América del Norte concluyó un ciclo de llegada de nuevas plantas de producción de automóviles, siete programadas en el periodo del 2015 al 2023, puesto que no se prevé el anuncio de una más al menos hasta el 2020, proyectó Guido Vildozo, gerente de IHS Automotive Latinoamérica.

De ese total, una fábrica nueva, de Volvo, se ubicó en Estados Unidos, y seis en México, pertenecientes a Kia, Audi, Ford, Toyota, Mercedes-Benz Infiniti y BMW.

Este ciclo tuvo incluso una importante dimensión global, si se considera que durante el mismo periodo de ocho años, en el mundo se han programado 34 nuevas plantas de ensamble de automóviles.

“Las vacas han estado supergordas”, comentó Vildozo, en un foro organizado por el Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac (IDEA), en el que también destacó la tendencia creciente del mercado mexicano. Según sus cálculos, las ventas en el mercado mexicano subirán a un ritmo superior al del aumento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional hasta el 2018.

Pero más que ello, la producción de México está enfocada al mercado de exportación, sobre todo para el mercado estadounidense, donde el país cuenta con la ventaja de la cercanía geográfica y la integración en las cadenas de valor.

Para IHS, en las exportaciones a ese destino, hay dos ventajas. La primera es que las ventas de autos ligeros en el mercado de Estados Unidos pasarían de 17.2 a 17.7 millones de unidades entre el 2015 y el 2016, e incluso volverían a escalar a 18 millones en el 2017.

La otra consiste en que, de acuerdo con la prospección de IHS, aumentarán las tasas de crecimiento de las importaciones automotrices estadounidenses, al pasar de 4.9 a 5.2% del 2015 al 2016, y a 5.3% al año siguiente.

Vildozo dijo que la nueva capacidad productiva de México le permitirá escalar de la séptima posición entre los mayores productores de automóviles a la sexta, en el 2020; sin embargo, en este periodo estará ligeramente por debajo de armar 5 millones de unidades, como lo estima la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) y el gobierno mexicano.

La explicación es que algunas de las nuevas plantas automotrices han tenido retrasos en la infraestructura planeada para la producción y la logística y, en el caso de Kia, menores subsidios con respecto a los ofrecidos originalmente.

Vildozo concluyó que México no debe confiarse por su mayor capacidad productiva, porque se prevé un declive de las ventas mundiales de autos y porque todas las plantas del mundo trabajan por debajo de su capacidad, además de que prevalece la incertidumbre sobre la economía global.

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