dado que el gobierno tenía el monopolio sobre el negocio del petróleo, era potestad del ejecutivo anunciar periódicamente los precios de la gasolina, desacoplándolo -subsidios mediante- de los precios del mercado internacional. Así, entre 2006 y 2014, el gobierno gastó unos 50.000 millones de euros. La paradoja es que a pesar del hueco fiscal, el pueblo mexicano convivió con los periódicos aumentos conocidos como "gasolinazos”.

En la reciente COP22 de Marrakech, el presidente Peña Nieto se mostró orgulloso de su plan de quita de subsidios y lo explicó como una medida pro-medio ambiente. Sin embargo, la Coordinadora General del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe, Sandra Guzmán, asegura que la reforma energética "es en beneficio de las empresas que tendrán oportunidad de generar ganancias a su favor”.

Y agregó: "En materia ambiental es particularmente dañina porque permite e incrementa la inversión en extracción tanto de combustibles fósiles convencionales como de petróleo en aguas profundas y no convencionales como el shale gas”.

Las inversiones. Si bien no se encuentra en su mejor situación financiera, Pemex sigue siendo importante para el fisco. Cerca del 30% de los ingresos tienen que ver con venta de hidrocarburos. Con un precio deprimido del petróleo - cerró el 2016 superando la barrera de los US$50 por barril -, la economía mexicana siente el golpe. 

Pero si bien la participación de Pemex es importante, México no depende exclusivamente de la venta del petróleo. "La reforma energética pretende seducir a los capitales para crear un boom energético, pero la situación mundial no está ayudando”, explica Adrián Díaz, especialista en el sector energético.

Díaz se refiere a los vaivenes del precio del petróleo ligados a las idas y vueltas de la Organización de los países exportadores de petróleo (OPEP). Pero la inminente llegada de Trump a Washington augura nuevos tiempos complejos para México y la esperada llegada de inversiones.