La Paz. Hace menos de un mes, el azúcar boliviana salía sin control por el Desaguadero hacia el Perú. Ahora, el fenómeno se revirtió y los mismos “tricitaxis” que antes cargaban el producto al país vecino transportan quintales del endulzante hacia Bolivia, incluso de marcas nacionales.

En la población fronteriza de desaguadero el azúcar peruana ingresa libremente a territorio boliviano. “Hay azúcar rubia (morena) y blanca (refinada)”, ofrece una comerciante peruana desde la tarima de su camión en el que se exponen centenares de quintales. La bolsa de azúcar rubia de 50 kilos es comercializada a 146 soles peruanos (US$52) y la blanca a 163 soles (US$58).

El azúcar boliviana, de las marcas San Aurelio y Bermejo, también es ofertada a los compradores bolivianos a 168 soles (US$60) el quintal de 50 kilos, según reportó la red PAT.

En Bolivia, la bolsa de azúcar de 50 kilos es comercializada por los ingenios en Bs 400 (US$55), mientras que Emapa e Insumos Bolivia la ofertan en Bs 375 (US$52). El fenómeno se revirtió desde la nivelación de los precios del azúcar boliviana a nivel internacional.

El pasado 31 de enero, en un intento por frenar el agio y la especulación generados en el mercado, la estatal Emapa decidió subir nuevamente el precio del azúcar de Bs 5,30 (US$0,7) a Bs 7,50 (US$1) el kilo (41,5%). Los ingenios, por su parte, aumentaron el precio del producto de Bs 5,30 (US$0,7) a Bs 8 (US$1,1) (51%).

Con esta medida, el gobierno niveló el precio del azúcar importada a los que rigen en los países vecinos. En Perú, por ejemplo, el kilo se comercializa entre Bs 7,90 (US$1,1) y Bs 8,70 (US$1,2).

“Recién están trayendo azúcar; como el precio ahora está más alto en Bolivia, conviene traer”, explica un joven que transportaba unos 15 quintales de azúcar en su carrito de dos ruedas. Los quintales de azúcar “vienen desde Lima o Arequipa”, indica una comerciante que al percatarse de que se le tomaba una foto para La Razón, comenzó a gritar y pedir a sus colegas ayuda para ahuyentar al equipo de periodistas. Las bolsas son bajadas directamente de los camiones a los “tricitaxis”, aunque también hay almacenes que guardan el producto.

Los cargadores pasan por el puente internacional que une a las dos poblaciones fronterizas de Perú y Bolivia, que en ambos casos se denominan Desaguadero. Otros optan por trasladar el producto por el pequeño río que separa a las dos localidades.

En el lado boliviano el producto es almacenado en tiendas que hay en la zona, aunque algunos van directamente a camiones que llevan el azúcar a La Paz, Cochabamba y otros mercados citadinos.

Evo acusa a empresarios. El presidente Evo Morales dijo ayer que algunos empresarios se dieron a la tarea de exportar azúcar y aceite a menores precios que los que comercializan en el mercado interno, con grave efecto en la economía nacional. “Hacen política con la venta de alimentos para afectar los programas gubernamentales (...). Ya es una acción política, ellos hacen política con la venta de alimentos”, reafirmó.

GLP, arroz y harina son llevados hacia Perú. Arroz, harina y Gas Licuado de Petróleo (GLP) salen en grandes cantidades al Perú. Los “tricitaxis” trasladan los productos bolivianos, aunque el mayor flujo de contrabando se da por el estrecho del río Desaguadero.

Los cargadores sacan los productos de almacenes que se encuentran en los alrededores de Desaguadero-Bolivia y dejan la mercancía en las barcas que pasan el río. Al frente, otros cargadores recogen la carga y la llevan hasta camiones peruanos.

En Desaguadero peruano es muy común encontrar tiendas que venden garrafas de GLP boliviano, sólo que ahí cada una cuesta 34 soles (US$12), lo que equivale a Bs 85. Periodistas de la red PAT constataron que, además, se contrabandea diésel y gasolina.

En la localidad de Guaqui, los militares inspeccionan los vehículos que pasan para controlar si esconden combustibles. En el puesto militar, en plena carretera, hay bidones, botellas y bolsas de carburantes decomisados.

Los transportistas aseguran que el control se intensificó en las últimas semanas. Muchos choferes se molestan por la tardanza de la inspección o por el decomiso inmediato de su carburante, en caso de que su tanque esté cargado en exceso.