Buenos Aires. Los trabajadores del área portuaria de Rosario, una de las mayores terminales de granos del mundo, dijeron este miércoles que acatarán la orden del gobierno argentino de levantar la huelga que desde hace una semana mantiene paralizados los embarques.

"Seguramente que sí (acataremos la orden), porque nosotros no vamos a escapar al marco legal", señaló Edgardo Quiroga, secretario gremial de la Confederación General del Trabajo (CGT) de San Lorenzo, en los suburbios de Rosario.

El gobierno ordenó en la noche de este martes la "conciliación obligatoria", que obliga a los trabajadores a suspender la medida de fuerza para negociar con las empresas agroexportadoras.

Cumplimiento. Aunque el gobierno dijo que la medida debe cumplirse desde el mediodía de este miércoles, el representante sindical explicó que la CGT de San Lorenzo todavía no recibió la comunicación oficial del gobierno y que aún resta la consulta con los obreros en protesta, por lo que el acatamiento se efectivizaría por la noche de este mismo miércoles o en la mañana del jueves 3 de febrero.

Los huelguistas representan sólo cerca del 13% del total de los empleados de las empresas, pero mantienen bloqueados los ingresos a las plantas de las localidades de San Lorenzo, San Martín y Timbúes, donde las firmas poseen las fábricas procesadoras y los puertos de exportación.

Empresas perjudicadas. Entre las compañías perjudicadas se hallan Bunge, Cargill , Louis Dreyfus, Molinos, Noble, Vicentín y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

Argentina es el mayor exportador mundial de aceite y harina de soja, el segundo de maíz y uno de los principales de trigo, y las ventas del complejo sojero le reportarán este año cerca de US$20.000 millones, según analistas privados.

La fila de barcos en el río Paraná -en la costa de Rosario- a la espera de cargar mercadería podía verse el miércoles kilómetros al sur del área portuaria.

La incertidumbre sobre los embarques hizo subir el martes los precios de la soja y el maíz en la plaza de futuros de Chicago, una referencia internacional para el comercio de granos.

La medida de fuerza, de todos modos, tiene lugar en un momento en que los embarques desde Argentina son escasos, porque la temporada fuerte de exportaciones se inicia a fines de febrero, cuando comienza la cosecha de soja y maíz.

Reclamo salarial. Los piquetes de entre 10 y 20 personas, que montaron carpas para descansar al lado de los caminos, mantenían el miércoles bloqueados con neumáticos incendiados los accesos a las plantas.

Los huelguistas piden que su salario mínimo sea llevado a 5.000 pesos (cerca de US$1.250), la misma suma que los obreros aceiteros lograron tras la negociación que mantuvieron con las firmas agroexportadoras en diciembre.

Las empresas consideraron que el conflicto tiene como origen una puja entre la CGT y el sindicato aceitero, y que las negociaciones salariales deben realizarse con los gremios según rama laboral, no a través de una central como la CGT, por lo que se muestran reacias a ceder ante el reclamo.

La conciliación obligatoria dictada por el gobierno forzará ahora a los trabajadores a suspender por 15 días la huelga y a las empresas a negociar un aumento salarial.

Entre los huelguistas, que en muchos casos dan muestra de cansancio ante la extensión de la protesta, se encuentran los gremios de estibadores, camioneros, seguridad y limpieza.

"Estamos esperando que se llegue a un acuerdo y se mejoren los sueldos. Queremos trabajar. Es horrible el frío (por la noche), el calor y las moscas", dijo Jonathan Isnaldo, un estibador de 29 años que bloqueaba el acceso a Bunge.