Para analistas la concreción de los planes conjuntos entre Colombia y Venezuela es dudosa, suponen que el tema financiero será la principal piedra de tranca.

Los acuerdos energéticos suscritos entre Colombia y Venezuela en el encuentro entre sus dos mandatarios el pasado martes, lucen para entendidos en la materia como proyectos que solo quedarán en el papel, dados los precarios avances que han mostrado los múltiples planes acordados con otras naciones.

Para la internacionalista Elsa Cardozo los pactos energéticos firmados entre el presidente Colombiano, Juan Manuel Santos, y su par venezolano, Hugo Chávez Frías, son teóricamente buenos, no sólo desde el punto de vista económico, sino que también geopolítico. Sin embargo, la analista tiene serias dudas en torno a su concreción.

El elemento financiero y logístico es el primero que salta a la atención. Si con Brasil no ha prosperado la construcción de la refinería Abreu de Lima, en Pernambuco, pese a la saludable relación geopolítica entre ambas naciones, y los largos seis años que han pasado desde la firma de la sociedad: ¿puede haber certeza de que estos si se concretarán sin sobresaltos? se pregunta la analista.

Los planes rubricados son ambiciosos, no obstante son del agrado del país neogranadino, cuya economía está mostrando al mundo buena cara desde hace ya casi una década.

En materia petrolera han dado saltos cuantitativos importantes, al punto de que en menos de tres años la producción petrolera de esa nación pasó de menos de 590.000 barriles a casi un millón, al cierre de noviembre.

Sólo el acuerdo del oleoducto que saldría desde la Faja del Orinoco y llegaría a puerto Tumaco en Colombia, significarían unos 9.000 millones de dólares, en principio, según cálculos del ministro de Minas colombianos, Mauricio Cárdenas.