Trabajar mucho. Y después de terminar, seguir trabajando mucho e inclusive más. Ése es el panorama que afronta y continuará enfrentando la minería en el mundo y, por supuesto, la de Latinoamérica. Cambios tributarios, más exigencias ambientales y de sustentabilidad con las comunidades, entre otros factores, agudizan el panorama que dejó el fin del súper ciclo de precios altos de los commodities. 

Ante este nublado horizonte, las empresas mineras de todo el mundo, y en particular las que operan en América Latina, están recordando el añejo refrán “a batir el cobre”. La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define como trabajar mucho para producir utilidad, buscando los ajustes que les permitan volver a tener la gallina de los huevos de oro que fue la minería en la década pasada. ¿Podrán lograrlo?

Esta nueva disciplina deberá enfrentar, por ejemplo, cambios impositivos con los cuales varios gobiernos de la región quieren reducir la desigualdad y mejorar los servicios públicos. En Chile la reforma tributaria que se discute en el Congreso, y en México la que se implementó a partir de este año. Ambos Estados son líderes mundiales en la producción de cobre y plata, respectivamente, y estas modificaciones de los códigos impositivos implican el pago de más tributos y una pérdida de atractivo ante los inversionistas locales e internacionales.

En el caso de México, se suma el hecho bochornoso de que en algunas zonas donde realiza sus explotaciones mineras señorea el narco y, de hecho, se ha vinculado al cartel de Los Caballeros Templarios con la exportación de hierro a China.

Te quiero verde

Aunque Federico García Lorca nunca pensó en minería cuando escribió su Romance sonámbulo, los gobiernos han hecho suyo el verso “verde que te quiero verde” del vate español: hoy exigen respeto por las comunidades y el medio ambiente. Y si bien esto implica un acomodo a las tendencias de los países desarrollados, también impacta en el progreso minero. Así, no extraña la paralización de los proyectos por largos períodos, dada la extensión de los plazos para obtener los permisos, además de la judicialización y politización. 

El tema es un factor determinante en Perú. Conseguir licencias es un proceso que podría tomar seis meses, dice Beatriz Quispe, socia de minería de Deloitte en esa nación. Y en la práctica podría demorar más. Debido a la mecánica vigente para aprobar los estudios de impacto ambiental y a la necesidad de conquistar la venia de las comunidades puede tomar sobre dos años, agrega.

El panorama se replica en el resto de la región. En México han surgido demandas de más control en los yacimientos a rajo abierto en los que se utiliza cianuro, que contamina aguas superficiales y subterráneas. A ello se suman las reivindicaciones de pueblos ancestrales que, en el caso de la canadiense First Magestic Silver, redundó en la renuncia de una parte de su concesión en San Luis de Potosí para evitar mayores tensiones con los indígenas Wirrarika.

La situación en Colombia es delicada y la retrata Manuel Rodríguez Becerra, ex ministro de Medio Ambiente del país cafetero. En el gobierno de Álvaro Uribe se “entregaron títulos mineros en todo el territorio nacional, incluyendo en sitios que de por sí son ilegales, como parques nacionales, que al final no van a tener ningún efecto, pero que indican el enorme desorden”, dice.

No todo lo que brilla es oro, dice el refrán. Y lo saben de sobra en la canadiense Barrick Gold, cuyo polémico proyecto aurocuprífero Pascua Lama, de más de US$8.500 millones, está paralizado en el lado chileno por irregularidades cometidas en el manejo de aguas, aunque sigue su curso en el lado argentino.

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Los actores del rubro tienen que hacer su parte, asegura Alberto Salas, presidente de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), en Chile. “Es necesario avanzar en la gestión social y medioambiental de nuestros proyectos, asegurando de este modo su sustentabilidad”, dice.

Año para el olvido 

En términos numéricos y operacionales, 2013 fue para el olvido en la minería. La capitalización bursátil retrocedió 23% hasta US$958.000 millones, según el estudio Realineando expectativas, de PwC. Pero la guinda de la torta fueron las caídas de precios. De muestra, dos botones: el oro –que tiene en Perú al quinto productor mundial– tuvo su mayor declive en más de tres décadas al descender 27% en 12 meses. El cobre tuvo una pérdida anual de 7,9% al promediar US$3,32 la libra en dicho ejercicio, el nivel más bajo desde 2009.

Con ese escenario de precios no es de extrañar que las utilidades netas agregadas de las 40 mayores empresas mineras del planeta –de las cuales una buena cantidad tiene presencia en la región– cerraran 2013 con una caída de US$20.000 millones respecto al año previo, según el informe de PwC.

La reducción de los estímulos de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y la ralentización de China se confabularon, junto con otros factores, para generar esta situación. Y sorprendieron a un sector que, ante una época de bonanza, descuidó sus costos.

Por eso, la austeridad pasó a ser la máxima y las mineras se vieron obligadas a disciplinarse para optimizar procesos: recortes de personal, rebaja de salarios, renegociación de contratos y reajuste de presupuestos de exploración, entre otras políticas, han sido la tónica, dice Marcial García, socio de impuestos de EY en Perú.

En Chile, este proceso está dado “principalmente con más innovación para crear valor y disminuir costos”, dice Salas, de Sonami. Si bien ambos países comparten el mismo panorama, el de Chile fue agudizado por una sequía de siete años que impactó en la producción de hidroelectricidad, forzando el uso de fuentes térmicas –más contaminantes y caras– y elevando drásticamente los costos de la energía. Hace años que muchos claman a San Isidro por más lluvias y el santo los ha escuchado. El fenómeno climático de El Niño está haciendo sus travesuras y las precipitaciones este año se han incrementado.

Optimismo: un sobreviviente

Pese a todo, en el sector sobrevive el optimismo, aunque lejos de la euforia. Y es que la ralentización global del rubro minero no fue una sorpresa para los verdaderamente involucrados en el negocio.

Las sobreexpectativas que hubo fueron alimentadas por “personas que no están en la misma industria, que no entienden que es una industria de ciclos y que las utilidades del auge que se registró en esa época (la última década) no eran sostenibles”, dice Colin Becker, socio líder de consultoría de PricewaterhouseCoopers (PwC) en Chile.

En el mercado se sigue escuchando que el precio del cobre está alto y que las compañías tienen buenas utilidades, dice Gustavo Lagos, académico del Centro de Minería de la Universidad Católica de Chile. La falla está en la promoción de las inversiones. “En vez, se piensa en enfrentar el proceso de ajuste, que sin duda tiene la minería, no con promover la inversión extranjera sino que con ponerle más barreras”.

La demanda también dará una mano. “Va a seguir siendo creciente y sostenida en el tiempo, porque la minería es parte del desarrollo social y económico”, dice Alberto Salas en Chile. “Se espera que el cobre se recupere un poco para este año, y el oro, que siempre va a ser un refugio, debería mantenerse”, señala Mayerling Zambrano, líder del sector de energía y recursos naturales de KPMG en Perú.

Más allá de estas ayudas circunstanciales, todo indica que seguir batiendo el cobre continuará siendo la tónica en este mercado. Aunque esto, eso sí, no implica que haya que ilusionarse con regresar a los niveles del súper ciclo. 

Con la colaboración de Laura Villahermosa en Perú y de El Economista en México.