Las últimas lluvias sobre la pampa húmeda de Argentina y los precios de los granos en Chicago han pintado sonrisas en las caras de agricultores y funcionarios: la cosecha de soja 2012 viene bien. ¿Y “la cosecha de autos”? Contra el prejuicio convencional, la economía del Río de la Plata no depende en exclusiva del famoso “yuyo”. Muestra de ello, aunque sólo el 7,5% de la ocupación del sector manufacturero proviene de su industria productora de vehículos, cada uno de esos puestos de trabajo posee como correlato la generación de otros cinco en el resto de la economía. 

Es por esto que, un informe de la consultora EcoLatina, conocido hoy, pone una marca de preocupación. La desaceleración del crecimiento mundial y muy en especial de Brasil, ha derivado en que, durante el bimestre septiembre–octubre, la industria automotriz argentina mostrase una expansión “sustancialmente inferior a la acumulada hasta agosto: pasó de crecer 25,3% en los primeros ocho meses a tan sólo 7,3%”, afirma el trabajo.

Es cierto que lo anterior se presenta en un marco de boom en el cual, “en línea con la dinámica de 2010, la industria automotriz exhibió un extraordinario desempeño en los primeros ocho meses del año: la producción alcanzó 550.000 unidades, 25,3% superior al año pasado, y se exportaron cerca de 344.000 unidades, lo que representa un aumento de 28,6% y un nuevo máximo histórico”.

La demanda brasileña, unida a la chilena y algunos otros mercados regionales, no son la explicación del todo el fenómeno, ya que también “las ventas de vehículos de producción nacional a concesionarios crecieron 23,5% interanual, mientras que la cantidad de patentamientos se elevó 32%”.

Frente a la posibilidad de que, si el motor externo decayese de manera importante en 2012, sea la demanda externa la que tome el relevo, el informe indica que “el problema es que la tensión cambiaria está comenzando a afectar la actividad y el crédito interno”, por lo tanto, “si el Ejecutivo no revierte la fuerte suba de tasas ni descomprime la demanda de dólares, el consumo perderá dinamismo el año próximo ya que es poco probable que el salario real vuelva a crecer como en 2011”. La conclusión es clara:  “Por todo esto, esperamos una desaceleración del sector automotriz respecto de los últimos dos años”.

Aunque el trabajo no lo menciona, tanto un “efecto arrastre” del segundo semestre de 2011, como el sector –pequeño, pero no despreciable– de demanda de vehículos para la producción agrícola moderarían, al menos en el primer trimestre la caída anunciada.