Sala de Inversión. La crisis financiera de 2008 afectó profundamente a cientos de instituciones que debieron utilizar sus últimos recursos para evitar la quiebra, otras en cambio no corrieron la misma suerte y vieron como sus acciones se desplomaron, quedando practicamente sin valor.

El caso de American Internacional Group (AIG), es una "excepción", ya que fue rescatado por el gobierno de EE.UU. (US$180.000M) evitando así un colapso mayor.

Frente a este escenario, se ha hecho difícil volver a recuperar la confianza de los inversores, por lo que sus acciones aún se cotizan con descuento en relación a sus activos, lo que las transforma en blanco de aquellos inversores tolerantes al riesgo.

Según Andrés Cardenal, de Sala de Inversión América, a lo largo de la burbuja crediticia, la compañía tomó la peor clase de riesgos posible: asegurar las posibles pérdidas en instrumentos financieros ligados al mercado hipotecario. Por lo tanto, quedó expuesta a enormes pérdidas cuando estalló la crisis.

Una quiebra de AIG hubiera dejado sin cobertura de riesgos a muchos de los grandes bancos del mundo, por lo que fue considerada “demasiado grande para caer” y recibió un salvataje gubernamental por más de US$180.000 millones, señaló el economista.

Si se tienen en cuenta los gravísimos errores que cometió su management en el pasado, no resulta extraño que el mercado aplique un descuento considerable al precio de sus acciones en relación con el valor de sus activos.

Sin embargo, ha mejorado notablemente en los últimos años. Sus nuevos directivos han logrado sanear el balance y solucionar muchos de las cuestiones legales relacionadas a la crisis. Lo peor podría haber quedado atrás y la empresa podría volver a reenfocarse en sus negocios y en generar mayor rentabilidad para los accionistas.

Robert Benmosche asumió como nuevo CEO en septiembre de 2009, tras su paso por Metlife (MET), lo que fue visto con buenos ojos por parte de los analistas de la industria, dada su experiencia y buenos manejos que había tenido en su anterior trabajo.

Con su estilo frontal y directo encaró la difícil transformación de AIG vendiendo activos, reduciendo gastos y, especialmente, liquidando la mayor parte del portafolio de derivados financieros de alta complejidad que heredó de la gestión anterior.

El gobierno estadounidense ya no tiene ningún tipo de propiedad sobre AIG, lo que ha liberado a la compañía en términos de posibilidades de crecimiento y alternativas para poder gestionar su capital.

Si bien todavía existen riesgos legales y regulatorios, ha negociado soluciones a la mayoría de los temas pendientes en ese sentido, y su management puede enfocarse, ahora, en tareas relacionadas a la gestión del negocio.

En los próximos años, la compañía tiene planeado incrementar su participación en el negocio de seguros a la propiedad, que reporta mejores márgenes de rentabilidad que el tradicional sector de seguros de vida.

Además, está llevando adelante un plan de consolidación de centros de datos para reducir los costos y mejorar la calidad de la información utilizada para procesar precios y pólizas. En definitiva, a medida que supera la etapa de adaptación post crisis, se convierte en una aseguradora más típica y tradicional, con menores complejidades.

Un punto importante a tener en cuenta es que se encuentra implementando un agresivo plan de recompra de acciones, lo que señala que su management tiene confianza en su posición financiera y, además, considera que los precios actuales de sus papeles se encuentran subvaluados.

AIG cotiza a una relación precio/valor libros cercana a los 0,60, mientras que muchos competidores lo hacen bastante por encima de esos niveles, lo que le deja un amplio margen de revalorización en caso de que continúe exitosamente por el camino de la recuperación.

Por eso, su un valor objetivo estimado es de US$45 por acción frente a los 38 en los que cotiza en la actualidad, y se recomienda la colocación de un stop loss por debajo de los 36.

 

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