Sorriso, Brasil. Hablar sobre conservación o de salvar raras especies a menudo no es bien visto en Mato Grosso. El estado es el principal productor de soja de Brasil, con una cosecha anual de unas 18 millones de toneladas. Las autopistas están bordeadas por campos verde esmeralda, que se extienden en un horizonte dividido ordenadamente, como si hubiera sido dibujado con una regla.

Los cultivos ayudaron a avivar el boom económico de Brasil de los últimos años, pero tienen su precio: el despeje de más de 130.000 kilómetros de selva amazónica en el estado desde 1988 hasta el 2008, ante la condena de grupos ecologistas.

Años de acritud se han acumulado. Cuando un visitante menciona a los ambientalistas, las caras de los granjeros de Mato Grosso a menudo se ensombrecen con hostilidad.

Y puesto que los emotivos pedidos de "salvar el mundo" no funcionan, los ambientalistas recurren a argumentos económicos, poniendo énfasis en que conservar la mayor selva del mundo podría generar mayores ganancias para los agricultores.

"Debemos definir qué pueden ganar los agricultores. El sector privado es un accionista muy importante como para no contar con su participación", dijo John Buchanan, director de mercados agrícolas del grupo Conservación Internacional.

Su grupo trabaja con agricultores brasileños desde el 2001, ayudándolos a respetar las confusas leyes ambientales, negociar con la burocracia del gobierno e identificar la tierra importante, como las parcelas que albergan especies raras.

"Empezamos con algo muy pequeño, muy simple", dijo Buchanan, agregando que unas 132.000 hectáreas de reservas en varios estados han sido o están siendo legalizadas.

"Algunos en la comunidad ambiental tienen expectativas irrealistas de lo que los agricultores pueden hacer. Sabemos que debemos preservar los lugares importantes. También necesitamos producir el alimento, la fibra y el combustible que necesitamos para el desarrollo del mundo", manifestó.

La selva amazónica en Brasil ha perdido casi el 20% de su superficie desde la década de 1970, en gran parte debido a ganaderos y agricultores que buscan nuevas tierras para sus animales y cultivos.

Pero un mejor control ayudó a reducir la destrucción a unos 7.000 kilómetros cuadrados a nivel nacional en el 2009, el nivel más bajo en más de dos décadas y menos de un cuarto del registrado como récord en 1995, según datos satelitales del Instituto Nacional de Estudios del Espacio.

Ambientalistas buscan recortar las cifras aún más, enfatizando las pérdidas a largo plazo por la deforestación.

"Vemos la economía convencional como un instrumento. La ciencia ya no puede vivir en su propio mundo", asegura Maria Amelia Enriquez, presidenta de la Sociedad Brasileña de Economía Ecológica.

Nuevos tiempos. Tal vez nadie personifica este cambio como el "rey de la soja" Blairo Maggi. La familia de Maggi es una de las mayores productoras de soja del mundo y después de un exitoso mandato en el Gobierno de Mato Grosso en el 2002, la deforestación se aceleró cuando su influencia sobre la política ambiental se acrecentó

En el 2003, Maggi le dijo al New York Times que no sentía "la más mínima culpa" por la deforestación. Dos años más tarde, Greenpeace le dio su premio "La Sierra Dorada" para protestar por su rol en la destrucción de la selva.

Pero Maggi recientemente adoptó un tono mucho más moderado, pidiendo un equilibrio entre agricultura y medio ambiente. "Estamos de acuerdo en que los agricultores deben preservar la selva, pero también necesitan incentivos financieros", dijo a Forbes el año pasado.

El empresario respalda los mecanismos de financiamiento de carbono conocidos como REDD (Reducción de Emisiones de la Deforestación y la Degradación), bajo el cual los países ricos pueden compensar sus emisiones pagando para evitar la deforestación en naciones como Brasil.

Esos tipos de programas pueden dejar más en claro los beneficios financieros de la conservación.La presión de los consumidores por productos más "ecológicos" también se ha hecho sentir. Recientes campañas de Greenpeace sobre los efectos destructivos de la soja y el ganado han forzado a los agricultores a ser más conscientes, ante el riesgo de perder clientes.

Los ambientalistas dicen que un uso más eficiente de la tierra en muchos casos ayudó a los agricultores a tener una mayor ganancia y limitó algunas prácticas poco ecológicas.

"Si puedes ofrecer buenos argumentos económicos, es difícil no progresar", indicó Marcos Amend, director ejecutivo de Conservacao Estrategica, filial brasileña de Conservation Strategy Fund.

El grupo de Amend dirige una clase de nueve días en la que enseña a los conservacionistas a formular sus argumentos en términos financieros. Unas 350 personas han pasado por la versión brasileña del curso, que incluye microeconomía y valoración de los recursos naturales.

"La conservación básicamente se trata de poner orden en las actividades económicas. Pero si no entiendes la economía detrás de todo, resulta algo muy difícil", explicó Amend. Puede que los agricultores sean convencidos, pero los argumentos deben ser bien concretos con resultados probados.

En Sorriso, por ejemplo, los agricultores han adoptado una técnica llamada arado cero, en la que dejan la materia orgánica como las hojas, los tallos y las raíces de las cosechas anteriores en el suelo, para darle un fertilizante natural y una barrera contra la erosión en el próximo cultivo.

Los campos dentro y alrededor del pueblo están cubiertos de viejos talles y hojas de cultivos, como el maíz, sembrado entre las estaciones de la soja, la planta más ubicua de la ciudad.

El arado cero puede incrementar las ganancias por medio del ahorro de mano de obra y energía, conservar el suelo, incrementar la tolerancia a la sequía y reducir las emisiones de gas invernadero, según el Banco Mundial.

"Para nosotros, los agricultores, como para el medio ambiente, el arado cero ha sido lo mejor", dijo el productor de Sorriso Argino Bedin. Los agricultores brasileños dicen que alimentan a la nación y fomentan la economía. Brasil es el mayor exportador de carne vacuna, aves de corral, café, azúcar y jugo de naranja.

En última instancia, las cifras indican el resultado final, dijo Egidio Raul Vuaden, un agricultor en la cercana Lucas do Rio Verde. "Si hay demanda en el mercado, el hombre irá en busca del dinero", dijo.