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This Machine Kills Secrets
Martes, Marzo 12, 2013 - 14:10

La disposición de empleados a exponer secretos institucionales, por venganza o conciencia, siempre ha existido. Con internet la posibilidad de divulgar secretos incómodos ha adquirido otra velocidad. Y de esto se hace cargo el libro escrito por Andy Greenberg.

La saga WikiLeaks tuvo uno de sus puntos de alta audiencia cuando su fundador, Julian Assange, entró a la embajada de Ecuador en el Reino Unido en septiembre de 2012 solicitando asilo diplomático para evitar ser deportado a Suecia por cargos de abuso sexual. Fue durante estas semanas cuando salió el libro de Andy Greenberg

Como él mismo lo describe, no es un capítulo más en esta historia, como tampoco un relato sobre el controvertido Assange. Es una mirada a quienes han dado forma a esta máquina que destruye y filtra secretos de empresas, gobiernos e instituciones internacionales, no sólo a la prensa, sino al público en general. 

Alimentada ideológicamente por liberales, libertarios y anarquistas, lo que Greenberg denomina máquina mata-secretos existe porque hay personas con acceso a información comprometedora, dispuestas a divulgarla y asumir los costos.

Greenberg, periodista de la revista Forbes especializado en tecnología, seguridad de información y libertades civiles digitales, identifica al Dr. Daniel Ellberg y los famosos Papeles del Pentágono como uno de los puntos de partida de “las fuerzas que han trabajado” para el nacimiento de la máquina mata-secretos. 

Ellberg visitó Vietnam como analista de alto rango, tuvo acceso a los archivos oficiales y pudo comprobar que su gobierno había mentido sistemáticamente acerca de los orígenes y alcances del conflicto en el sudeste asiático.

Fotocopió el inmenso informe y se lo entregó al New York Times, que comenzó a publicarlo por partes en junio de 1971. El gobierno de Nixon demandó al periódico ante la justicia y finalmente perdió, en uno de los casos más emblemáticos de defensa de la libertad de expresión. 

Difícilmente podemos comparar al altamente calificado Ellberg con Bradley Manning, soldado de bajo rango estacionado en Irak, que reveló a WikiLeaks el video Collateral Murders, donde se mostraba el asesinato de civiles y de un periodista en Bagdad por las fuerzas de ocupación estadounidenses. Pero entre ambos hay 40 años de desarrollo tecnológico y un gran número de actores que se han sumado a la causa. 

Por esta razón, el libro de Greenberg analiza el quehacer de criptógrafos y ciberpunks, libertarios y anarquistas contrarios a que el Gran Hermano se apodere de internet. Las páginas del libro muestran cómo los sistemas de codificación se han complejizado desde PGP hasta Tor, y nos brindan un soberbio relato sobre sus inventores Phil Zimmermann y David Chaum. 

También nos hablan de ciberanarquistas como Tim May, ex físico de IBM e Intel, creador de Black Net, prototipo especializado en la fuga de secretos, o Jim Bell, cuyo escrito de 1997, Asesinar la Política, le costó la cárcel. 

Multifacética y multiideológica, la maquina mata-secretos ha expandido sus fronteras en los últimos años. WikiLeaks es una de sus caras globalizadas, así como los Balcan Leaks, centrados en revelar la ropa sucia de gobiernos de Europa del Este, o la activista-parlamentaria islandesa Brigitta Jondsdottir, promotora de la Icelandic Modern Media Iniciative que busca transformar a Islandia en la Suiza de internet.   

Éstas son las caras visibles, porque otro aspecto paradojal de la máquina es que aún conserva gran parte de su anonimato. Esto lo que ocurre con el “Arquitecto”, como se denomina al misterioso ingeniero que trabajó con Assange y con Daniel Domscheit-Berg, otro de los fundadores de Wikileaks, durante las filtraciones de 2010, para luego unirse a Open Leaks, el nuevo proyecto de Domscheit-Berg. Claro, una cosa es revelar secretos y otra, revelarse a uno mismo.

Autores

Loreto Urbina