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Los desafíos del manager doctor
Jueves, Julio 17, 2014 - 11:11

Los programas de administración de organizaciones de salud se extienden dentro escuelas de negocio y otras facultades universitarias. Los médicos que se deciden por la práctica privada en oficinas de su propiedad se hayan entre los principales interesados en estas habilidades y conocimientos.

La imagen tradicional de un médico es la de alguien con la habilidad de salvar vidas y sanar enfermedades. Ese es el núcleo de la Medicina, una profesión que supone para el practicante la dedicación a sus pacientes, y enseña las habilidades necesarias para lograr la curación. Entre las razones por las cuales la Medicina es una de las profesiones mejor retribuidas que también están bien vistas socialmente, está que un médico debe prestar la misma calidad de atención, al margen de cuán profundo sea el bolsillo, o resonante el apellido, de sus pacientes. 

Históricamente, esa ha sido la fuente de tensión más importante en la Medicina: la nobleza de su propósito y el costo de sus servicios. Hoy día no lo es menos. Con el avance de la ciencia, los médicos tienen a disposición equipamiento y soluciones de todo tipo, pero al mismo tiempo eso hace que los costos de la atención médica hayan escalado a niveles alucinantes. Mientras que la salud pública es una de las preocupaciones más importantes de una sociedad y un gobierno, son los médicos que ejercen privadamente quienes se ven obligados a navegar de una forma más consciente esta tensión. El objetivo sigue siendo prestar la mejor atención posible a sus pacientes, pero simultáneamente su oficina debe funcionar con eficiencia, mantenerse dentro de un presupuesto, cubrir deudas, y generar dividendos.   

Para ayudar a los médicos a desempeñar mejor roles asociados con la administración de negocios, es que varias universidades, escuelas de negocio o escuelas de salud pública, vienen incluyendo en sus catálogos programas ejecutivos o maestrías enfocadas a la administración de organizaciones de salud.

Objetivos y herramientas

Cuando se trata de establecer parámetros que definan el buen funcionamiento de una oficina médica, el profesor David Méndez, director de la maestría ejecutiva del departamento de Administración y Políticas de Salud en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, en EE.UU., argumenta que “el problema de la salud no es maximizar ganancias, sino la calidad de la atención al paciente al menor costo posible. La idea que debe predominar en la gestión de un sistema de salud es cuál es la mejor manera de obtener la mejor calidad posible, mientras se contienen los costos”.

Ahora bien, para manejar una organización se requieren conocimientos y habilidades cuyo estudio, por lo general, no se incluye en los programas de Medicina. Aunque no es obligatorio o requisito indispensable participar en uno de estos programas para manejar una oficina médica, el profesor Manel Peiró, director del programa de Administración de Salud en la española Esade, dice que “aquellos doctores que buscan esta formación tienen la ventaja de aprender rápido cuestiones que hace tiempo están establecidas”. Con esto estarían menos propensos a cometer errores de gerencia. 

Desde la perspectiva de Peiró, los médicos deberían tener mayor dominio sobre cómo funcionan las organizaciones sanitarias, “porque es muy difícil ejercer la medicina aisladamente. Es más habitual encontrar que los médicos ejercen su profesión en grupo, dentro del marco de una organización. Si no tienen un mínimo conocimiento acerca del funcionamiento de esa organización, en ocasiones se da la incomprensión entre las partes, la administración y los médicos, por lo que se piden unos a otros”.   

Cuando se diseñan los programas, se consideran las habilidades gerenciales que pueden necesitar los médicos. “Estos programas dan una visión sobre el sistema de salud, cuáles son los principales stakeholders, cómo se configura el sector de las aseguradoras, qué actores pagan y cuáles suministran, cómo se financia el sistema en general. Además, se ofrecen conocimientos sobre contabilidad, tecnologías de la información, cuestiones de epidemiología y comportamiento del paciente que pueden influir sobre la salud de la población, y se conversa sobre cómo manejar operaciones dentro del contexto clínico. Es decir, saber evaluar flujos de entrada, permanencia, salida y reingresos de pacientes a un sistema, entender cuándo estos índices pueden salirse de lo regular y cómo acercarlos a cifras óptimas”, explica Méndez.

En la Universidad de Miami, el programa que ofrece habilidades gerenciales a clínicos es el MBA en Administración y Políticas del Sector de Salud. Este ha sido impartido desde hace 35 años dentro de la Escuela de Negocios, con el propósito de hacer énfasis en conceptos administrativos, técnicos, de liderazgo y de negocio. El director del Centro de Management del Sector de la Salud Steven Ullman indica que “la dirección de oficinas médicas ha ganado complejidad ha medida que el contexto se transforma”

Ciertamente, los marcos legales que rigen la práctica de la medicina privada y pública están cambiando internacionalmente. En países donde tradicionalmente el sistema de salud era público, como los nórdicos, ha crecido el número de clínicas privadas. Mientras, en EE.UU., la introducción del Affordable Care Act ha alterado los sistemas de costos, el funcionamiento de las aseguradoras, y las relaciones de las oficinas médicas con otros actores como agencias de enfermería o centros de recuperación. 

“El nivel de documentación que es necesario mantener, el uso de registros médicos electrónicos, y la supervisión de parte de instancias estatales y federales del gobierno, afectan de forma significativa la práctica de los doctores”, explica Ullman.

Asimismo, Ullman suma otras habilidades que deben desarrollar los médicos propietarios de sus oficinas, “deben conocer cómo delegar responsabilidades sobre personal colaborador, necesitan tener una idea sobre contabilidad en tanto las oficinas hoy día están mucho más sujetas a auditorías conducidas por agencias reguladoras”. 

Tecnología y contexto

Peiró advierte que el impacto tecnológico ha sido enorme, desde la modernización de procesos de registro y bases de datos, hasta permitir diagnósticos más efectivos y formas de control más eficientes. “Mejoran mucho los aspectos administrativos, la citación de pacientes, la facilidad cuando hay que acudir a servicios auxiliares, como la programación de actividad quirúrgica”. 

Sin embargo, para el profesor de Esade uno de los impactos más fuertes de la tecnología de la información se relaciona con lo que implica para la protección de datos, y la privacidad. “Es un ámbito que hace años no estaba tan desarrollado, ni regulado como ahora, que sí es fundamental”. 

Con todo, algunas voces llaman la atención sobre el hecho de que a raíz de la implementación tecnológica, se ha generado un foco excesivo en el tema de la eficiencia que puede resultar lesivo para el cuidado del paciente individual. A su vez, se discute si el uso de dispositivos móviles que posibilitan a los médicos actualizar los registros casi al mismo tiempo que tratan al paciente, puede redundar en que pierdan el foco en la observación de estos. 

Sobre esto, Ullman refiere que “efectivamente algunas prácticas de la medicina están empleando a parte de su personal colaborador como escribas que asumen el rol de documentar los casos, empleando esos recursos tecnológicos. Así el doctor puede dedicar totalmente su atención en el paciente. Algo tan simple como el contacto visual es importante, y se convierte en un tema si el médico está dividiendo su atención al tener que entrar por sí mismo los datos al sistema”. 

Sin dudas, en medio de los cambios que ocurren en las sociedades modernas, en países desarrollados especialmente pero cada vez más en las economías en desarrollo, los gobiernos de todas partes deben prepararse para poblaciones que envejecen. Según los expertos, una de las consecuencias será el aumento de incidencias de enfermedades crónicas. En muchos casos el desafío fundamental es poder balancear los presupuestos de salud pública nacionales. 

En este sentido, Méndez observa con grandes expectativas el desarrollo de aplicaciones tecnológicas, tanto informacionales como de otros ámbitos. “Creo que la tecnología de la información está aún en su infancia dentro del ámbito de la Salud Pública, y con todo ya impacta grandemente la atención médica, hay muchas formas en que puede transformar el contexto”. 

El profesor de la Universidad de Michigan refiere que entre las varias posibilidades que se generan a partir de la tecnología de la información se incluyen “el poder compartir las bases de datos y los detalles entre varias organizaciones, los medicamentos que un individuo ha estado tomando o sus alergias, qué interacciones tiene, se puede facilitar la comunicación con el paciente y los controles rutinarios, monitorear a distancia niveles de pulsación, presión arterial, niveles de azúcar, entre otras muchas cuestiones. Eso ayudará a contener los costos”. 

Pero otras características del contexto también pueden afectar el balance de costos generales y particularmente los servicios en las oficinas médicas. Sobre esto, Ullman resalta una diferencia significativa entre los contextos de países latinoamericanos y de EE.UU. Dentro de este último, los doctores tienden mucho más a elegir especialidades dentro de la Medicina.

“Aproximadamente un 80% de los doctores estadounidenses son especialistas y un 20% se dedican a los cuidados primarios. En muchas partes de América Latina la tendencia es lo contrario, entre un 75 y 80 % son médicos generales y 20% se especializa”, comenta Ullman.

A juicio del profesor de UM, “esto puede resultar en que otros países ponen mayor foco en el cuidado preventivo, en comparación a lo que vemos en EE.UU., donde lo predominante es el tratamiento luego de la enfermedad diagnosticada”.   

Manel Peiró concluye llamando la atención sobre la dimensión de liderazgo del rol de los médicos dueños de sus oficinas, sea que intervengan o no en la administración de la misma. Aunque los doctores contraten los servicios de un manager especializado, el profesor español aconseja que “las decisiones estratégicas más grandes deben quedar en sus manos. Es una frontera crucial. De otra manera, a medida que la clínica crece y gana en complejidad puede tomar un recorrido que quizás no le interesa al médico, quien luego se ve en circunstancias con las que no está de acuerdo sin saber qué lo llevó hasta ahí”.   

Después tomar las decisiones estratégicas más grandes las llevan los médicos propietarios o responsables de los centros sanitarios, no están y no pueden traspasarlas a manos de los managers. Esa frontera es crucial y muy importante. De otra manera, la clínica médica a medida que va ganando complejidad va marchando por un recorrido que a lo mejor no le interesa al propio profesional y no sabe por qué se ha producido esto.

Autores

Jennifer P.Roig