Santiago. La transformación a una economía mundial con bajas emisiones de carbono beneficiaría a Chile, ya que el cambio será un gran motor para el crecimiento económico internacional dentro de las próximas décadas tanto para los países desarrollados como en desarrollo, declaró el lunes Todd Stern, enviado especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para el cambio climático.

Los países en desarrollo, que actualmente generan alrededor del 55% de las emisiones mundiales de efecto invernadero, a menudo han argumentado que el crecimiento económico debe venir primero que las preocupaciones ambientales, al igual que ocurrió en los países desarrollados durante sus procesos de industrialización.

"La realidad es que ésta es una elección falsa. El desarrollo y el ambiente deben ir de la mano, no uno antes que el otro, si se trata de sobrevivir y prosperar", dijo Stern. 

En la cumbre de cambio climático de 2009 en Copenhagen, Chile acordó reducir sus emisiones de gas invernadero en un 20% para 2020. Por otra parte, el gobierno chileno busca que un 20% de su matriz energética provenga de fuentes renovables, como la energía solar, eólica, geotérmica o de pequeñas centrales hidroeléctricas, para 2020. 

"En relación a los países menos desarrollados alrededor del mundo, estos pueden considerar que están escasos de recursos en este momento, pero en un sistema energético internacional basado en la energía verde, muchos de esos países tendrán la capacidad de tener una riqueza de recursos mucho mayor a la que tenían en un mundo dominado por los combustibles fósiles", señaló Stern.