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Malala Yousafzai y su lucha por la educación: “Si no alzamos la voz, las cosas no van a cambiar”
Viernes, Abril 20, 2018 - 10:00

La ganadora más joven del premio Nobel de la Paz cerró con una conferencia magistral el eLive 2018 de Ellucian en San Diego, California, donde fue consultada respecto a su historia y su lucha por una educación para todas y de calidad.

Marcaban las 10:30 horas cuando Jackie Yeaney llamaba al escenario del Centro de Convenciones de San Diego, a la activista más joven hoy reconocida a nivel mundial. Los aplausos y vítores de emoción llenaron cada espacio del salón y claro, es que la historia de Malala Yousafzai marca un antes y un después en la lucha por la educación, y presenciar su mensaje en vivo, en el cierre de eLive 2018 de Ellucian, emocionaba a los presentes.

El nombre de esta joven se basa en Malalai, la mayor heroína de Afganistán. Su padre lo decidió así y es él precisamente quien decide tratarla con igualdad y entregarle las mismas oportunidades que se le ofrece a un niño en Pakistán. Ziauddin matriculó a su hija en el colegio visibilizando sus derechos. “El sacó mi voz. Mi papá no cortó mis alas y permitió que yo volara”.

Recuerda que a sus 10 años la vida en el valle de Swat era pacífica a pesar de los retos que existían, el lugar era bonito y los turistas se hacían ver en cada una de las temporadas. Pero de repente el cambio fue rotundo.

“Comenzaron a divulgar el mensaje que las mujeres no tenían los mismos derechos ni libertades. Para mí era inaceptable y esa situación fue la que me motivó a alzar mi voz. Ninguna niña podía ir a la escuela, yo quería ser doctora, ganar mi propio dinero y tomar mis propias decisiones. Recuerdo que ese día me levanté y empecé a llorar”, cuenta Malala.

Su historia de lucha

En 2007, talibanes tomaron el control de Swat y al año prohibieron a las niñas continuar con su educación. En ese momento fue cuando bajo el seudónimo de “Gul Makai”, Malala da origen a un blog para la BBC sobre su vida bajo este régimen. Recuerda tener 11 años cuando escribía sobre su derecho de estudiar y se decía, “sigue adelante, no te detengas”.

Dos años más tarde, gracias a la intervención del ejército pakistaní, la resistencia se debilita y los talibanes se retiran. La escuela vuelve a abrir sus puertas y esta joven musulmana comienza una campaña para que sus pares vuelvan al aula. Así gana su primer reconocimiento público: el Premio Nacional de Paz Juvenil de Pakistán.

Su mensaje comienza a ganar fuerza a tal punto que es atacada el 9 de octubre de 2012 por un hombre, quien se sube al bus escolar y se refiere a ella por su nombre, disparándole en tres ocasiones. Con sólo 14 años sobrevive y debe ser trasladada a Reino Unido para ser sometida a múltiples cirugías y meses de rehabilitación.

Años después del atentado, da inicio a una lucha constante acompañada de su organización “Malala Fund” y dedicar sus esfuerzos en alzar la voz en pro de aquellas niñas que no tienen acceso a la educación. Y es que asegura que es clave y por múltiples razones: reducir el crecimiento de las familias, evitar matrimonios a temprana edad y en la lucha de la pobreza buscando trabajo.

La educación como prioridad

Su mensaje es claro y apunta directamente a las políticas gubernamentales. “Cuando se educa a las mujeres ellas forman parte de los recursos del país, también ayudan a contribuir a la economía y las ventajas son muchas. Es bueno seguir recordando a nuestros líderes, a nuestros políticos, que esto no es sólo educar a una niña individual sino también es un beneficio a largo plazo para la sociedad. Entonces, tenemos que invertir en la educación de las niñas”.

Malala tenía 17 años cuando se convierte en la ganadora más joven del Premio Nobel de la Paz por su historia y lucha en diciembre de 2014. Este reconocimiento la posiciona como una potente líder a tal punto de convertirse en una referente respecto al posicionamiento de la mujer en una sociedad, aún machista.

“La mujer en sí tiene muchos retos, de ganar lo mismo que los hombres, de tener las mismas oportunidades de negocios y liderazgo, de enfrentar los acosos y tener que quedarse en silencio. Yo creo que este movimiento que está creciendo nos da esperanza a todas nosotras porque nos damos cuenta de que si no alzamos la voz, las cosas no van a cambiar”, dice la joven pakistaní.

La importancia de la tecnología

Ya cursando su tercer semestre de Filosofía, Ciencias Políticas y Economías de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, la joven activista tiene claro el valor de la tecnología en la educación no sólo como complemento sino para impulsar la educación de calidad a quienes no tienen acceso por diversos motivos.

“Imagínense la importancia de esta herramienta para enseñar a estas nuevas generaciones. Esto es algo que estamos considerando ahora y ver cómo utilizamos la tecnología para poder llegar a esos niños que no pueden ir al colegio, que tienen problemas o viven en áreas rurales. El uso de la tecnología facilita el acceso y puede hacer realidad nuestros sueños: darle educación a todos los niños de una forma más fácil y más rápida”.

Actualmente, más de 130 millones de niñas en todo el mundo no tienen educación y es por ellas que Malala alza su voz. Cada cumpleaños realiza viajes y conoce historias que le inspiran. En su conferencia magistral quiso compartir una de ellas: “recuerdo cuando fui a Kurdistan y conocí a una niña que me contaba que tenía 14 años cuando sus padres le dijeron que se iba a casar. Llegó el día de la boca, ella se quitó los tacones y se fugó. Cuando ella regresó, rogó por tener educación”.

Continuó: “lamentablemente llegó ISIS al lugar y tuvo que comenzar a trabajar además de recibir un disparo en su brazo. Hoy está en un campamento, está recibiendo educación y alzando su voz. Ella contó su historia en la ONU y señaló por qué la educación es importante, es una lucha todos los días. He escuchado muchas historias de mujeres hasta ahora. Me da tranquilidad de que ellas también son activistas y alzan su voz”.

Su tiempo es acotado pero su mensaje es tan potente que deja una sensación de esperanza en el salón del Centro de Convenciones. Malala cuenta que aterrizó y vio la hermosa puesta de sol de San Diego un día antes de la conferencia magistral. 24 horas después se prepara para viajar a Canadá donde continúa su vida social liderando la lucha por la educación de niñas en todo el mundo.

Autores

Josefina Martínez