-¿Cómo ve usted el panorama de la industria pesquera en América Latina?

-Perú representa casi el 12% de la captura mundial y Chile 5%, o sea que entre estos dos países se juega parte importante del futuro. Bien manejadas, las pesquerías chilenas y peruanas podrían llegar a alimentar a millones de personas a mediados de este siglo.  Las malas noticias son el colapso de las pesquerías, la caída de las capturas y de la biomasa. La buena noticia es que Chile ha adoptado leyes importantes, que colocan al país a la vanguardia mundial en estos temas.

-¿Qué hay del famoso cinturón de plástico del Pacífico? ¿Existe, es una amenaza real para los recursos del mar?

-Hay mucho plástico flotando desde los países de la cuenca del Pacífico. Este plástico se degrada en pequeñas partículas  que son peligrosas para los peces y los organismos filtradores. Es un problema, pero no el responsable del colapso de las pesquerías, que es resultado de la sobreexplotación.  Es un problema acuciante y para el que no existe otra solución que no arrojar plásticos al mar, o bien, encontrar un sustituto biodegradable y costo-efectivo para el plástico.

-¿Es posible tener una piscicultura sustentable?

-Buena pregunta. El producto más común es el salmón, que se alimenta de otros peces a razón de cinco libras de alimento por cada libra de carne obtenida. Los productores de salmón tienen un interés económico en reducir este ratio, han trabajado por introducir algún porcentaje de grano en el alimento, pero desafortunadamente esto perjudica el sabor. Hasta el momento es un problema que no se ha podido resolver. Por eso, comer salmón no es algo bueno para el océano.

-En este contexto, ¿qué rol jugará el mar en el futuro?

-Acabo de publicar un libro titulado La proteína perfecta, cuyo punto central es que tenemos que tomar una decisión. Vamos hacia un planeta de 9.000 millones de habitantes en 2050, donde más personas pertenecerán a la clase media, y las personas que se incorporan a la clase media comen más proteína. ¿Y con qué las alimentaremos? La carne de res es una de las formas más onerosas de alimento que conocemos: consume enormes cantidades de grano y de agua y emite metano, un gas de invernadero. Por eso decimos que cuando comemos un pescado no cultivado no estamos agregando presión sobre los recursos. Si permitimos que los océanos colapsen a mediados de este siglo podríamos alimentar a 450 millones de personas, pero si los gestionamos bien, podríamos alimentar hasta 1.200 millones.