En febrero de 2011 una junta de acreedores definiría el futuro de Doe Run, el mayor complejo metalúrgico de Perú y que enfrenta millonarias deudas, para determinar si cierra sus operaciones o bien realiza una profunda reestructuración.

Doe Run, una unidad del estadounidense Renco Group, enfrenta un posible cierre definitivo por no garantizar al estado peruano la ejecución de un plan de cuidado ambiental por unos US$150 millones.

Además la firma tiene una deuda de US$100 millones a sus proveedores de materias primas, entre los que se encuentran la minera de metales preciosos Buenaventura y la productora de zinc y plata Volcan, de acuerdo a Gestión, que cita a Reuters.

El ministro de Energía y Minas, Pedro Sánchez, explicó que los acreedores podrían liquidar o reestructurar la empresa. Esta última significaría el reinicio de operaciones de Doe Run, luego de acordar pagos a acreedores y garantizar el cumplimiento del vital plan ambiental en La Oroya, uno de los pueblos más contaminados del mundo.

“En el caso de la liquidación, los activos de Doe Run podrían transferirse a otras empresas en una subasta a fin de pagarle a los proveedores”, agregó.

La paralización de las operaciones de Doe Run, que alguna vez fue la sexta exportadora de metales de Perú, dejó sumidos en la incertidumbre a 3.500 trabajadores directos y a otros 16.000 empleados indirectos, lo cual podría generar un malestar social en caso de cierre definitivo.