Buenos Aires. Agricultores y exportadores de Argentina, uno de los mayores proveedores mundiales de alimentos, mostraron dudas este martes sobre el rumbo que podría tomar en el próximo período de gobierno la política de fuerte intervención estatal de Cristina Fernández.

La presidenta obtuvo el domingo un rotundo apoyo en las urnas al lograr el 54% de los votos, casi 40 puntos porcentuales más que quien obtuvo el segundo puesto, lo que le permitirá gobernar hasta el 2015 con un fuerte respaldo popular y el control del Congreso.

Si bien la mandataria dio en los últimos meses varias señales de distensión hacia el sector agropecuario, con el que tuvo severas disputas a lo largo de su gestión, representantes de productores rurales y de agroexportadores temen que nuevas regulaciones puedan afectar las inversiones en el sector.

"Se abre una gran oportunidad para este gobierno, pero también una gran responsabilidad", dijo a Reuters Omar Príncipe, secretario gremial de la Federación Agraria Argentina, que representa a pequeños y medianos productores agrícolas.

"Vamos a esperar a ver cuál es la reacción del gobierno después de las elecciones. El temor es que haya un poder hegemónico que no privilegie el consenso, el diálogo", añadió el dirigente de una entidad rural que en muchos aspectos representa intereses contrarios a los de las mayores firmas agroexportadoras.

Mientras que la Federación Agraria y la red cooperativa Coninagro -dos de las cuatro grandes asociaciones rurales del país- piden beneficios para pequeños productores y la intervención del Estado en un mercado de granos muchas veces controlado por los grandes exportadores, éstos pretenden una menor participación estatal.

"El apoyo (a Fernández) fue contundente, pero ahora tienen todo el poder y ninguna excusa para hacer las cosas, como limitar la actuación de las multinacionales", dijo Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria.

Por el contrario, la preocupación de los exportadores, cuyas plantas se concentran en el mayor polo agroindustrial del mundo -en el puerto de Rosario-, es que el gobierno avance en la regulación del comercio de granos, como podría hacer dándoles mayor participación en la exportación a cooperativas.

En Rosario operan algunas de las comercializadoras de alimentos más importantes del mundo, como Bunge, Cargill , Louis Dreyfus y Noble.

Apoyo a cooperativas. Fernández -que el 10 de diciembre iniciará su segundo mandato- y los funcionarios del Ministerio de Agricultura han tenido en las últimas semanas encendidos discursos a favor de las entidades cooperativas, una postura que probablemente no fue recibida con agrado por las firmas exportadoras.

"Ella (Fernández) es ahora explícitamente pro agroindustria. Pero hay que ver cómo se hace para que el sector siga creciendo. Vamos a ver qué hace el gobierno en los próximos meses. Sería bueno que se apunte a un mercado más transparente", afirmó una fuente del sector agroexportador que prefirió no ser identificada.

Una de las principales quejas de productores y exportadores es el sistema de cupos de exportación que rige para el trigo y el maíz, que muchas veces obliga a los chacareros a vender los granos a un precio inferior al del mercado e impide a las grandes empresas planificar sus ventas al exterior.

Una de las claves para leer el futuro de la política oficial estará en la designación del reemplazante del actual ministro de Agricultura, Julián Domínguez, quien dejará ese cargo para asumir como diputado nacional.

Domínguez fue la carta que usó Fernández para mejorar el diálogo con los productores tras la feroz batalla que tuvo con el sector en el 2008, que sumergió a su gobierno en una crisis. Pese a la importancia del puesto, aún no hay indicios sobre el sucesor.

"Hay que ser pragmáticos. En el fondo soy optimista porque creo que el gobierno es pragmático también, y el negocio creció en estos años", dijo la fuente de la industria.

Argentina es el mayor exportador mundial de aceite y harina de soja, el segundo de maíz y uno de los más importantes de trigo.