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Los 160 años de la viña chilena Cousiño Macul
Viernes, Marzo 25, 2016 - 09:10

Esta es una de las empresas vitivinícolas que ha hecho historia en Chile. A continuación, sus inicios y cómo la gente se puede acercar a conocerla.

El verdor de las vides colmaba el paisaje de la Hacienda de Macul, en la zona centro de Chile. Era 1856 y la familia Cousiño compraba ese territorio de mil hectáreas, donde 54 tenían plantaciones de vides que habían dejado sus propietarios anteriores; parras que databan de 1564, fecha en que se comenzó a cultivar uvas en el área luego que el Rey de España transfiriera el terreno al conquistador español Juan Jufré.

El mismo año de la compra, Matías Cousiño, empresario del carbón en Lota que gustaba del vino, fundó la viña, dado que su sueño era tener una industria ligada a esta bebida y, a su vez, hacer de Chile un país vitivinícola. 
 
 
Sin embargo, Matías Cousiño murió antes de alcanzar a ver los resultados de ese anhelo que se convirtió en realidad. Fue su hijo, Luis, y su esposa, Isidora Goyenechea, los encargados de seguir el camino y hacer de esta viña una empresa vitivinícola que, con el paso del tiempo, ha hecho historia en el país latinoamericano, logrando mantener ese carácter familiar y consolidarse también en mercados extranjeros, siendo los principales Estados Unidos, Brasil y Canadá.
 
El tiempo ha pasado y actualmente la viña está cumpliendo 160 años. "Estamos orgullosos porque hemos seguido trabajando como una familia, algo no menor porque los negocios familiares son complejos y es súper difícil mantener una misma línea donde funcione todo tranquilo y nosotros lo hemos podido hacer bien", expresa Elisa Cousiño, encargada de marketing de la viña y parte de la familia fundadora.
 
Desde la vid a la botella
 
En 1860 Luis Cousiño y su esposa viajan al viejo continente para traer diversas cepas, como chardonnay, syrah y merlot, además de profesionales capacitados para hacer del lugar un espacio con las mejores características.
 
Diez años después,  comienza la construcción de la bodega, la que se edifica a base de arcilla, ladrillos y clara de huevo, logrando ser tan resistente que nunca ha sufrido con los terremotos.
 
El lugar es conocido como las mellizas gracias a dos barriles de considerable tamaño, con una capacidad de 1.200 litros cada uno, los cuales eran utilizados para mezclar.
 
 
En esta bodega se elaboraba el Antigua Reserva -nombre que adquiere esta etiqueta por el largo tiempo que demora en hacerse-, Don Matías, Isidora -en honor a los fundadores de la viña-, Finis Terrae -bautizado así por cómo era nombrado Chile en los mapas, siendo un homenaje al vino chileno- y Lota -en tributo al carbón y la importancia de esa ciudad en el desarrollo económico del país-. No obstante, en 1992 la viña dejó de producir en ese lugar -salvo los dos últimos vinos mencionados- para trasladarse a Buin. 
 
"Acá seguimos con toda la producción completa de Lota y Finis Terrae y vamos a seguir así, creo, por unos 20 años. Ambos vinos siguen siendo algo muy romántico para nosotros, son de las parras con que nosotros partimos, y son de producción muy limitada. A nosotros se nos acaba el Lota y no hay más, no somos como otras viñas que pueden seguir produciendo", afirma Cousiño.
 
Lo que motivó el traslado, según revela la encargada de marketing, fue que "Santiago fue creciendo alrededor nuestro y nosotros dentro de todo nos vimos semi obligados a cambiar el lugar porque nosotros somos una viña sustentable, pero no orgánica. La contaminación de la cuidad no nos afectaba, algunas de nuestras parras ya tiene 80 años y lo que hacen es buscar el agua kilómetros bajo tierra, donde no hay contaminación y donde encuentran otros tipos de minerales, entonces no nos produce exactamente nada estar acá en la ciudad. Al final nosotros producimos más para Santiago porque somos un pulmón, le damos aire".
 
Fue así como parte de la bodega queda como una especie de museo, donde se puede aprender cómo han evolucionado los diferentes procesos a la hora de hacer el vino.
 
En un comienzo, el trabajo de la viña era muy familiar y se les pagaba por canasto, los cuales eran dejados sobre rieles -un sistema muy innovador para la época y no muy común-, los que transportaban estos recipientes llenos de uvas al interior de la bodega. Allí, otros hombres que estaban en las alturas los recibían y lo depositaban en las cubas. Cuando las barricas se llenaban, se movían sobre el riel hasta unas compuertas que estaban en el suelo, a través de las cuales se podían bajar al subterráneo para ser guardadas.
 
 
Allí también se puede ver cómo se embotellaba. Para esto, la viña modificó un motor de camión, lo que agilizaba el proceso de llenar las botellas, por lo que se pasó de una a seis. Era un mecanismo rápido y moderno para esos años, dado que cuando se colmaba una botella, inmediatamente había que cambiarla por otra, así hasta que se acabara la barrica. "Todo lo que se producía en un día eran unas 300 botellas y ahora podemos embotellar mil, dos mil o muchos más", acota la encargada de marketing.
 
Este museo también contempla una biblioteca de vinos, siendo el más antiguo de 1978. "Lo que hacemos es guardar 300 botellas de cada año de Antigua Reserva cabernet sauvignon, Finis Terrae y Lota, para después hacer verticales y ver la evolución del vino y qué podemos cambiar", específica.
 
Las botellas son guardada en una cava subterránea, que también data de 1856, que siempre se mantiene a unos 15 grados, temperatura ideal para guardar vinos. "Esto era bastante vanguardista para la época, porque querían que todo estuviera bien hecho. No se conformaron con el hobby de tener un viña, lo que querían era hacer el mejor vino de Chile y del mundo", narra Cousiño.
 
Las innovaciones han seguido hasta el día de hoy, dado que recientemente se ha incorporado un artefacto encargado de separar las uvas, trabajo que anteriormente sólo desempeñaban mujeres, por tener manos más delicadas que los hombres. "Es una máquina súper moderna, creo que es la única que hay en Chile, que va dividiendo y limpiando las uvas, por lo que es un vino más puro. No sabemos cómo ha quedado porque el vino se va a lanzar el 2020, entonces recién ahí vamos a saber cómo funciona. Eso es lo que pasa con el Lota, se espera un montón para que pueda salir", revela Elisa Cousiño. 
 
Desde dentro
 
Para quienes quieran conocer esta viña, se ofrecen diferentes tipos de tour. Todos contemplan un recorrido por las parras y la visita a la bodega, que dura unos 45 minutos, y un maridaje, el que varía dependiendo de la cantidad de vinos que se elijan, siendo el básico de cuatro variedades. Además, está la opción de recorrer las inmediaciones en bicicleta.
 
La hacienda posee una tienda y un bar de vinos, donde se pueden encontrar diferentes etiquetas por copa y tablas de quesos para acompañar.
 
Dentro de los vinos a los que se puede acceder está Lota, el cual recientemente obtuvo doble medalla de oro en el  “Sakura, Japan Women’s Wine Awards 2016”, concurso de vinos internacional donde el jurado está compuesto exclusivamente por mujeres; un nuevo reconocimiento para esta viña que dejó de ser un sueño para convertirse en un referente de la industria vitivinícola chilena.

Autores

Loreto Oda Marín