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María Ghersi: “La mujer sigue sosteniendo el equipaje de la inferioridad de género"
Miércoles, Mayo 31, 2017 - 13:20

El futuro, definitivamente, es femenino. Debe serlo, sobre todo en esos lugares donde, señala la activista venezolana, esta discusión íntima y social no tiene lugar alguno.

María Ghersi nació en Mérida, Venezuela, un 14 de septiembre de 1977. Ha vivido en varios países (Inglaterra, México, Estados Unidos), pero una “parte de mí siempre estará en Venezuela”.
 
Se dedica a la edición de video, pero también es una activista del feminismo. Lo hace desde su blog (machixblue.blogspot.com) y también desde redes sociales (@machixblue).
 
Siempre estuvo cerca del feminismo, aunque el evento que la hizo feminista fue uno: la maternidad: “Definitivamente, hubo un evento que cambió mi forma de ver a la mujer a través de todos sus ángulos y ese momento empezó a tomar forma con mi primer embarazo”.
 
Empezó a mirar de modo diferente esos “discursos que damos por buenos y que nos minimizan y nos sellan, en muchos casos, para toda la vida”. Como le sucede a muchas feministas, la conciencia del discurso dominante fue un despertar, casi una epifanía.
 
Notó los roles sociales que jugamos —y que aceptamos, aclara— así, comenzó a cuestionárselo todo. “Mis hijos son varones, sentí una gran preocupación por las presiones por las que pasan, las omisiones que los caracterizan y la cultura que los educa y los planta a la defensiva frente a las mujeres”.
 
Su labor, dice, entonces era doble: responder a sus propias preguntas y acompañar el crecimiento de unos hijos que estarían expuestos al discurso del machismo y supieran identificarlo. “Y así ir dándole voz a esos silencios del pasado”.
 
María aprecia el modo en el que el discurso feminista de tiempos anteriores se ha visto renovado en las nuevas generaciones. “En los últimos años se ha logrado de alguna manera pasar del discurso a la práctica y las jóvenes en algunas partes del mundo están empezando a comprender una parte de lo que el feminismo ha considerado vital en los enunciados que proclama hace décadas y eso es lo que concibe que el respeto a la mujer comienza desde dentro”.
 
Para ella, la frase The future is female es más que el eslogan vacío de una tapa de revista, sino una promesa que “tiene gran fuerza, promete cambio y ese debe ser el único objetivo de la mujeres que nos consideramos feministas”.
 
 
“Cuando una niña lee o porta un afiche con la frase The future is female las creencias adquirirán valor precisamente en ese lugar de la estima que no nos enseñaron a cultivar a las mujeres de estas generaciones, donde el futuro no era tema de género ni de justicia social”. El futuro, definitivamente, es femenino. Debe serlo. Sobre todo en esos lugares donde, señala, esta discusión íntima y social, que es el feminismo, no tiene lugar alguno.
 
Sobre el término “feminazi” con el que tantas feministas (quizá todas) han de lidiar cotidianamente no se anda con cosas: “me parece un término ofensivo y violento porque hace referencia a una época dolorosa y cruel”. Un insulto que anula el diálogo porque “radicaliza la discusión, lo que hace es restarle autenticidad a las dudas. El lenguaje es el mensaje que construye o destruye las luchas sociales”.
 
En su experiencia internacional, María ha conocido diversas maneras en que hombres y mujeres se desenvuelven. Ahora vive en EU. La pregunta: ¿visto desde allá, supuesto primer mundo, las relaciones entre hombres y mujeres han cambiado?
 
“Los roles han cambiado en una pequeña proporción porque la economía y la fuerza femenina están obligando a los hombres a entender que las mujeres queremos y debemos realizarnos, queremos trabajar y estamos creciendo gradualmente dentro de organizaciones que antes no lo hubieran permitido”.
“La mujer sigue sosteniendo el equipaje de la inferioridad de género
También las mujeres que se dedican sólo a su casa “están entendiendo la relación mujer-hombre de otra manera”. Sin embargo, explica, en el ambiente los roles siguen vigentes. “Me atrevería a afirmar que en Estados Unidos, socialmente se le ve a la mujer en los mismos términos que en México o en Venezuela”. ¿Cuál es este rol femenino tan pegajoso? “El de las emociones, el de cuidar a ‘los suyos’”. El hogar, el servicio, el cuidado de la familia.
 
“La mujer sigue sosteniendo el equipaje de la inferioridad de género, sigue luchando, pero el orden social es tan agudo y tan sutil que su fuerza la devora entre la vida real, el manejo de su tiempo y las múltiples funciones en las que los hombres no participan”.
 
María Ghersi dice que no tiene algo así como autoras feministas base, pero sí muchas mujeres que la inspiran como feminista y como creadora. “Son muchas las formas en que se pueden tener encuentros íntimos y significativos con el feminismo, a través de la prosa de Sor Juana Inés de la Cruz, la literatura aguerrida de Gioconda Belli, la voz de Antonia Palacios, venezolana, quien denunciaba la falta de difusión y valoración de las obras literarias escritas por mujeres a finales del Siglo XX”.
 
Frida, Nahui Ollin, Leonora Carrington la acompañan. Las mujeres que se dedican al cine, a la fotografía, “las que sostienen pueblos enteros tejiendo y bordando historias en la provincia, las que se levantan en la madrugada para echar a andar sistemas de organización en una comunidad, las que enseñan, las que lanzan redes de pesca al mar”.
 
A últimas fechas se han estado discutiendo temas como el acoso callejero y el consentimiento sexual. Son temas recurrentes en México y también en buena parte de Occidente. Sin embargo, ¿no será que estos temas distraen del tema mayor que es el feminicidio?
 
Para la activista el feminicidio es una cultura: “El tema del acoso callejero está ligado al feminicidio, el lenguaje del día a día está ligado al feminicidio, la cultura está ligada al feminicidio, la economía, el arte, el cine, la literatura, la política, las familias, las escuelas y universidades han incurrido en la imperdonable omisión de no tocar los temas de la manera en que las mujeres los necesitan.
 
“El feminicidio se ha normalizado, no con la misma rapidez que el maltrato y la discriminación, pero sí con la misma intensidad que el machismo. Nace de él, es su hijo interiorizado, desarrollado, descarado, ése al que nadie le ha puesto un alto, al que en algunos sitios no se le ha cuestionado nada”.
 
 
Es necesario que el tema de la igualdad de género “se toque desde que nacemos (si así fuera) tendríamos sociedades fieles a la idea de igualdad que supieran leer el significado del NO y supieran disfrutar de la armonía que necesita un SÍ libre. Cuando la palabra femenina tenga la misma consideración que se le tiene a lo tonos masculinos podremos decir que estamos entendiendo la lucha contra el abuso de género y el machismo”.
 
Dice Ghersi que el activismo femenino es cada vez más presente, pero duda: “No estoy segura de que esté cumpliendo con sus objetivos originales. Se ve y éste es un gran avance, pero no creo que su verdadero significado, su verdadero alcance, esté llegando a buen recaudo o esté cumpliendo con las premisas mínimas”.
 
El temor de hombres patriarcales es una buena señal, pues “hasta los hombres lo están viendo, le temen, no está estancado, se mueve, pero desde los lugares comunes”.
 
El gran defecto del feminismo hoy es que es abierto en su comunicación, pero no en su ejecución: “Las feministas de algunos grupos tienden a ignorar a las mujeres que no se dedican a lo que ellas. Es un círculo que cumple sus ciclos y comienza desde estas mujeres para abarcarse y terminar en ellas mismas y se asume que sólo ellas nos representan a todas, reproduciendo una de las aristas del más burdo patriarcado. Si se abrieran espacios a mujeres del campo, de los vecindarios, de los pueblos, de las colonias y a aquellas que no tienen espacios donde hacer escuchar su voz”.
 
El feminismo está presente, al frente, y así ha de ser en una sociedad donde la equidad de género es todavía una quimera. Ghersi está de acuerdo, pero el feminismo, como revolución, ha de ser incluyente.
 
“Las revoluciones se organizan desde el sentimiento más sencillo, es preciso ir por las mujeres menos privilegiadas, contar con ellas, son la razón de las verdaderas revoluciones, de las mujeres de a pie, de aquellas que no pueden publicar un texto, que no pueden leer un libro, ni un reportaje que les cuestione las costumbres interiorizadas, de aquellas que no tienen acceso a las redes sociales y no conocen los nombres de las que trabajan en nombre de ellas, que viven el día a día defendiéndose del machismo en todas sus formas”.
 
“De ellas”, afirma María, “obtendríamos otros sentidos de lucha, los más humanos, los que despiertan instintos de sobrevivencia, de resistencia, esos sentidos que las hacen parte de las estadísticas y al mismo tiempo no las toman en cuenta. La lucha de las que contamos con privilegios desde temprana edad debe estar centrada en llegar a estas mujeres y darles la voz que el feminismo necesita.

Autores

Concepción Moreno/ El Economista.com.mx