El hombre más rico de Sudamérica no puede estar equivocado: Eike Batista, dueño de US$ 30.000 millones, compró el legendario pero alicaído hotel Gloria de Rio de Janeiro en US$ 50 millones y pidió un préstamo de US$ 91 millones para refaccionarlo.

La apuesta de Batista, nacido en São Paulo hace 55 años pero carioca por adopción, no es descabellada. Brasil será el motor de la industria del turismo en Latinoamérica, duplicando el número de extranjeros que recibe y enviando turistas a los demás países de la región.

Según un estudio del Foro de Operadores de Hoteles Brasileños, el precio promedio para una habitación de hotel en Brasil creció un 22% en 2011 a 317 reales la noche, mientras que el índice de precios al consumidor sólo creció un 6%.

Los hoteles de Rio, en particular, viven su mejor momento en décadas con meses en los que el nivel de ocupación llega al 79%, una estadística que de mantenerse promete renovar la geografía de la ciudad. De hecho, la reinauguración del Gloria marcará el regreso de los ricos y acaudalados al centro de la ciudad maravillosa, luego que la abandonaran durante décadas por las playas del sur como Ipanema y Leblon.

Y tal como los brasileños, las inversiones hoteleras quieren acompañar el boom del turismo en toda América Latina: 60 millones de pasajeros internacionales recibidos durante 2011 contra apenas 13 millones 25 años atrás.

Con vista a la bahía de Guanabara y el Pan de Azúcar, el hotel Gloria, inaugurado en 1922, recibió a decenas de artistas y jefes de Estado. La historia asegura que Albert Einstein completó allí su teoría de los fotones en una suite del cuarto piso en 1925.

Renombrado por Batista como Gloria Palace (pronúncielo pálaci), el nuevo chiche, que hoy está tapado por una tela mientras los obreros trabajan, tendrá 231 cuartos, dos restaurantes de autor y un centro de conferencias.

Batista planea reinaugurar el Gloria Palace en diciembre de 2013, meses antes del Mundial de Fútbol que pondrá a Brasil en la vidriera del planeta hasta por lo menos 2016, cuando en esa misma ciudad se celebren los juegos olímpicos.

Rio necesita expandir su capacidad hotelera declarada en 2009 en un 20%, según cálculos de Embratur, el ente federal de turismo. Sólo durante el mes del Mundial Brasil espera recibir 600.000 turistas en las 12 ciudades donde se disputará el torneo. Con esa cifra, Brasil espera alcanzar durante ese año 7,2 millones de visitantes extranjeros.

El gobierno brasileño quiere recibir 10 millones de turistas en 2020, y según el presidente del ente de turismo, Flavio Dino, esta meta será alcanzada en 2016.

El BNDES creó el programa Procopa con 1.000 millones de reales para financiar de forma directa proyectos con tasa de hasta 18 años y menores al 10% anual de más de US$ 50 millones, pero que además financia una infinidad de pequeños hoteles a través de agentes a los que financia de forma indirecta.

“El gran fenómeno, además del turismo corporativo, es la clase C, que está viajando mucho más, y que está llenando los hoteles de 2 y 3 estrellas de ciudades medianas y pequeñas del interior”, dice la economista del BNDES Fernanda Garavini. Ella aclara que el préstamo a Eike es apenas la punta del iceberg. “Había que hacer algo rápidamente porque el incremento de la renta en la clase C y el turismo corporativo ya habían convertido a la situación hotelera en crítica con ciudades donde faltan desesperadamente camas”, dice Alves.

Ya hay cuatro préstamos aprobados que totalizan 300 millones de reales, y hay más de 20 en cartera que totalizan unos 700 millones de reales, dice Alves.

“No todo es lujo, como en el caso del Gloria”, insiste Garavini. La mayor parte de la inversión está siendo direccionada a hoteles de 2 a 3 estrellas en el sudeste y el nordeste del país, donde no hay cadenas hoteleras. “En esa franja, además, hay un subgrupo que es el de los que ofrecen turismo de aventura, que es un éxito”, dice Alves.

Garavini cree que esa franja le dará pronto a Brasil la posibilidad de alcanzar a México, que es lejos la estrella de la región. México, donde el turismo representa el 9% de su Producto Bruto Interno (PBI), generando 7,5 millones de empleos, superó los 22 millones de turistas el año pasado gracias a que tiene 3,7 camas por cada mil habitantes. Brasil tiene apenas 2 cada mil, poco más de la mitad. La industria del ocio es una industria llena de glamour. Pero se sustenta desde cuartos pequeños.

Ser distinto. Pero el nicho de la exclusividad también es un excelente negocio. La estadounidense Benchmark Hospitality quiere romper en América Latina con el concepto de grandes hoteles y centros de convenciones ligados a una marca. Al más puro estilo de los establecimientos boutique, la compañía se ha especializado en hoteles sin bandera. Su negocio es buscar inversionistas para desarrollar un proyecto y luego administrarlo a cambio de una comisión, según ellos, menor de la que cobran los hoteles tradicionales, ya que ellos no entregan una marca fuerte. Sin embargo, proyectan eso como una ventaja. “Los hoteles tradicionales son más rígidos y están llenos de normas para sus prestaciones”, dice Juan Carlos Contalba, director de desarrollo internacional en la compañía. “Un modelo sin bandera permite a los hoteles diferenciarse”.

Con 30 años en EE.UU. y ese modelo, la empresa quiere desembarcar este año en América Latina con un plan de inversiones que puede superar los US$ 800 millones en un par de años.

Su objetivo principal es Chile, donde por ahora está en plan de ejecutar dos proyectos por US$ 280 millones, aportados por dos inversionistas locales y fondos de inversión internacionales. Uno estará en Las Condes y otro en Providencia. El primero tendrá un hotel de 180 habitaciones, centro de conferencias, dos restaurantes y Health Club. Y el último sería el más grande, con alrededor de 300 habitaciones y un centro de convenciones, tres restaurantes, oficinas y retail. “Queremos que ese centro sea el mejor que hay en Santiago”, dice Contalba. “En Chile hay mucho interés en el circuito de convenciones, pero generalmente se pierden los eventos por falta de espacios”.

Benchmark también está desarrollando hoteles y resorts en México, Panamá, Colombia y Costa Rica, con inversiones totales superiores a los US$ 500 millones. El proyecto más avanzado está en Barranquilla, con dos hoteles, viviendas (casas y departamentos) y un centro de convenciones. Con una inversión cercana a los US$ 350 millones, la primera etapa del proyecto ya está construyéndose, y se espera que se concluya a mediados de este año.