La ciudad de Amberes, en Bélgica, tiene un nuevo carril pintado en sus calles. No es para bicis ni es una pista de correr o está orientada a la práctica de ningún deporte. Se trata de un espacio reservado a los transeúntes que escriben por el móvil mientras andan por la calle. Se acabó el esquivar obstáculos en el último momento, arriesgar tobillos y rodillas con giros repentinos o los encontronazos, en este caso sí, inevitables.

Dos líneas blancas pintadas rectamente sobre los adoquines de una calle histórica de Amberes miran hacia el infinito, o hasta la próxima esquina. En todo caso miran mucho más allá que los miles de personas que caminan, por la ciudad belga y por tantas otras, pegados a la pantalla de su smartphone. Escribimos mensajes de WhatsApp, comprobamos la cuenta de Facebook, incluso echamos un ojo a Twitter y contestamos algún que otro tuit. Y todo lo hacemos en movimiento, sin dejar de caminar en ningún momento.

El estrés y el frenetismo del día a día es algo de lo que ya se viene hablando desde hace un tiempo. Hay quien dice que se ha acentuado en los últimos años y que la tecnología ha contribuido a que estemos constantemente conectados y, por lo tanto, pendientes de cosas de las que antes no teníamos oportunidad de estar pendientes. En todo caso lo que los smartphones en concreto han sumado a las prisas diarias ha sido servicios de mensajería  y redes sociales que se actualizan al instante.

Puede que antes fuéramos con la misma prisa, lo que ocurre es que ahora además tenemos la vista puesta en una pantallita de poco más de cuatro pulgadas, la cabeza gacha y la atención atrapada entre aplicaciones.

Mlab es una tienda de Amberes donde reparan smartphones. Es normal que ellos sepan cómo utiliza la gente estos terminales, incluso detectaron que muchos de los dispositivos que les llegaban al local se habían roto en un encontronazo mientras sus usuarios andaban por la calle. A raíz de esto tuvieron la idea de crear un carril dedicado a escribir por el móvil mientras andas.

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Como muchas ciudades belgas, en Amberes mucha gente va en bicicleta. Hay carriles marcados en las calzadas y tanto ciclistas como peatones están acostumbrados a convivir unos con otros. Pero el que han pintado recientemente es el primero de su clase. Y la iniciativa se ha llevado a cabo con la intención precisamente de evitar los choques entre la gente.

El carril es temporal, pero nada impide que este tipo de proyectos tomen impulso si alguien empieza a verles la utilidad. Las dos líneas blancas acotan una coletilla que se repite a intervalos: “text walking lane”.