Buenos Aires. Las asociaciones agrarias de Argentina amenazaron el miércoles con realizar una nueva huelga como la que esta semana mantiene paralizado el comercio local de granos si el gobierno no modifica su política de intervención en los mercados.

Los productores, que pretenden que el gobierno libere las exportaciones de trigo -restringidas para garantizar el abastecimiento local-, arrastran una larga disputa con la presidenta Cristina Fernández que ha afectado a los mercados globales debido a que Argentina es un proveedor mundial clave de alimentos.

Los dirigentes agrarios desarrollaron este miércoles un acto en la ciudad sureña de Bahía Blanca para presionar a un gobierno que, en el tercer día de una huelga comercial que durará una semana, aún no dio respuesta a los reclamos del sector.

El presidente de una de las cuatro entidades en huelga propuso realizar un seguimiento del precio que los productores reciben por el trigo en los próximos días.

"Si en diez días no se normaliza el mercado, señores, otra vez haremos un cese de comercialización. Tenemos que continuar, tenemos que avanzar", afirmó Mario Llambías, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas, durante el acto.

Otros dirigentes del sector dijeron recientemente que muchos productores están pidiendo profundizar las protestas y no descartaron un nuevo paro comercial.

La medida de fuerza vigente, que dejó inactivas a las plazas locales de granos, tiene una amplia repercusión política porque se produce nueve meses antes de los comicios presidenciales en los que la presidenta Fernández podría buscar su reelección.

"Hubo un alto acatamiento del paro. Llama la atención que el gobierno no recoja el guante", señaló más temprano una fuente de las entidades rurales.

Nuevas protestas. En caso de no obtener una solución a sus demandas, los dirigentes agrarios tomarían el fin de semana una decisión sobre el modo en que continuará la protesta.

Entre muchas opciones, los dirigentes podrían continuar la huelga comercial, realizar manifestaciones masivas, pagar impuestos con granos o convocar actos frente a las compañías exportadoras, a las que acusan de pagar un precio inferior al del mercado.

El gobierno mantiene desde hace años restricciones sobre las exportaciones de trigo, maíz y carne vacuna, con el argumento de limitar la inflación doméstica en un país en el que cerca de un cuarto de la población vive en la pobreza.

"Los productores saben que tuvieron un 2010 espectacular y , en buena medida, ese buen año fue producto de una política bien encarada por el ministro (de Agricultura Julián) Domínguez", dijo el poderoso ministro de Planificación, Julio De Vido, en declaraciones publicadas el miércoles por el diario Tiempo Argentino.

Pero los chacareros argumentan que el sistema de cupos a las ventas externas no evita las alzas de precios en los alimentos sino que sólo favorece a los molinos y firmas exportadoras, que compran los granos a bajo precio.

En el 2008, una disputa por el intento oficial de subir el impuesto a la exportación de soja -el principal cultivo del país- paralizó por semanas las ventas externas de granos, perjudicó la marcha de la economía y sumió al gobierno en una crisis política.

Argentina es el mayor exportador mundial de harina y aceite de soja, el tercero de la oleaginosa, el segundo de maíz y uno de los principales de trigo.